"Hay que ser valientes y humildes, a pesar del pecado y de la corrupción"
El padre Ángel presenta "Corrupción y pecado", el último libro de Bergoglio en Publicaciones Claretianas
"La Iglesia a veces también parece adormecida"
(Padre Ángel, presidente de Mensajeros de la Paz. Presentación de "Corrupción y pecado", en Publicaciones Claretianas).- "Sólo ante Dios o un niño debemos ponernos de rodillas". Todos los días, en la misa, la Iglesia nos hace recordar que somos pecadores. El pecado y la corrupción son dos realidades distintas. Cuando Jorge M. Bergoglio fue elegido para la sede de Pedro, exclamó: "Soy un pecador", y con una sonrisa propia de san Francisco dijo: "Acepto".
Gracias al autor por dejarme asomarme a este breve aunque bonito libro. A la editorial por dejarme escribir esta presentación y decir a los cuatro vientos que un mundo mejor es posible, pero que hay que ser valientes, humildes y seguir creyendo en Dios y en los hombres. A pesar del pecado y de la corrupción.
No es cierto que España, el mundo o la sociedad en general sean Sodoma y Gomorra. Hay mucha solidaridad. Muchísima. Soy testigo de ello. En tiempo de crisis, brilla de una manera especial la familia. De ahí que digo en voz alta y fuerte, y con una gran sonrisa y alegría, que mienten los que dicen que la familia está en crisis. Aunque a veces se diga incluso desde los púlpitos. La familia sigue siendo la institución más valorada en la sociedad, en todo el mundo. Todos queremos a la familia, y la añoramos cuando no la tenemos. La admiramos y hasta daríamos la vida por ella.
¡Cuántos padres luchan, trabajan, se enferman, incluso son mártires porque mueren en su trabajo, en las minas, en el mar... trabajando para sacar adelante a sus hijos, darles pan, educación, cultura...! ¡Cómo luchan porque sus hijos, su familia -como dice el papa Francisco- no sean desposeídos! No debe haber desposeídos... y no hay cosa peor que no poseer la dignidad del trabajo. El propio papa Francisco ha insistido en que "el trabajo forma parte del plan del amor de Dios".
He leído una reflexión del Papa sobre la familia que me ha impresionado. Dice textualmente: "me llama la atención el cuarto mandamiento, el único que lleva pegado una promesa: honra a tu padre y a tu madre y tendrás larga vida sobre la tierra".
Francisco se ha presentado como el papa de los Pobres. No quiere olvidarse de ellos. Me parece preciosa esa frase del Padre Jorge, del san Francisco del siglo XXI, que nos dice: "¡Cuánto me gustaría una Iglesia de los pobres! Ellos son los verdaderos tesoros de la Iglesia".
Por ellos hemos de luchar contra el pecado y contra la corrupción, que todavía es peor. El pecador reconoce su pecado; el corrupto, por el contrario, siempre se quiere disculpar. Si el corrupto es soberbio y tiende a culpar a los demás, el pecador tiene como característica asumir su culpa y arrepentirse.
Me parece precioso que este Papa quiera ponernos a todos manos a la obra. El ha dicho que prefiere "una Iglesia accidentada a una Iglesia enferma o muerta"; que prefiere "pedir perdón -decía a sus sacerdotes- que pedir permiso". Pues sí, hemos de pedir perdón cuando somos pecadores. El pecado se perdona -dice Francisco-, la corrupción, sin embargo, huele mal, por eso hay que desterrarla. Más que perdonada, la corrupción debe ser curada.
¡Qué pena y qué rabia me da ver cómo el corrupto, que está en el ejercicio del poder, implica a otros en su corrupción! Parece que el corrupto siempre busca la complicidad. El papa Francisco nos recuerda que siempre ha habido corruptos. Pero déjenme decirles que hay más gente buena que corrupta. Mucha más.
La Iglesia a veces también parece adormecida. Algunos, incluso parece que tienen tortícolis de tanto mirar al poder y se olvidan de los preferidos de Dios. Pero no es menos cierto que he conocido también a muchos sacerdotes y mujeres religiosas, verdaderos apóstoles, que no sólo perdieron su salud, sino que han perdido incluso la vida por los más desfavorecidos.
Quiero terminar con un deseo precioso para todos los que lean este libro. Quiero compartir con todos aquello que oí a los tres días del nombramiento del nuevo Papa. Allí recibimos una bendición especial que me encantó y quiero extender a los lectores: "Muchos de ustedes no son católicos, otros no son creyentes, pero, de corazón, les doy esta bendición, en silencio, a cada uno, respetando su conciencia, pero sabiendo que cada uno de ustedes es hijo de Dios. Que Dios les bendiga".