Liturgia del 14º DOMINGO ORDINARIO 2026 (A)

"Una Misa para ILUMINAR y MOVER, sin dar órdenes a Dios"

Mi yugo es llevadero
Mi yugo es llevadero

El amor permanente y entrañable de Dios Padre, que nos habita y sostiene, la presencia luminosa de Jesús Resucitado, su Luz y el impulso de su Espíritu ESTÁN con todos vosotros.

Y con tu Espíritu

MONICIÓN DE ENTRADA 

Cuando nos sentimos preocupados y desalentados, ¡qué bueno es tener un amigo de confianza a quien acudir y en quien volcar nuestro corazón! Esperamos que todos nosotros tengamos tal amigo y que no seamos tan soberbios como para no desahogarnos ni abrir nuestro corazón.

¿Qué tipo de amigo será ése? Alguien que pueda escucharte, alguien amable, que tenga tiempo para ti. Jesús se nos ofrece a sí mismo hoy como tal amigo comprensivo, amable y humilde, que puede darnos paz interior. En la eucaristía renovamos nuestra amistad y adhesión a él y a nuestra fraternidad.

ACTO DE RECONOCIMIENTO

Jesús da gracias porque Dios Padre se revela a los sencillos. Porque estos saben reconocer su presencia en la vida, en todo lo que nos da, especialmente en las cualidades que nos ha dado para que colaboremos en la tarea de hacer realidad su sueño de felicidad para todos. Por ello las reconocemos y nos comprometemos a vivirlas.

Queremos comprometernos a vivir el don de la Paz, tanto interior, sintiéndonos habitados por Tí, como exterior, contribuyendo a sembrarla en los demás. Por eso decimos: Nos comprometemos Señor.

Queremos comprometernos a vivir el don del Amor , descubriendo cada día el gran amor que nos tienes y viviéndolo con los hermanos. Por eso decimos: Nos comprometemos Señor.

Queremos comprometernos a vivir el don de la Bondad y la Ayuda, ayudándonos a nosotros mismos a progresar en nuestra realización personal y ayudando a los demás en todo lo que podamos. Por eso decimos: Nos comprometemos Señor.

Dios Padre Amoroso tiene misericordia de nosotros, comprende nuestros fallos y nos guía de su mano a la vida eterna. Amén

GLORIA

Gloria a Dios en el cielo….

Tú que quitas el pecado del mundo, Tú tienes piedad de nosotros...

Tú que quitas el pecado del mundo, Tú atiendes nuestras súplicas

Tú que estás sentado a la derecha del Padre,  Tú tienes piedad de nosotros…

ORACIÓN COLECTA

Señor, que vea, que vea tu rostro en cada esquina.

Que vea reír al desheredado, con risa alegre y renacida. 

Que vea encenderse la ilusión en los ojos apagados

de quien un día olvidó soñar y creer.

Que vea los brazos que, ocultos pero infatigables. construyen milagros de amor, de paz, de futuro. 

Que vea oportunidad y llamada donde a veces sólo hay bruma. 

Que vea cómo la dignidad recuperada cierra los infiernos del mundo. 

Que en otro vea a mi hermano, en el espejo, un apóstol y en mi interior te vislumbre.

Porque no quiero andar ciego. perdido de tu presencia, distraído por la nada, equivocando mis pasos hacia lugares sin ti.

Señor, que vea, que vea tu rostro en cada esquina.

Lectura de la profecía de Zacarías (9,9-10):

Así dice el Señor: «Alégrate, hija de Sión; canta, hija de Jerusalén; mira a tu rey que viene a ti justo y victorioso; modesto y cabalgando en un asno, en un pollino de borrica. Destruirá los carros de Efraín, los caballos de Jerusalén, romperá los arcos guerreros, dictará la paz a las naciones; dominará de mar a mar, del Gran Río al confín de la tierra.»

Palabra de Dios

Sal 144

R/. Bendeciré tu nombre por siempre, Dios mío, mi rey

Te ensalzaré, Dios mío, mi rey;

bendeciré tu nombre por siempre jamás.

Día tras día, te bendeciré

y alabaré tu nombre por siempre jamás. R/.

El Señor es clemente y misericordioso,

lento a la cólera y rico en piedad;

el Señor es bueno con todos,

es cariñoso con todas sus criaturas. R/.

