Un libro de Andrés Ortiz Osés sensible, personal y diferente Ediciones Matrioska publica 'La Sociedad Intrascendente' de Ortíz-Osés

Andrés Ortíz-Osés
Andrés Ortíz-Osés

'La Sociedad Intrascendente' es un libro sensible y personal, diferente, plantea cierta rebeldía con nuestra sociedad intrascendente, caracterizada por el barullo mediático, político y social

Andrés Ortiz Osés repiensa España y el mundo desde una perspectiva complementaria, frente al enfrentamiento, en la que se replantea el amor interpersonal y la amistad política, la mediación democrática de los contrarios y la fratria o hermandad del sentido interhumano

(Ediciones Matrioska).- Ediciones Matrioska presenta este libro sensible y personal, diferente, plantea cierta rebeldía con nuestra sociedad intrascendente, caracterizada por el barullo mediático, político y social. El autor, Andrés Ortiz Osés, repiensa España y el mundo desde una perspectiva complementaria, frente al enfrentamiento, en la que se replantea el amor interpersonal y la amistad política, la mediación democrática de los contrarios y la fratria o hermandad del sentido interhumano.

En su excursión aforística expone lúcidamente la visión actual de nuestra vida en su contexto, mientras que en su excurso poético expresa la positividad y negatividad de nuestra existencia humana en la encrucijada actual. .-

Nuestra sociedad es una sociedad de la intrascendencia, en la que lo trascendente, significativo o importante ha sido deportado deportivamente. Las llamadas noticias falsas o falseadas, fake news, son verdades verdes o inmaduras, basadas en el interés particular y a menudo en la idiotez (en su significado original de privado de razón común).

La intrascendencia de nuestro momento histórico está marcada por D.Trump y su trumpismo como trampismo. La trampa de este presidente-trampa está en el cultivo de lo inmediato, en la inmediatez y falta de mediación, la cual es una meditación para articular interhumanamente la realidad.

El presidente norteamericano representa una democracia capitalista y, por tanto, no del todo democrática, confrontado al comunismo capitalista de China y, por tanto, no democrático. Entre democracia y capitalismo hay un desnivel parecido al de comunismo y capitalismo; se trata de regímenes basados en verdades verdes o inmaduras, en un fallo o falla de mediación o articulación de los contrarios, así pues en un eclecticismo o mezcolanza típicamente posmoderna. Su intrascendencia política hace que vivamos en una sociedad sin ideal o trascendencia, más bien trascendidos por una inmediatez que nos agobia sin autocrítica. El filósofo Hegel vio muy bien que lo inmediato es lo simple frente a lo complejo.

Se trataría empero de afirmar lo simple y lo complejo, como quería Goethe, simplificando lo complejo pero no hasta su simpleza intrascendente, así como complejificando lo simple pero no hasta su hipercomplicación. El tema del calentamiento global es el ejemplo de un asunto trascendente que deriva en intrascendente. Frente a ello están los asuntos intrascendentes que, como el Brexit o el nacionalismo, ocupan una relevante trascendencia que no les corresponde. La falsa trascendencia sacraliza procesos meramente seculares e inmediatistas, mientras que la falsa intrascendencia deslegitima legítimos intereses de nuestra común humanidad, en nombre de un utilitarismo a ras de tierra o terruño. Lo que llamamos verdades verdes lo son a veces por falta de buena voluntad, pero también por falta de madurez o maduración, o sea, por falta de lo que Bergson denominaba la duración: la duración frente a lo efímero o intrascendente.

Intranscendencia

En nuestra sociedad intrascendente todo yace mezclado y refrito a pie de internet, todo mezclado malamente y sin síntesis superior. Sócrates no era antidemocrático, pero criticaba a la democracia su demagogia y mera demografía, así pues su cantidad de votos pero no su cualidad o calidad. Así que un espíritu diacrítico o distinguidor es necesario para diferenciar votos y voceros, así como políticos y politiqueros. La intrascendencia democrática tanto del nacionalismo como del populismo contemporáneos ha trascendido hasta ocupar calles y barricadas. El nacionalismo tienta sobre todo a la derecha, mientras que el populismo tienta sobre todo a la izquierda, pero nadie está en el medio en plan remediador, o sea, criticando la intrascendencia particular en nombre de la trascendencia común. La cual está representada no por el nacionalismo ni el populismo, sino por la persona y el personalismo interhumano.

Pienso que en el fondo nos falla la cultura civilizatoria, es decir, el culturalismo crítico frente al naturalismo materialista de la izquierda y su paraíso terrenal, así como frente al sobrenaturalismo utópico de carácter tecnológico o abstracto propio de la derecha. Tenemos el ejemplo radical de una trascendencia como es la del amor interhumano que ha quedado instrumentalizada y mercantilizada hasta su intrascendencia y banalización actual. Pero otro tanto pasa con la muerte, tabuizada como un viejo demonio que nos asalta sin ningún tipo de asunción ni mediación remediadora: y ahí están las tremendas estadísticas de suicidio en nuestras sociedades tan trascendentes en lo vano o intrascendente como intrascendentes en lo importante o trascendente.

En efecto, nuestro momento histórico resulta histérico por cuanto se caracteriza por la intrascendencia de lo trascendente y la trascendencia de lo intrascendente (a la cabeza el fútbol y derivados). Y es que el propio viejo Dios trascendental es hoy un intrascendente objeto y sujeto de mero análisis funcional o funcionarial.

Por una Iglesia mejor informada
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