Cardenal Gianfranco Ravasi, en San Pablo "María, la madre de Jesús"

(Antonio Aradillas, sacerdote y escritor).- De la "Santísima Virgen María, Madre de Dios y Madre Nuestra", se ha hablado y escrito mucho. Muchísimo, aunque siempre con el meritorio y reduplicativo apéndice del "numquam satis" latino.

Libros, páginas, informaciones, esculturas, pinturas y demás obras de arte, junto con los que proporcionan las modernas técnicas de la información- formación- educación de la fe, apuestan por la figura de la Virgen, con pulcritud, diligencia y acierto. La teología dogmática, la pastoral, la devoción popular, las leyendas, la ascética y la mística, así como los intérpretes y comentaristas de los textos bíblicos, no escatiman esfuerzos a la hora eterna de presentar a María como Virgen y Madre, en cualquiera de las advocaciones y apellidos es los que es invocada. El nombre y el sobrenombre marianos que distingue y protege a tantas personas, lugares y pueblos, atestiguan con certeza la realidad del amor a María.

Bien es verdad que, en ocasiones, fueron tales los devotos excesos, que literalmente hasta la misma teología tuvo que efectuar algunas correcciones y puntualizaciones, por rondar, y aún exceder, los mismos espacios dedicados en exclusiva a la Divinidad, a cambio de desnaturalizarla y deshumanizarla, como una de sus criaturas, auque la más privilegiada de todas.

En este contexto de popularidad lo más ilustrada posible, es preciso tomar íntimo contacto con el nuevo libro del Cardenal Gianfranco Ravasi, presidente del Consejo Pontificio de Cultura, que durante un puñado de años ejerció como Prefecto de la Biblioteca- Pinacoteca Ambrosiana de Milán.

El nuevo libro, a añadir a otros editados también por San Pablo, se intitula "María, la madre de Jesús", cuenta con 206 páginas y sus cuatro partes, o capítulos, responden a los nombres de "Algunas imágenes bíblicas", " Virgen y madre fecunda", " María y Cristo" y "Una mirada de belleza".



Como "Apéndice" se inserta el texto del "Protoevangelio de Santiago" o "Natividad de María", que es uno de los más valorados y piadosos libros canónicamente considerados como apócrifos, bellamente marianos, y cuya influencia, pese a su no "canonicidad", tanto ha influido, e influye, en el organigrama de la religión cristiana en todos sus niveles, y sin tener que quitarle, o puntualizársele, ninguna de sus aseveraciones.

Del citado texto hay que informar que es una verdadera joya de la literatura apócrifa, y que tuvo una extraordinaria difusión en el oriente cristiano, haciendo remontar los expertos su redacción nada menos que hacia el año 150 aproximadamente, llegando de él numerosos y fiables manuscritos. Su lectura resulta ciertamente devota, ejemplar, divina y humana a la vez, y con gustos y comportamientos propios y adecuados a los tiempos presentes y a las condiciones en las que vive y actúa la mujer, por mujer.

A modo de síntesis de cuanto pretendió, lisa y llanamente, y a pecho descubierto, el cardenal, autor del libro "María, madre de Jesús", al redactarlo, me limito a transcribir el siguiente fragmento de la "Introducción":

"Un mundo fundamentalmente masculino, en el que la mujer no desempeña función alguna, es cada vez más un mundo sin Dios, ya que, sin madre, Dios no puede nacernos. Es aparentemente paradójico, pero indiscutible, esta reflexión que en 1958, un teólogo ortodoxo, el laico Pavel, escribía en su ensayo "La mujer y la salvación del mundo". Y es precisamente a la madre de Dios, en griego "Theotokós", como la venerable tradición cristiana, a partir del concilio de Éfeso (431), a la que ahora dedicamos este especial retrato".

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