"Para comprender la pedagogía ignaciana", Editorial Mensajero Antonio Aradillas: "Educación y pedagogía de la mano de José María Guibert"

José María Guibert
José María Guibert

De entre tantas y arrasadoras pandemias como definen hoy a la sociedad, la falta de educación, o la falsa educación, es incorregiblemente una de las que en mayor proporción y medida se hacen presentes

El jesuita José M. Guibert dedica las 142 páginas de su libro a san Ignacio de Loyola, “cuya opción por la pedagogía ha entusiasmado y ha generado redes de centros con identidad propia sirviendo a colectivos de multitud de países y culturas”

Cualquiera de los apartados, citas y reflexiones del libro, abren de par en par las puertas de la esperanza, aún a los menos creyentes en educación y en pedagogía, sean o no cristianos

Con ocasión de la reciente publicación del nuevo libro de José María Guibert, de la Compañía de Jesús, con el título de “Para comprender la pedagogía ignaciana”, en la editorial “Mensajero”, no estarán de más estas o parecidas consideraciones en nuestra sección “Los libros de RD”.

De entre tantas y arrasadoras pandemias como definen hoy a la sociedad, la falta de educación, o la falsa educación, es incorregiblemente una de las que en mayor proporción y medida se hacen presentes. La educación-educación –“ desarrollo de facultades intelectuales y morales”-, brilla por su ausencia, habiéndose llegado a lo más a centrarla en la opción –también académica- de “normas de urbanidad y cortesía”.

Sin educación, ni se es ni puede ejercerse en calidad de personas. A lo más que se llega, en ocasiones, es a su aspiración. En la “ciencia de la educación y enseñanza”, que es la pedagogía, no son muchas las calificaciones de “sobresalientes” que se imparten y practican.

Las consecuencias del planteamiento, o carencia, de la educación, son nefastas para los individuos, la sociedad y las instituciones en las que habrán de vivir y convivir, en cualquiera de sus actividades, grados, sectores o ámbitos. La inclusión en los mismos de la pandemia actual por antonomasia, “coronado” su cortejo fúnebre por los “coronavirus”, es una de sus muestras más específicas, así como lo es, el tratamiento “político” que se le presta en la mayoría de los países.

Por diversidad de razones, aún la misma Iglesia, con la misión cristiana irreversible de profesar y ejercer el ministerio de la verdadera e integradora educación, no siempre, ni mucho menos, fue ejemplar. En latitudes como las hispanas, en cuyos colegios religiosos se “educaron” tantos –la mayoría- dirigentes y responsables de la política, de la economía y de las ciencias sociales, estos –los así “educados”- no se distinguieron para bien, del resto de quienes lo fueron en centros laicos…

De entre tantos buenos-buenísimos- educadores como se han distinguido en la Iglesia, destaca de modo relevante san Ignacio de Loyola, “cuya opción por la pedagogía ha entusiasmado a docentes –alumnos y alumnas- y ha generado con provecho redes de centros con identidad propia sirviendo a colectivos de multitud de países y culturas”.

Y tal es la labor a la que dedica las 142 páginas de su libro, el jesuita José M. Guibert, “experto en temas relacionados con políticas tecnológicas, con ética, con espiritualidad, a la vez doctor ingeniero industrial y licenciado en Teología, rector de la Universidad de Deusto desde el año 2013”.

Siempre, pero más hoy, tal y como están los tiempos, la formación- información acerca de la pedagogía ignaciana, es asignatura y praxis imprescindibles. Cualquiera de los apartados, citas y reflexiones del libro, abren de par en par las puertas de la esperanza, aún a los menos creyentes en educación y en pedagogía, sean o no cristianos.

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