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Con textos del Papa Francisco
(Paulinas).- Cualquier momento es bueno para dedicar un tiempo a reflexionar con María. En estas páginas se ofrecen meditaciones diarias durante un mes, para escuchar el eco de su voz en nuestros corazones.
María ha sido y es muy importante en la vida y el apostolado del papa Francisco. Está fuera de toda duda su cariño y devoción hacia Ella. La lleva siempre en su corazón y no pierde ninguna ocasión para escribir o predicar sobre ella.
El papa Francisco, tanto en su etapa como sacerdote, como arzobispo de Buenos Aires o actualmente en su ministerio papal, ha destacado diversos aspectos sobre María, tanto en su vida histórica, en su relación con su hijo Jesús o como Madre de la Iglesia.
Así, entre otras actitudes, recalca que para él es la Madre que nos cuida y la compañera de camino; la estrella en la noche oscura y la mujer que sale al encuentro; el ejemplo de la prisa para prestar un servicio y la oyente atenta de la Palabra; la persona fiel y llena de fe para dar con prontitud su «sí»; la joven audaz que pregunta y luego acepta su misión; la invitada atenta, para que no falte el vino de la alegría en la fiesta del amor y la vida; la madre desgarrada al pie de la Cruz y la discípula que espera esperanzada la resurrección de su Hijo. Y quien aguarda la llegada del Espíritu Santo, orando, animando y cuidando a los discípulos.
Estas y otras meditaciones más nos van a ayudar a orar con María, durante todos los días de un mes, tanto de forma personal, como en diversas celebraciones comunitarias. Puede ser en el habitual mes de Mayo o en cualquier otro mes del año.
Cada día del mes puede ser un estímulo para profundizar en la Palabra de Dios; para reconocer a María en su misterio de mujer, de madre, de creyente y de discípula; para meditar con ella el misterio de Dios Padre; para que nos conduzca al encuentro con Jesús dejándonos guiar por su Espíritu; para aprender a vivir con ella y que nuestra vida cotidiana esté iluminada por su presencia permanente.
La estructura de la oración de cada día es muy sencilla: unas invocaciones, una oración inicial, un himno y un canto; una lectura bíblica y un texto del papa Francisco en torno a la misma; una breve meditación y una oración final; y se termina poniendo el broche con un Ave María y un Gloria.
Estas páginas nos van a ayudar a celebrar, renovar y acrecentar nuestro amor por María, diciendo siempre, como lo expresó ella llena de gozo al comienzo del Magníficat: «Proclama mi alma la grandeza del Señor y se alegra mi espíritu en Dios, mi Salvador».
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