La enseñanza no se toca
Además de ciertas costumbres y silencios, hay que tener en cuenta el virus nacionalista. El nivel de la enseñanza pública es decepcionante. Sobre todo, en capacidad lectora. ¿Por qué nos dejamos anestesiar (silenciar) por tanta demagogia como se exhibe habitualmente? Pregúntense quienes están felices con el sistema educativo vigente, por qué lo están y a quiénes sirven. La respuesta nos hará entender dónde reside el problema y cuál es la solución.
s en que se encuentra la enseñanza pública en Baleares, todo se vuelve particularmente complicado en un país tan irresponsablemente polarizado, como el nuestro.Además,habría que recordar que también aquí, en el Mediterráneo, es ‘costumbre tolerar algunas cosas y silenciar otras’. Diría que demasiadas. Estamos, digámoslo alto y claro, ante caracteres definitorios de la manera publicitada de ser ‘mallorquín’. Y, por si lo anterior no fuera suficiente, nunca se ha de olvidar que el virus nacionalista condiciona cuanto se mueve por estas tierras.
Pues bien, la realidad, fieles al método enunciado, se impone, sin tapujos, disimulos, ni reservas. Puede que se haga muy cuesta arriba. Pero así, aunque haya quien se moleste, evitaremos, lo que no es poco, engañarnos a nosotros mismos y, a la vez, propiciaremos la ruptura del manto de silencio que envuelve la mayoría de los posicionamientos públicos sobre el estado real de la enseñanza en Baleares. Javier Mato nos ha dicho que Toni Vera, consejero de educación en el Gobierno Prohens, ”ha admitido públicamente que el nivel de la enseñanza pública de nuestra comunidad autónoma es decepcionante” (Ingobernable, ‘Ultima Hora’, 11.07.2026, pág. 27). Ya se sabía (cf. Delgado del Río, Una situación de analfabetismo real, ‘El Mundo’, 12.12.2001),aunque no está mal recordarlo de vez en cuando.
Es de agradecer el coraje del responsable público al llamar a las cosas por su nombre (desechar el silencio cómplice). La realidad es de fracaso continuado desde ya hace tiempo (cf. Delgado del Río, El gran fracaso educativo, RD). En esta línea de realismo, se ha subrayado, recientemente, que “las cosas llegan al extremo de que se puede afirmar tajantemente que el ochenta por ciento de los chicos entran en la universidad sin capacidad para comprender un texto escrito y mucho menos redactarlo. Son capaces de aparentar que escriben, pero no hilan una idea con un poco de rigor. Si la escritura es el único método conocido para organizar el pensamiento, deduzcan cómo están las cosas” (Javier Mato, art. cit.). ¡Qué futuro se atisba, madre mía!
Los datos son alarmantes, pero, insisto, reales e indubitados. Ocurre que no se quieren saber. Se mira para otro lado. Se hace demagogia barata. Muchos padres se conforman con estúpidas evaluaciones globales, que, sin duda, esconden la creciente ignorancia de sus hijos. Los resultados no se corresponden, ni siquiera se acercan, con el esfuerzo social y económico realizados. ¿Por qué se ha de tolerar tal dejación de funciones respecto a cuestión tan transcendental? ¿Por qué se ha silenciar que los resultados obtenidos no garantizan, en general, la formación, individual y colectiva, que es esperable de las instituciones educativas para elevar a otro nivel al conjunto de la sociedad? ¿Por qué se aceptan tantos mensajes enaltecedores del sistema educativo cuando, en realidad, ha resultado fallido? ¿Por qué nos dejamos anestesiar (silenciar) por tanta demagogia como se exhibe habitualmente?
Creo, a la vista de la realidad, que todos, sin excepción, deberíamos hacernos cargo de ella. Nos interpela a todos. La educación siempre ha sido y es un instrumento básico para el progreso de los pueblos. ¡Tantas cosas, en todos los órdenes de la vida individual y colectiva, dependen de la educación! Es exigible una reflexión profunda sobre la situación. No lo olvidemos. La realidad, al final, siempre se impone y nos tapa a todos la boca.
En este contexto de dejación y abandono, con la complicidad y responsabilidad de casi todos, el ex-diputado David Abril, de Mes, según cuenta Javier Mato, “advirtió a un gobierno salido de los urnas que fuera con mucho cuidado, que la enseñanza no se toca” (Javier Mato, art. cit.). Ahí tienen una pista válida para responder a las últimas preguntas formuladas. ¿A quién sirve Mes? Ya lo ves todos los días. Desde luego, no al progreso educativo en Baleares. Por eso dice lo que dice y sirve a quien sirve.