José Antonio Santano… la Espiritualidad que nace de la tierra
Con este nuevo poemario La luna en el olivar (Ed. Alhulia, 2025) del baenense José Antonio Santano (Baena, Córdoba, 1957), olivos que hablan y callan, que cantan a esta nueva y auténtica Espiritualidad que viene brotando imparable desde hace ya algún tiempo …
Si la tierra se une con el cielo, si el cosmos se conjura devolviendo la unidad a lo que percibimos como dual, como fragmentado, si la Espiritualidad envuelve al Universo, si la luna le canta nanas al olivo recostado en el terruño, entonces resulta inevitable que se produzca un encuentro amable y sosegado, como si de una “música callada” se tratase, con este nuevo poemario La luna en el olivar (Ed. Alhulia, 2025) del baenense José Antonio Santano (Baena, Córdoba, 1957). La de este poeta es una voz que “viene desde lejos”, como afirma Salvador Compán en el prólogo a esta colección de haikus (pág. 15); pero “de lejos” no nos remite a un espacio lejano exterior sino más bien a una voz interior, a un paisaje de adentro que lleva ya mucho tiempo afinando los perfiles santanianos hasta alcanzar una “quietud sonora” (pág. 123) -nótense las reminiscencias de la poesía de san Juan de la Cruz- donde “retumban los silencios de los olivos” (pág. 244). Porque precisamente de eso va esta colección de haikus que Santano nos propone: de olivares y lunas como si el cielo y el núcleo del Universo entero estuviera encerrado en un “horizonte de olivares océano y firmamento” (pág. 145).
Olivos que hablan y callan, que cantan a esta nueva y auténtica Espiritualidad que viene brotando imparable desde hace ya algún tiempo y de la que este poeta cordobés afincado en Almería es testigo privilegiado. No solo se trata de tener la suficiente sensibilidad estética o de ajustar este metro corto a los parámetros del dicho breve y sentencioso, sino que Santano consigue adueñarse de “la voz del viento” (pág.138) donde “las ramas de olivo, cantan silencios” (pág. 139). O como dice el genial musicólogo y ensayista Ramón Andrés en la contraportada de este volumen: “para que sea culminada, la poesía no precisa de extensos dominios, de lejanías. A veces un apenas le basta, un silencio insinuado le es suficiente, …, lenguaje sosegado que une atajos para tejer un camino”. Este camino no es otro que el de la Unidad de todo lo creado, del criador y la criatura, de “lo más hermoso: la luz del sol, los campos, lluvia de olivos” (pág. 99).
Así son, queridos lectores, los nuevos brotes de verdadera Espiritualidad que resuenan y que van más allá de las tradiciones religiosas, que ya no son las exclusivas propietarias del ungrund (Böhme) de cada ser humano y del inmenso mundo en el que vivimos y convivimos, una Espiritualidad abierta a nuevas formas de comprensión, una Espiritualidad que mira siempre con los ojos bien abiertos (Metz) y que José Antonio Santano nos ha traído de la mano de la tierra, de la luna y de los olivos en un extraordinario y bellísimo consenso universal con la palabra.
