Muy bienvenido a España
Bienvenido seáis, Santidad, a España. Aunque muchos no lo entiendan, vendréis como enviado de Dios (Mt 10, 40) para anunciar el Evangelio y sus exigencias a un mundo desvalido, convulso y desorientado. Vendréis sin miedo a nadie. No os presentaréis como lo haría un político, con la intención de manipular y así ganar unos votos. Insistiréis en que el cristianismo es humanización. Recordaréis, por último, que, si seguimos en la vida la llamada de Jesús, todo puede cambiar y transformarse a mejor para todos. ¡Gracias por la visita!
Sin duda, os encontraréis con una España muy enfrentada y dividida. Ha sido una de las notas definidoras de nuestro paso más reciente por la historia. Casi siempre polarizados en lo social, en lo político y, lo que es más grave, en lo religioso. Subrayaréis que nadie se puede llamar cristiano si promueve la división y el odio. Hasta los medios de información religiosa, a veces, ejercen de ‘sembradores’ de discordia. Es muy claro, por debilidad en la fe, que los que se dicen católicos ya no causan admiración por cómo se aman, sino una cierta repulsa por cómo parecen odiarse. La situación es grave: hasta es complicado manteneruna conversación normalentre quienes militan en posiciones diferentes. Por todo ello, el Papa nos invitará a alzar la mirada y a vivir una fraternidad humanizadora. La que nos enseñó y practicó Jesús. Nos volverá a recordar que, tal como vivimos, no se “hace realmente posible construir una civilización del amor” ni tampoco fabricar un ‘antídoto’ eficazcontra las guerras, que decimos rechazar.
En la semblanza de Juan XXIII, que realizó Hans Küng (Siete papas, pág. 50), subrayó que “para él, el ‘magisterio’ no es lo más importante, sino el testimonio cristiano práctico”. Lo esencial es “la congruencia entre lo que se cree y lo que se vive” (Francisco) en la familia, en el trabajo, en la convivencia con los demás. Y, en esto, por cierto, se ha fallado, se ha marginado el Evangelio (José María Castillo). Sobran, pues, ciertos relatos, que se ha inventado el mundo clerical para justificarla situación real de la Iglesia. Ésta se ha quedado rezagada. Perdió a la clase obrera, a los intelectuales y ahora a las mujeres. Ya no genera cultura y su declive es manifiesto.
A los españoles, se nos ofrece, en estos momentos tan agitados que atravesamos, la gran oportunidad de escuchar a quien, sin duda, es el más prestigiado líder espiritual y moral del mundo. Seguro que, más allá de las creencias y adhesiones personales de cada cual, nos llamará a todos a la vida y al amor fraterno, a la justicia y a la tolerancia, a la generosidad y al servicio. Quienes se proclaman católicos, están llamados a realizar un esfuerzo más que notable. “El Evangelio nunca se impone desde la agresividad, ni desde la descalificación permanente, ni desde el resentimiento” (Sor Lucía Caram). ¿Cuándo lo aprendererán?
Todas las palabras de León XIV, en cualquier caso, serán pronunciadas con la intención de estimular, en cada uno de sus escuchantes, de buena voluntad, la colaboración activa, necesaria y obligada, para provocar un gran cambio de rumbo en este país y en la propia Iglesia. Refugiarse, o esconderse, en las responsabilidades ajenas, las de la clase política, aunque las tengan, sólo sirve para acreditar la propia complicidad. ¿Acaso te has preguntado qué haces por tu país, por el respeto a la ley, por la convivencia en el mismo? ¡Ten el coraje de responder sin engañarte a ti mismo!
Hablemos claro. La Iglesia en España está muyavejentada. Todo en ella gira en torno a grandes planes pastorales, cuya eficacia es más que dudosa. Pero, nada sustantivo se ha modificado. Se sigue anclado en los esquemas pasados. Se mueve por un clericalismo abrazado a una ‘mundanidad espiritual’ narcisista,que, por cierto, fue muy fustigada por Francisco. Una de las razones explicativas del gran escándalo de los abusos del clero frente a los menores se residencia, precisamente, en la mundanidad espiritual, causa remota de la gran caída en picado de la credibilidad de la iglesia y del abandonismo de la misma.
Habría que volver a los inicios y responder, a la inquietud del corazón, no con palabrassino con la vida. Como no han sido capaces de entenderlo hasta ahora, me temo que quedará estancada y con el riesgo de acercarse cada vez más al precipicio de la nada.El cristiano no ha de ‘acomodarse’, ni instalarse en ‘certezas fáciles ni enseguridades ideológicas’ (Antonio Spadaro). El Papa intentará estimular, a quienes dicen seguir a Jesús, a responder con una vida coherente, plenamente humanizadora.
Gregorio Delgado del Río