Antonio Allende: "Faltan traductores que, como Lamet, sepan dar carne al Evangelio en el mundo de hoy"
El rector de Comillas, Antonio Allende, SJ, la teóloga Isabel Gómez Acabo y el sociólogo Fernando Vidal presentaron en ICADE, “El Sicómoro”, la última novela del escritor jesuita, quien expresa: "la mirada de Jesús produjo un incendio en el interior de Zaqueo"
El 13 de mayo, día que conmemora la primera aparición de la Virgen de Fátima, Pedro Miguel Lamet, jesuita, escritor, periodista y poeta, presentó en la sala de conferencias de ICADE su última novela: El sicómoro. La buena noticia según Zaqueo, publicada por Editorial Mensajero.
El sicómoro se añade a una larga lista de novelas publicadas por Lamet, que se mueven, generalmente, dentro del ámbito histórico y con connotaciones religiosas. Baste recordar Las trincheras de Dios, El último Jesuita, No sé cómo amarte. Cartas de María Magdalena a Jesús de Nazaret, El tercer rey. Cardenal Cisneros o Díez Alegría: un jesuita sin papeles. En conjunto son más de cincuenta los libros publicados, un número que pocos escritores alcanzan.
El acto de la presentación de El sicómoro estuvo presidido por Antonio Allende SJ., rector de la Universidad de Comillas, y arroparon al autor, el sociólogo Fernando Vidal, profesor de la Universidad Pontificia de Comillas y la teóloga y politóloga Isabel Gómez Acebo.
Es esta ocasión, Pedro Miguel Lamet ha dejado de lado los grandes nombres de la historia o el evangelio, para centrar su mirada en un personaje secundario, Zaqueo
Es esta ocasión, Pedro Miguel Lamet ha dejado de lado los grandes nombres de la historia o el evangelio, para centrar su mirada en un personaje secundario, Zaqueo, que, a pesar de sus sombras, o quizá precisamente por ellas, protagoniza una experiencia religiosa en la que muchos pueden sentirse reflejados.
Zaqueo y el sicómoro, esa extraña pareja: un recaudador de impuestos, mal visto por sus conciudadanos y un árbol, pariente de la higuera, de una gran longevidad, muy abundante en Palestina y dotado de ramas gruesas a las que es fácil trepar. Todavía hoy existe en Jericó un sicómoro, al que se atribuye una antigüedad de dos mil años, y que se relaciona con los hechos narrados en capítulo diecinueve del Evangelio según San Lucas. Sea éste, o no, el sicómoro de la historia, muchos turistas lo visitan con devoto interés.
El valor del dinero
“Hacía casi dos mil años que nadie escribía sobre Zaqueo” aseguró Antonio Allende y tampoco había grandes motivos... Zaqueo era un tipo bajito, que descubrió pronto el valor del dinero y que, en el momento en que decidió subirse a un árbol para escuchar a Jesús, se encargaba de recaudar impuestos para la odiada Roma, para los opresores, para el Imperio. De hecho, era el jefe de los recaudadores y su gestión no estaba libre de excesos.
¿Es lícito pagar tributo a César? Le preguntaron a Jesús. El tema de los tributos era una espina clavada en la sociedad judía. “Mostradme una moneda. ¿De quien es la imagen?”, contestó él y desbarató la trampa que le tendían, aunque, de hecho, admitió la legalidad de dar al César lo que le correspondiese.
La riqueza es un tema ingrato en los evangelios, pocas alabanzas hay en ellos para los ricos, y de hablar sobre riqueza se encargó Isabel Gómez Acebo, que analizó el significado de la riqueza en la historia bíblica hasta la aparición de los anawin o pobres de Yahvé y la predilección de Jesús. “No se trata de que la riqueza en sí sea mala, si se le da un uso generoso, que es tanto como decir inteligente, pero el problema es doble, por un lado, la acumulación de bienes suele ir unida al abuso y su posesión, más que incitar a la generosidad, despierta la avaricia y el apego”. En este momento, recordó Lamet, la acumulación de riquezas en escasas manos es tal, que poco más del 1% de la población acumula el 80% de todos los bienes, además de denunciar una sociedad que ha impuesto el pensamiento único, el capitalismo salvaje, sin importar quienes sufran las consecuencias”. “Europa –subrayó- vive cada vez más encerrada en sí misma para protegerse de la ‘invasión de los pobres’. Hoy abundan los paralelismo con las desigualdades y contravalores que propició el Imperio Romano.” Por su parte Fernando Vidal elogió la novela que nace de la historia de dos niños marginados que encuentran su liberación desde su debilidad.
Y ya tenemos al recaudador Zaqueo, que quiere oír a Jesús, y se sube al sicómoro porque no va a ser bien admitido entre la multitud y porque con su estatura poco va a ver del hombre que habla en parábolas. ¿Cuántas veces se habría subido Zaqueo a los árboles siendo un niño…? Y con un gesto, en cierto modo infantil, se encarama en las ramas pensando que, en su pequeñez, nadie dará importancia a su presencia.
Pero se equivoca. Jesús le mira, mira a un tipo que se aferra a una rama en una postura casi ridícula, casi oculto, casi espiando, más que mirarle le ve y es exactamente en ese cruce de miradas de donde nace la novela de Pedro Miguel Lamet. El autor afirmó que “lo importante no es que Zaqueo viera a Jesús desde el árbol, sino que la mirada del Maestro se detuviera en él y le produjera un incendio por dentro”.
Jesús le pide que baje, va a ir a su casa. El grupo murmura, escandalizado: ¡a casa de un hombre impuro! Zaqueo desciende gozoso y promete dar a los pobres la mitad de sus bienes “y si en algo ha defraudado a alguno” devolverlo cuadruplicado. No se espera menos exactitud de un recaudador.
Faltan traductores del mensaje
Cerró el acto de la presentación Antonio Allende, quien lamentó la falta de traductores que acerque el mensaje del evangelio al mundo actual, que sean capaces, como Lamet, de acercarse a los personajes para dotarlos de carne, para hacerlos cercanos, comprensibles, creíbles. Ya Isabel Gómez Acebo había advertido que la calidad de la prosa de Pedro Miguel nace de su condición de poeta, de forma que los textos aparecen siempre impregnados de belleza.
El autor, por su parte, reconoció que, junto con el libro dedicado a la figura de María, este Sicómoro es una de las novelas en las que ha empeñado más su propio corazón: le conmueve Zaqueo, ese hombre pequeño, que hace más de 2000 años tuvo el privilegio de cruzar su mirada con la de Cristo y ahora con la de Pedro Miguel Lamet, que ha contado su historia. “En nuestro mundo, con palmarias injusticias, abusos de los que mandan, soledad y marginación de los débiles, Zaqueo –concluyó el autor- es un acicate para, abandonando el ego y sus prejuicios, salir corriendo, encaramarnos sin temor de un alegre salto, por encima de nuestros apegos y convenciones, en el sicómoro de la confianza, para permitir que Jesús nos mire, pronuncie nuestro nombre, y nos pida hospedarse en nuestra casa”.