Que todas tus criaturas te den gracias, Señor,

que te bendigan tus fieles;

que proclamen la gloria de tu reinado,

que hablen de tus hazañas. R/.

El Señor es fiel a sus palabras,

bondadoso en todas sus acciones.

El Señor sostiene a los que van a caer,

endereza a los que ya se doblan. R/.

Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Romanos (8,9.11-13):

Vosotros no estáis sujetos a la carne, sino al espíritu, ya que el Espíritu de Dios habita en vosotros. El que no tiene el Espíritu de Cristo no es de Cristo. Si el Espíritu del que resucitó a Jesús de entre los muertos habita en vosotros, el que resucitó de entre los muertos a Cristo Jesús vivificará también vuestros cuerpos mortales, por el mismo Espíritu que habita en vosotros. Así, pues, hermanos, estamos en deuda, pero no con la carne para vivir carnalmente. Pues si vivís según la carne, vais a la muerte; pero sí con el Espíritu dais muerte a las obras del cuerpo, viviréis.

Palabra de Dios

Lectura del santo evangelio según san Mateo (11,25-30):

R/Gloria a ti, Señor.

En aquel tiempo, exclamó Jesús: «Te doy gracias, Padre, Señor de cielo y tierra, porque has escondido estas cosas a los sabios y entendidos y se las has revelado a la gente sencilla. Sí, Padre, así te ha parecido mejor. 

Todo me lo ha entregado mi Padre, y nadie conoce al Hijo más que el Padre, y nadie conoce al Padre sino el Hijo, y aquel a quien el Hijo se lo quiera revelar. Venid a mí todos los que estáis cansados y agobiados, y yo os aliviaré. Cargad con mí yugo y aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón, y encontraréis vuestro descanso. Porque mi yugo es llevadero y mi carga ligera.»

Palabra del Señor.

R/Gloria a tí Señor Jesús

HOMILÍA

El evangelio de hoy tiene tres ideas yuxtapuesta por el autor de forma más bien artificial:

- La exclamación de gozo de Jesús por la revelación a los sencillos.

- La declaración sobre el Padre y el Hijo

- La invitación a tomar el suave yugo de Jesús.

Vamos a quedarnos con la primera:

Jesús siente júbilo al constatar que la Palabra es bien recibida y entendida por la gente sencilla, mientras que los grandes, los sabios, los “entendidos”, no la entienden, no la aceptan. Jesús siente júbilo por ello y da gracias al Padre.

Una vez más, los criterios y valores de Jesús chocan con los normales del mundo. Si los sabios y entendidos no aceptan la palabra de Jesús, parece evidente que toda su labor está destinada al fracaso; no será más que una doctrina popular sin influencia, sin futuro. Jesús no lo cree así: se alegra de que la gente normal se entere y se alegra también de que los poderosos se cierren.

Una vez más, nos encontramos ante el desafío de aceptar los criterios y los valores de Jesús.

Ante todo, para Jesús los sabios y entendidos no son más que los sencillos. 

Si miramos detenidamente las relaciones de Jesús con las personas, advertimos que para él no tiene ninguna importancia el status social. Jesús atiende a todos, sin importarle nunca su dinero, su sabiduría o su rango. Con una distinción: Sus relaciones con sabios y entendidos de Israel suelen ser tensas, incluso cuando está invitado a comer en sus casas. 

Mientras que sus relaciones con la gente normal son cariñosas, cercanas, sobre todo cuando se trata de gente especialmente necesitada: enfermos, rechazados, marginados.

Que sean precisamente éstos los que mejor reciben la Palabra es una enorme alegría para Jesús. Y que los sabios y poderosos no la acepten, también, porque muestra a las claras que Dios es justo y bueno, no se deja comprar, y que el dinero y el poder no pueden cambiar a Dios. 

Jesús se alegra de que Dios es de todos, sobre todo del que más lo necesita, y especialmente del que no es patrimonio del saber, del poder ni del poseer.

Jesús sabe que los sencillos, los humildes serán los que acojan la Palabra. Los otros, los sabios y entendidos no la pueden acoger, porque ya están llenos de sus normas, sus prescripciones, sus ritos, sus ideas de Dios. Están tan seguros de sí mismos, y de lo que consiguen con su propio esfuerzo, con su sabiduría, con su «conocimiento» de las Escrituras, con su verdad dogmática e indiscutible, o con sus recursos económicos, que no saben agradecer: todo se lo «merecen», se lo ganan a pulso.

