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Santiago Roncagliolo: "León XIV habla poco, pero se piensa mucho lo que dice. Y cuando habla, pasan cosas"

“Hubo una maquinaria del Sodalicio para evitar que Prevost fuera elegido Papa”, asegura el escritor, que publica en España 'El pastor y los lobos' (Seix Barral), que traza el recorrido vital de Robert Francis Prevost desde sus años como misionero en Perú a su elección como Papa

Santiago Roncagliolo
Santiago Roncagliolo | © Richard Hirano

"Me parece increíblemente consistente. Es un hombre con un compromiso por los pobres y por los refugiados y por gente que sufre de temas sociales. Muy en la tradición de la pedagogía de la liberación. En cambio, no tanto con los grupos LGBT. Es un hombre que habla poco pero se piensa mucho lo que dice. Y cuando habla, pasan cosas". Rotundo, el escritor y periodista Santiago Roncagliolo dibuja en ‘El pastor y los lobos’ (Seix Barral) algunas de las claves para entender al nuevo Papa, el intento desde los sectores ultraconservadores de dinamitar sus opciones en el cónclave, y los retos pendientes.

Pregunta. No sé si te lo han comentado, pero tu libro parece a Prevost lo que 'El loco del fin del mundo', de Javier Cercas, fue a Bergoglio...

Respuesta. Yo creo que Cercas abre una puerta muy interesante, que a mí me llamó mucho la atención, porque yo no estaba acostumbrado a que alguien no creyente escribiese de la religión con curiosidad, con ganas de saber de qué va esto, no para decir superstición, abusos, bestialidad, inutilidad. Sí que fue un referente, así como Le Carré. En el caso de Cercas, hay un punto gracioso, porque pasa toda la novela preocupado porque el Papa le está cayendo bien. En mi caso, lo que ocurre es que, mientras investigaba la historia de Prevost, me voy dando cuenta de que estoy en un momento en que no creo en casi nada: prendo la televisión y sé lo que van a decir antes de que empiecen a hablar. Creo en la democracia, pero veo cómo presidentes democráticos están promoviendo la guerra, la invasión, la persecución de gente diferente. En algún momento del libro, viendo la historia de Prevost, decido que quiero creer en él. Quiero creer que alguien de verdad tiene una manera moral de entender el mundo. Pero a la vez debo ser riguroso, especialmente en el caso de la acusación de encubrimiento.

P. Cuentas también la historia del Perú en el que Prevost aprende a ser religioso y vive la fe junto a un pueblo que sufre la pobreza, pero también la violencia, y su relación con la teología de la Liberación…

R. Al principio, no sabía si había historia o no, pero me lancé a investigar por qué un tipo ha llegado de Chiclayo a Papa en dos años, porque ahí sí que hay una historia. Un tipo que llega a Perú desde Chicago, porque es un misionero. Ahí hay una historia que yo puedo contar, porque es donde crecí. Y acabé encontrando casi un thriller.

P. ¿Quién es León XIV para Santiago Roncagliiolo?

R. Yo diría que es un hombre bueno, con vocación de servir. Dejando claro que el bien no es como en las películas de super héroes. Puedes querer hacer el bien, escoger entre lo que hay, hacer el bien y que haya víctimas. Él es un hombre decidido, y como dice en el libro uno de los colaboradores de Chiclayo, sabe que los aliados de la luz no pueden ser más ingenuos de la oscuridad. Y ese es uno de los grandes males de la Iglesia ‘progresista’.

P. Y, pese a ello, Francisco salió elegido. Tú arrancas el libro con el episodio de Bergoglio ‘convirtiéndose’ a las víctimas en Chile…

R. Sí. Francisco se convierte cuando viaja a Chile, entiende la dimensión de los abusos, y de alguna manera sale del ‘encierro’ en el que se viven en la Iglesia. A nosotros, la gente normal, nos cuesta mucho entender lo que pasa ahí. Cuando ves, por ejemplo, la cobertura del Cónclave. Horas y horas de radio y televisión y nadie sabe lo que está pasando ahí fuera. A la Iglesia le cuesta mucho comunicarse. La gente pide transparencia a la Iglesia, pero es una institución en la que el misterio y el secreto son claves. Estamos hablando, además, de una institución que lidia con los pecados, y en la confesión no puede haber transparencia, no se puede contar. La Iglesia es una institución de la que se sabe muy poco, y que comunica muy poco.

R. De hecho, Francisco entra pensando en los divorciados, como gran logro progresista, y no es consciente de lo que está a punto de explotar, de que todo el mundo está harto de los abusos. Y en Chile da un giro muy potente, y empieza a entender el nivel de oscuridad que hay en la Iglesia. No sólo son los abusos sexuales: son los delitos financieros, el dinero negro, las asociaciones ilícitas. Y ahí conoce la experiencia de Prevost en un país absolutamente brutal como Perú, donde el Estado no funciona, o funciona en contra de los ciudadanos. Y necesita que Prevost vaya a la Curia. Él sabe que necesita una persona diferente, pero que también se forje en la Curia, para que no le ocurra lo que le ocurrió a él.

Santiago Roncagliolo publica 'El pastor y los lobos'
Santiago Roncagliolo publica 'El pastor y los lobos'

P. ¿Crees que Francisco eligió a Prevost como su sucesor?

R. Un Papa no puede elegir a su sucesor, porque (salvo Ratzinger) estará muerto cuando se elija. Pero sí que lo lleva al dicasterio de Obispos, donde va a entrar en contacto con todos los votantes del cónclave. Lo pone a dar el discurso frente a los demás cardenales para que lo vayan conociendo. Varias fuentes del libro dan a entender que él quería que Prevost fuera el sucesor. No es un Francisco II, sus visiones son radicalmente diferentes.

