(José Luis Cortés, en Ciclo C -RD/Herder-).- Jesús pasó toda su vida diciendo "no llores", "No quiero que nadie llore": a las viudas, a los tullidos, a los leprosos, a los endemoniados, a los recaudadores, a los pobres, a las prostitutas...: "No lloréis".
Todo lo que dice y hace Jesús tiene por objeto fomentar la vida: que la gente sufra menos, que sea más libre, que se sienta querida, que luche por lo que es justo...
Se podrán poner en duda los milagros de Jesús, pero no su entrañable misericordia ante el dolor humano. Al igual que le sucedió a monseñor Óscar Romero, podría pensarse que Jesús vino a la tierra a traer un mensaje religioso, pero que, al encontrarse con la desgracia, con el sufrimiento, con las frustraciones de los hombres y las mujeres (sobre todo los más abandonados) "cambió su chip": los pobres lo evangelizaron a él. Desde entonces, su religión no puede concerbirse más que en medio de la gente.
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