Trabajo y evangelio: el perdón como forma de liderazgo
Santiago José Portas Alés. 70 veces 7. Liderar desde el perdón, la verdad y la reconciliación
La aportación de los profesionales cristianos es una parte esencial del testimonio que la Iglesia ofrece de su fe en Jesucristo. Por ello, debe mantener ese doble eje que constituye la esencia de toda propuesta evangélica: la fidelidad y fe en Dios y la atención y el compromiso cuidadoso con el otro. Este libro de Santiago Portas marca los hitos para desarrollar una propuesta de liderazgo que hunde sus raíces en el evangelio.
La literatura sobre management y liderazgo empresarial despierta un interés creciente. A todos nos preocupa el ámbito laboral y cómo compatibilizarlo con nuestro desarrollo personal y con el resto de facetas que constituyen nuestra vida. Aunque van surgiendo algunas publicaciones, no es habitual que profesionales cristianos sistematicen una forma de liderazgo que surja de su fe en Jesús ni que lancen una propuesta amplia, nacida del evangelio, pero que puede ser válida como forma genérica de liderazgo (sea creyente o no).
Santiago Portas, directivo en una las grandes entidades bancarias de nuestro país, ha dedicado varios años a reflexionar sobre cómo liderar, cómo acompañar equipos y conseguir objetivos, sin perder de vista una visión cristiana de la realidad (y de las relaciones laborales). Esta reflexión, plasmada en intuiciones y convicciones descubiertas en el trabajo diario, acaba de aparecer sistematizada en forma de libro y desde un convencimiento profundo: que la fe en Jesucristo y la opción por el evangelio se pueden expresar en la vida pública y constituyen una aportación que puede ser válida (y útil) en la sociedad actual.
El objetivo del libro es ofrecer pistas, eminentemente prácticas, para conseguir ser un líder interiormente libre que decide mejor y que se preocupa por las personas que tiene a su cargo. Su propuesta central, como podemos descubrir en el título, sitúa al perdón y la reconciliación como competencia de liderazgo y como forma de cuidado y autocuidado. Para hacer posible el desarrollo de este modelo son necesarias cuestiones como el discernimiento, la corresponsabilidad, la confianza y la capacidad de decisión que también ocupan su lugar en la publicación.
No es tanto un libro de espiritualidad del trabajo sino una contribución que muestra que, como creyentes, tenemos la responsabilidad de ofrecer una palabra al mundo y que esa propuesta desde el perdón, la verdad y la reconciliación puede ser válida y aceptable para cualquier profesional que quiera liderar sin endurecerse y tomar decisiones sin perder humanidad. En esta clave, el legado de un buen líder es pues dejar rastro de bien, de esperanza y de crecimiento
El autor estructura su reflexión en siete capítulos cuya lectura es ágil, sugerente y muy amena. Todos ellos están encabezados por una cita bíblica que sirven de inspiración a las diversas propuestas, intuiciones y experiencias que el autor va desgranando en su reflexión. Para favorecer el diálogo cierra cada sección con un ejercicio, una aplicación práctica al liderazgo y un compromiso. Referencias a S. Ignacio de Loyola, S. José Mª Escrivá o San Agustín, sirven de fundamento para algunas de las ideas centrales, mostrando así Santiago Portas su visión de una iglesia en comunión, pero también diversa.
El marco de la obra es el liderazgo entendido como servicio (Liderar es servir). En efecto, al igual que Jesús, el liderazgo que dibuja el autor como camino posible, tiene como objetivo hacer crecer a otros desde la entrega de tiempo, presencia y ejemplo. No es pues un cargo sino una misión que tiene como evidencia de su buena realización “la capacidad de cuidar, de escuchar y de inspirar”. Este marco genera un movimiento que convierte al líder en un canal que propicia la consecución de los objetivos, el acompañamiento y el desarrollo de los equipos (el líder está llamado a “no ser el centro sino el cauce”).