P. Prevost trae consigo de Perú muchos enemigos, que lanzan un escándalo antes del cónclave. Y luego está su papel en el ‘caso Sodalicio’…

R. Hubo una maquinaria (del Sodalicio) para evitar que Prevost fuera elegido Papa, porque se había convertido en su enemigo declarado. Prevost comenzó siendo muy diplomático, y los sodalités tuvieron muchísimas oportunidades. Creo que es algo similar a lo que está haciendo con el Opus Dei. Está dando mensajes, está abierto, es dialogante. Ahora, si siente que el diálogo no va a ninguna parte, es completamente implacable. Y cuando sintió que el diálogo con el Sodalicio, con Ricardo Coronado o con el cardenal Cipriani no iba a ningún aparte, los eliminó a toda velocidad.

Cuando vino a España la visita fue deslumbrante. Todo salió espectacular. Pudo hablar de fe y hablar de problemas sociales de inmigración, de pobreza y de cárceles, pero muchas de las víctimas de abusos no se sintieron respetadas, acogidas, escuchadas

P. En el libro dibujas a Coronado como una suerte de ‘antagonista’ de Prevost…

R. Tienen una historia común, cada uno dirigiendo dos noviciados de los agustinos en Perú, uno en Lima y otro en Trujillo. Unos, los de Coronado, estirados en el dogma. Los de Trujillo, los de Prevost, distintos. La descripción de este Papa en Trujillo es la de Robin Williams en El club de los poetas muertos, un profesor que va en zapatillas, muy moderno, que moviliza a mucha gente joven, simpático, abierto, poco riguroso, mientras que los de Lima solamente se ponían debajo de las bancas a rezar.

P. ¿Por qué es tan relevante Coronado en este proceso? ¿Por qué crees que es tan relevante? 

R. Él es el jefe de formación de los agustinos que se opone claramente a Prevost. Cuando es nombrado general de los agustinos, Coronado pide su dispensa, que se la firma el propio Prevost. Y, luego, él es el que asume la defensa de las supuestas víctimas de El Lute. Y, según Ana María Quispe, una de ellas, es quien diseña que la acusación vaya contra Prevost, algo que ella no quería. Ella solo quería que se hiciera justicia. Pero Coronado la lleva a televisión, y de algún modo ‘fabrica’ la acusación de abusos, que era contra El Lute, contra Prevost. Aunque es cierto que esa acusación no se investigó como debería. Por eso digo que el bien es complicado en la Iglesia, no es cuestión de blancos y negros. Es curioso, porque el abogado (Coronado) está acusado dentro de la Iglesia, y el posible abusador ha pedido la dispensa, y no ha querido hablar.

Santiago Roncagliolo
Santiago Roncagliolo

P. ¿Hasta qué punto el ‘caso Lute’ puede condicionar el pontificado de León XIV?

R. Creo que ese caso ya no importa. Ya es papa. Este caso perseguía evitar su papado. Ahora ya es León XIV, y ahora tiene que resolver los problemas que hay, también los de abusos. Cuando vino a España la visita fue deslumbrante. Todo salió espectacular. Pudo hablar de fe y hablar de problemas sociales de inmigración, de pobreza y de cárceles, pero muchas de las víctimas de abusos no se sintieron respetadas, acogidas, escuchadas. Y también en Perú hay víctimas de los sodalités que se están empezando a quejar de que la iglesia está dando marcha atrás en el tema de las indemnizaciones. Este caso ya no le va a hacer ningún daño. Lo que Prevost tiene por delante es aún más difícil, y quizá no baste con ser bueno e inteligente para resolverlo.

P. ¿Ha cambiado tu opinión sobre Prevost a partir de este libro?

R. No. Me parece increíblemente consistente. Es un hombre con un compromiso por los pobres y por los refugiados y por gente que sufre de temas sociales. Muy en la tradición de la pedagogía de la liberación. En cambio, no tanto con los grupos LGBT.  Es un hombre que habla poco pero se piensa mucho lo que dice. Y cuando habla, pasan cosas. Tiene mucha habilidad política con los nombramientos, como ocurrió con la nueva presidenta del Dicasterio de las Comunicaciones, que es la primera mujer, y laica, pero conservadora. Estamos ante un político florentino, muy cerebral, con los mismos valores. Lo único que me sorprende es que su punto débil, el de los abusos, parecía su punto más fuerte. Veremos. Como siempre, es posible que tenga un gran plan que está poniendo en práctica y lo veremos con el tiempo.

P. ¿Qué es la iglesia para ti? 

R. La iglesia es una manera de agrupar a millones de personas que tienen una manera de entender lo trascendente. Yo no voy a misa, no me creo los dogmas, soy demasiado racional, pero las cosas que te dan religión, un escudo contra el miedo, un alivio contra el dolor, un sentido, una comunidad, son cosas que todo el mundo necesita. Puedes buscarlas en otro sitio, pero no puedes vivir sin esas cosas. Y la iglesia agrupa a mucha gente que tiene una manera de hacer todas esas cosas y una comunidad. También es un sitio que reúne a lo mejor y a lo peor de los seres humanos. Yo he visto gente que me ha hecho llorar de emoción por su bondad, y no he visto gente que haga eso sin fe. También he visto a otra gente capaz de destruir la infancia de inocentes por unos apetitos que además le dicen a los demás que no tengan. Me ha impactado cómo dentro de la institución están las ovejas y los lobos. 

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