El Evangelio no cabe en un armario: Pedro Castelao invita a una Iglesia sin miedo a la diversidad
En su libro 'Luz en el armario' (Desclée), Castelao aborda la diversidad sexual y el lugar de las mujeres en un ensayo breve que propone revisar las raíces patriarcales de la discriminación eclesial
Hay libros de teología que levantan muros de palabras. Y hay otros que abren ventanas. Luz en el armario. Una propuesta teológica para superar la homofobia y la misoginia en la Iglesia, de Pedro Castelao, publicado por Desclée de Brouwer, anuncia desde el título su voluntad de abrir una conversación que demasiadas veces se ha mantenido a oscuras. Sus 160 páginas ponen en relación dos heridas: el rechazo de la diversidad sexual y la subordinación de las mujeres en una institución que proclama la igualdad de todas las personas ante Dios.
El núcleo de la obra gira en torno a esa contradicción. Castelao se adentra en sus raíces históricas, culturales y teológicas y examina la vinculación entre el rechazo de la diversidad sexual y “una interpretación patriarcal de la religión, de la Iglesia y del lugar que cada persona puede ocupar en ella”. No se trata, pues, de pedir mejores modales pastorales, sino de revisar las categorías que sostienen la exclusión.
El difícil arte de «abajar» la teología
El libro apunta a lo esencial hoy, pero uno de sus mayores aciertos es su capacidad para hacer accesible una reflexión exigente. ‘Abajar’ la teología no significa rebajarla. Significa sacarla del recinto de los especialistas para que pueda iluminar la vida de quienes nunca abrirían un tratado académico.
Escribir claro no equivale a pensar poco. A menudo sucede lo contrario, porque, para explicar una cuestión compleja sin esconderse detrás de la jerga, hay que haberla comprendido a fondo. La buena divulgación teológica no elimina los problemas; permite que otras personas entren en ellos.
Es una manera distinta de hacer teología con un oído en la calle y otro en el Evangelio. Una teología que escucha las preguntas de la gente antes de decidir qué respuestas necesita. Que no habla de diversidad sexual sin tener presentes las vidas afectadas. Que no aborda el lugar de las mujeres como si fuera un asunto administrativo, ajeno a su vocación, a su dignidad y a su pertenencia eclesial.
Al estilo de Juan José Tamayo, Pedro Castelao se adentra con soltura en el horizonte divulgativo, para hacer inteligible el pensamiento teológico fuera de sus círculos habituales. Pero la tonalidad que se atribuye a Castelao tiene su propio acento: una finura gallega y un ‘sentidiño’ que permiten decir cosas incómodas sin convertir al interlocutor en enemigo. Pero, con delicadeza y parresía, el autor aborda temas que, en la Iglesia, suelen considerarse tabú.
La credibilidad empieza por las personas
Homofobia y misoginia no son dos debates decorativos, reservados para cuando se hayan resuelto los asuntos supuestamente importantes. Afectan, junto a la herida de los abusos sexuales del clero, a la credibilidad de la Iglesia, porque ponen a prueba la distancia entre lo que anuncia y lo que hace.
Una comunidad que proclama el amor tiene que preguntarse qué experiencia de ese amor ofrece a quienes viven su orientación sexual con miedo, culpa o necesidad de ocultamiento. Una comunidad que afirma la igual dignidad de hombres y mujeres debe examinar qué consecuencias reales extrae de esa afirmación.
El interés del planteamiento editorial de Luz en el armario es que conecta ambos problemas con una estructura patriarcal y clerical. No los presenta simplemente como dos errores independientes de algunas personas, sino como cuestiones relacionadas con el modo de concebir la religión y distribuir los servicios, los carismas (y el poder) dentro de la Iglesia.
Desde esa perspectiva, el debate sobre el acceso de las mujeres al altar no puede reducirse a una lucha por ocupar puestos y espacios. Lo que está en juego es cómo se interpreta su capacidad para representar, enseñar, discernir y servir dentro de la comunidad. Tampoco la diversidad sexual puede reducirse a un catálogo de permisos y prohibiciones. Detrás de las categorías hay personas que aman, creen, buscan y sufren.
La pregunta periodística y creyente es la misma: ¿puede una institución pedir confianza mientras evita escuchar a quienes se sienten excluidos por ella?
