'Sed de Dios en la ciudad secular': ¿una respuesta a la moda o una necesidad humana?
'Sed de Dios en la ciudad secular' acaba de salir a la luz en Paulinas, coordinado por Agustín Domingo y Juan Bautista Peris. Un libro que aboga por la importancia de pasar de una religiosidad emocional y epidérmica a una reflexión reflexiva y fundada
El destino, éxito y vida de un libro son uno de los misterios más extraordinarios que existen. Los factores y las situaciones que debe afrontar sus inmensos. Sin embargo, podemos medir su calidad humana, filosófica y profética si describe una realidad que brota por los cuatro costados, sin que haya sido analizada por su cercanía y complejidad. Este es el caso del libro Sed de Dios en la ciudad secular que acaba de salir a la luz y que coordinan los doctores y profesores de filosofía Agustín Domingo y Juan Bautista Peris.
Desde hace unos años estamos inmersos en una corriente de análisis y de opinión que debate y reflexiona sobre un repunte y renacer religioso a partir de diferentes fenómenos que se están dando en la sociedad actual. El disco de Rosalía, Lux, con relaciones directas con el misticismo cristiano femenino y toda la revolución que está significando el fenómeno Hakuna o películas tan exitosas y taquilleras como Los domingos son razones más que evidentes, a juicio de muchos analistas, para pensar que algo se está moviendo. Hoy asistimos a salidas del armario muy notorias, con bautismos y comuniones de personas adultas y el testimonio directo de la importancia de la fe en sus vidas. Personas que han encontrado ahora le momento preciso para comunicar su fe. Aunque de forma diferentes y desde circunstancias diversas, Luis de la Fuente y Ana Iris Simón son un buen ejemplo de ello.
Ahora bien, ¿dónde nos llevan estas nuevas espiritualidades? ¿La dimensión espiritual del ser humano, la búsqueda y la sed de Dios responden a las modas? ¿No es, más bien, un intento perpetuo que se da siempre de forma indistinta en las diferentes generaciones? ¿Es la Generación Z más religiosa, católica y cristiana? ¿El boom de los retiros dentro y fuera de la Iglesia son una constatación seria de dicho renacimiento? El libro se adentra en estas cuestiones a partir, como reza el subtítulo, de una razón abierta que viene de la mano de maestros que pensaron la fe en tiempos convulsos ante turbulencias históricas, políticas y sociales donde lo religioso era señalado y expulsado del debate público para arrinconarlo en el ámbito de lo privado.
Este libro, y sus diferentes análisis desde figuras como Edith Stien, Charles Taylor, Julián Mariías, María Zambrano, Xavier Zubiri, Jaques Maritein o Pablo d’Ors, aboga por la importancia de pasar de una religiosidad emocional y epidérmica a una reflexión reflexiva y teológicamente fundada, pasar, en definitiva, de la fe del carbonero a la fe filosófica de Kierkegaard. Coincide con el espíritu de la nota doctrinal Cor ad cor loquitur de la Comisión para la Doctrina de la Fe de la Conferencia Episcopal Española. En ella se advierte de una fe religiosa inmadura, infantil, sin base ni fundamento, producto de una cultura de la inmediatez y la imagen que busca experiencias impactantes, pero con poco calado y recorrido personal y sorda para la implicación social con los más necesitados que se deriva del evangelio. Corremos el peligro de estar ante mucha adoración, pero con una nula implicación profética y transformadora en las diferentes periferias existenciales.
Por otra parte, el libro recoge la razón última de este renacer, esta sed de Dios en la ciudad secular. Desde la Ilustración se dio a entender que el vínculo con Dios y los credos religiosos iban en contra del progreso humano. La razón debía liberarse de las ataduras de los dogmas y las creencias. Todo ello coincidió con el desarrollo de las ciencias biológicas y experimentales del siglo XIX con la obra de Darwin como adalid de esta superación y sustitución. Fue Nietzsche quien describió al dictado la lógica profunda y última de nuestra cultura de nihilista por la muerte de Dios. Lo que ahí se expresa, lo tenemos bajo nuestros pies corregido y aumentado. Volvamos a los aforismos 125 y 343 de La gaya ciencia como uno de los elementos que sustentan la arquitectura de nuestro tiempo: Dios ha muerto. Pero ¿de verdad ha muerto?
El nihilismo y el vacío se alzan por doquier y los nuevos dioses que hemos construido no han iluminado nuestra existencia porque se han quedado mudos ante los más profundos misterios de la existencia humana. La razón ultima de ese despertar al que muchos apuntan, y que el libro analiza, está, precisamente, en que hemos construido, en nombre del progreso, un solar espiritual que atenta contra el carácter proyectivo ineludible de la experiencia humana. Hemos puesto unos palos en las ruedas a una realidad, la nuestra, que por su condición de finitud no puede parar de buscar y de indagar posibilidades nuevas ante los misterios de la existencia humana. Las tribulaciones de la vida requieren de horizontes de sentido que las diferentes realidades religiosas copan, ya que son sensibles y tienen espacio para acogerlas. El tan cacareado eclipse de Dios no es tan definitivo e irreversible como muchos creían.
La secularización ha cercenado al ser humano por la mitad; la falta su media naranja. Por ello, el paso de los días y de la vida se convierten en una mochila cargante, cualquier problema es avistado como una tragedia, cualquier rampa y repecho de la vida es gestionado como si fuera un puerto de especial y no de segunda o tercera categoría. Todo se esfuma y nada se retiene, de nada se aprende; las lecciones son vistas como derrotas y no como oportunidades. Romano Guardini, en La experiencia cristiana de la fe, ya apuntaba que hoy . Lo que resulta llamativo es que la esta actualización y vuelta a lo religioso se da, como se dice en la introducción, .
Durante los diferentes artículos aparecen dos figuras clave para comprender esta oportunidad de pensar filosóficamente el crecimiento espiritual y religioso: Jürgen Habermasy el entonces cardenal Ratzinger, Benedicto XVI después, en enero de 2004. Ambos debatieron sobre el encaje de las creencias religiosas en el Estado liberal a partir de sus fuentes. Éstas tienes que ser asumidas y entendidas como el poder energético y vitamínico de la acción económica, ética y política que se lleve a cabo en la sociedad. Habermas, el adalid y defensor de la Ilustración europea, llega a decir: . Estos planteamientos que recorren el libro, combaten ese manoseado neutralismo insípido o indiferencia de las creencias religiosas y espirituales. Nos prometieron el final de la historia en muchos ámbitos. El religioso es uno de ellos. Sus corrientes y meandros no han parado de correr en los corazones humanos que necesitan alimentarse de algo más que de perfiles, identidades y seguidores digitales.
La virtualidad más importante del libro es que no tiene un punto y final porque traza un horizonte en forma de punto y aparte. La fe debe vivirse desde el diálogo y la valentía a la hora de dar cuenta de la complejidad de nuestro tiempo. Para ello se invita al lector que esto es sólo un aperitivo, un entrante, para que se prepare para otros platos que den razón y respondan a esa sed de Dios de autores tan diferentes como Emmanuel Mounier, Emmanuel Lévinas, Gianni Vattimo, Byung-Chul Han, Simone Weil o José Ortega y Gasset. La lectura de este libro supone la pregunta subsiguiente por lo que puede venir, qué otras voces poder escuchar para comprender y dialogar con los entresijos de este tiempo tan nuestro, pero tan desnortado e inquietante como pocos. Sepamos aprovecharlo.