Este marco que encuadra la propuesta de Santiago Portas no puede mantenerse sin un discernimiento libre y sereno (Discernir con libertad interior). Este discernimiento no busca tanto reunir muchos datos (en un mundo con exceso de información como el que vivimos) sino poner foco, y por tanto atención, en los signos de Dios en medio del caos. ¿Cómo hacerlo posible? No desde el miedo sino desde la paz. Creo que esta es una aportación valiosa del autor: debemos desvincular el liderazgo de cualquier forma de miedo que termina por bloquearnos y nos resta lo esencial de toda relación humana. El discernimiento, en palabras de Portas “da propósito”, nos abre a la escucha confiada pero no excluye el conflicto (que el buen líder deberá discernir cómo abordar sin endurecerse ni herir).
La parte nuclear de la propuesta del libro se expone en los capítulos 3, 4 y 5 que el autor dedica a El perdón como decisión de liderazgo, La corrección que cuida la relación y La confianza que delega. El lector podrá comprender en estas páginas el camino posible que traza el autor en su propuesta: el perdón como decisión estratégica y profundamente humana. Aunque puede parecer algo alejado de la lógica empresarial, el perdón permite asumir lo que somos (“liderar desde la herida”), hace posible liderar desde el testimonio y la honestidad y respeta al otro (“exige sin humillar, corrige sin destruir y decide sin rencor”). El lector podrá establecer una caracterización del perdón que traza el autor alejado de una expresión de debilidad o de permisividad; una comprensión fuerte del perdón que nace de la libertad y libera.
Una de las grandes aportaciones que la lectura de este libro a tenido para mí ha sido el descubrimiento de la corrección como una forma de cuidado (corregir para “ganar al hermano”) porque busca respetar dos ejes irrenunciables: la verdad y la relación. Eso exige que se realice siguiendo unas pautas que describe el autor para evitar que se traduzca en una pérdida de confianza o en un empobrecimiento de la comunicación.
Finalmente, un liderazgo desde el perdón y que cuida desde la corrección se traduce en una confianza que responsabiliza al otro. Esta confianza está opuesta al control, aunque va unida a la evaluación, al tiempo y a la apertura al futuro. En relación con la confianza, Santiago traslada una afirmación que se queda colgando en el lector: “El evangelio no glorifica el éxito; glorifica la fecundidad”. En efecto, confiar es arriesgar (“Y el liderazgo contemporáneo, presionado por resultados inmediatos, métricas constantes y exposición permanente, tiene cada vez menos tolerancia al riesgo humano”).
Un líder que opta por el perdón, la reconciliación y la confianza como ejes de su labor no queda exento de tomar decisiones (La responsabilidad de decidir). Así es. Como indica Santiago Portas un líder debe comprender bien la realidad y asumir las decisiones cuando otros dependen de ello. Estas decisiones nacen de la escucha, de no confundir urgencia con necesidad y de saber esperar.
El autor nos ofrece la síntesis de su propuesta en el último capítulo: Liderar reconciliando. Aquí el lector podrá destilar las notas esenciales del liderazgo que se nos presenta. El liderazgo se ejerce, en palabras del autor, “desde un lugar interior” que implica la libertad y el saberse reconciliado. Esto convierte al líder en un “tejedor de sentido” que trenza no desde la herida sino desde la paz (nos encontramos así con otra de las necesidades fundamentales de nuestro tiempo: “una paz desarmada y desarmante”).
Este breve recorrido por el contenido de la obra que nos ocupa espero que sirva de motivación para que el lector se deje leer por la propuesta de Santiago. Es una propuesta valiente, surgida desde el realismo y la honestidad, que implica al líder, pero también al equipo que acompaña. No excluye el conflicto, no se deja llevar por el “buenismo” sino que trasluce sensatez e invita a la esperanza (algo tan necesario también en el mundo laboral). Se evidencia que lo que escribe Santiago no surge solo de un esfuerzo intelectual, sino que muestra experiencias vividas. El autor no se pone como ejemplo, sino que plantea un marco aspiracional que une evangelio, trabajo y vida cotidiana. Ah, y una última recomendación para el lector: no se pierdan algunos de los breves y directos enunciados de libro que se convertirán en pretexto para la reflexión personal. Sirva este como muestra:
“El perdón setenta veces siete no es una consigna piadosa; es una forma de estar en el mundo del trabajo sin dejarse endurecer por él. Es la decisión de no renunciar a la humanidad en nombre de la eficacia. Y paradójicamente, es también una de las formas más profundas de eficacia a largo plazo”