No basta con responder que todos son bienvenidos, si la bienvenida exige que algunos oculten una parte decisiva y constitutiva de su vida. Ni basta con elogiar a las mujeres, si ese elogio sustituye indefinidamente la discusión sobre su participación efectiva.
El ‘refugio rosa clerical’: mirar el poder sin estigmatizar
A mi juicio, una de las claves propuestas para leer el libro es la imagen del ‘refugio rosa clerical’. Conviene tratarla con cuidado. Sin el texto íntegro, no cabe presentarla como una cita comprobada de Castelao ni convertirla en una explicación universal del rechazo de las mujeres.
Como hipótesis de lectura, permite plantear una cuestión incómoda: determinadas resistencias eclesiales pueden tener menos que ver con una maldad deliberada que con la defensa de un espacio protegido, una identidad adquirida y una distribución del poder que se teme perder.
Los grupos cerrados pueden experimentar la incorporación de nuevos sujetos (especialmente del otro género) como una amenaza. Lo que cambia no es únicamente la composición del grupo. Cambian sus hábitos, su lenguaje, sus mecanismos de reconocimiento y su capacidad para decidir sin compartir autoridad.
Pero sería injusto deducir de ahí que la homosexualidad explica la misoginia, o atribuir una orientación sexual a quienes se oponen a determinadas reformas. La orientación sexual no determina por sí sola la actitud hacia las mujeres. La cuestión crítica es el cierre corporativo y el clericalismo, no la identidad sexual de sus integrantes.
La tradición también tiene historia
Otro eje de la recensión es la evolución de la doctrina. Aquí conviene evitar tanto el inmovilismo como la simplificación contraria de que todo sea intercambiable y cualquier enseñanza pueda modificarse sin argumentación.
La cuestión es más seria y profunda. La Iglesia interpreta su tradición dentro de la historia. Sus formulaciones, sus juicios morales y sus prácticas no se han desarrollado al margen de las culturas, los conflictos y los conocimientos de cada época. Reconocerlo obliga a distinguir el núcleo de la fe de las interpretaciones históricas que pueden necesitar revisión.
La esclavitud ofrece un ejemplo especialmente doloroso. La doctrina de la Iglesia la ‘bendijo’ o la toleró durante 18 siglos. Y es que conciencia moral eclesial puede tardar en comprender plenamente las consecuencias de la dignidad que proclama. Y puede necesitar escuchar a quienes sufren para advertir la gravedad de aquello que había normalizado.
La analogía con la homofobia y la misoginia no resuelve automáticamente todos los debates doctrinales. Sí impide, en cambio, utilizar la antigüedad de una práctica como garantía suficiente de su justicia.
Abrir el armario sin cerrar la conversación
El valor de una propuesta como la de Castelao está, precisamente, en desplazar el debate desde la defensa automática de posiciones heredadas hacia una pregunta más evangélica: ¿qué estamos haciendo con las personas?
Su subtítulo no deja dudas sobre la intención: superar la homofobia y la misoginia en la Iglesia. No maquillarlas, no hacerlas más discretas, no administrarlas con palabras amables. Superarlas.
La tarea exige pensamiento, pero también disposición a escuchar. Porque hay discusiones que parecen abstractas sólo para quienes no padecen sus consecuencias. Para los demás, se traducen en silencios familiares, vidas escondidas, vocaciones cuestionadas y una pertenencia religiosa vivida con dolor.
A mi juicio, Luz en el armario merece atención por esa combinación de claridad divulgativa y delicadeza crítica. No hace falta gritar para cuestionar un privilegio y reivindicar el evangelio de Jesús. Tampoco hace falta humillar a quien tiene miedo, para mostrarle que ese miedo no puede convertirse en norma para todos.
La pregunta final queda abierta y es exigente: Si la Iglesia ha debido revisar juicios históricos que legitimaban la desigualdad, ¿no debe examinar con la misma honestidad las interpretaciones que hoy producen rechazo o subordinación?
La luz del título no tendría entonces una función ornamental. Serviría para ver a quienes habían quedado en la sombra y para reconocer los mecanismos que los mantuvieron allí. Porque una teología asequible no es sólo la que se entiende con facilidad. Es también la que ayuda a comprender por qué alguien sufre y qué responsabilidad tenemos en ese sufrimiento.