Una vez más, constatamos la singularidad de Jesús. Las religiones se instauran siempre desde el poder, el poder sagrado que se origina en la posesión de la palabra sagrada y la condición sagrada de sus dirigentes, y atraen inmediatamente la riqueza, que da a sus miembros respetabilidad social. Las religiones se instalan confortablemente entre sabios, santos, poderosos; construyen maravillosos monumentos, asesoran a reyes, gobiernan, cobran.

 

Y Jesús no es así. Ni él ni su movimiento es así. Teme al dinero como a un peligro, desconfía de la sabiduría humana, no idolatra la ley, no aprecia gran cosa a los santos oficiales, no tiene buenas relaciones con el poder, no da mucho valor al templo y sus actos de culto. Pero valora enormemente a la gente sencilla, su compasión, a su solidaridad, a la limosna de la viuda, al que visita enfermos, al que pelea por la justicia.

 

Es éste un despiadado espejo en el que hemos de mirarnos nosotros, la Iglesia. La Iglesia como institución tiene el peligro constante de convertirse en una religión como todas: Poseedora de la palabra, prestigiosa, rica, constructora de maravillas costosísimas diciendo que son para el honor de Dios.

Es una tentación, y no podemos afirmar que no hayamos caído en ella, y que todavía hoy muchos de arriba y de abajo añoran todo eso. 

Y cada uno de nosotros estamos tentados a apreciar más al rico, al sabio, al influyente, al triunfador, y a sus criterios y valores: el éxito, la respetabilidad inaccesible, la influencia social...

Estamos tentados a valorar poco al más sencillo y a sus valores: la sinceridad, la colaboración, la capacidad de sacrificio, la predisposición a compartir.

 

¿Dónde está tu Dios? Es una pregunta inquietante. ¿En el Templo, en el palacio, en los bancos, en la fama, en la erudición, en el prestigio, en la influencia, en los títulos eclesiásticos?

Jesús se muestra feliz, lleno de júbilo, porque encuentra a Dios en el corazón de la gente.

Si en nuestra vida personal nos sentimos más religiosos en el templo que cuidando a un enfermo, si damos más gracias a Dios por ser ricos que por ser compasivos, si nos sentimos mejor en compañía de ricos poderosos que con gente sencilla, dejemos que Dios fervientemente nos cambie el corazón, que optemos por seguir los sentimientos de Jesús. Porque es posible que toda nuestra religiosidad sea un gran error, una fantasía, un placebo, algo que nos tranquiliza sin llevarnos a ninguna parte.

 

Hoy «toca» emocionarse -con Jesús y como él- al descubrir el trabajo callado, sorprendente y fantástico que el Padre va haciendo en tantos hermanos (ojalá también en mí mismo) y dejar que se nos «escape» una oración espontánea, alegre y profunda.

Alabemos, agradezcamos y cantemos al Señor Dios del cielo y de la tierra desde lo hondo del corazón, donde Él nos habita y conduce.

CREDO

Sacerdote.- ¿Creéis en Dios, que es nuestro Padre, que ha hecho todas las cosas y nos cuida con amor?

Todos.- Sí, Creemos.

Sacerdote.- ¿Creéis en Jesucristo, que ha puesto su Morada entre nosotros, para hacernos conocer a Dios Padre?

Todos.- Sí, Creemos.

Sacerdote.- ¿Creéis en el Espíritu Santo que vive en nosotros, y anima a la Iglesia y a todos para hacer un mundo mejor?

Todos. Sí, Creemos.

Sacerdote: ¿Creéis en la resurrección y en la Vida eterna, que ya comenzamos a disfrutar aquí y disfrutaremos plenamente al final de nuestro camino por esta vida?

Todos. Sí, Creemos.

ORACIÓN UNIVERSAL

Hermanos en el Reino, los primeros son los pequeños, los que no tienen credenciales ni reconocimiento, los que viven con actitud de apertura y corazón ensanchado. Oremos.

Queremos ser cauce de bendición.

• Trabajando para que la Iglesia apueste, sin fisuras, por las personas “invisibles”, no reconocidas y se haga presente en las situaciones de injusticia, violencia, exclusión.

Queremos ser cauce de bendición.

• Y que a los seguidores de Jesús se nos identifique por vivir en clave de servicio gratuito, cerca de quienes nos necesitan, situándonos siempre, y en toda circunstancia, del lado de los “perdedores”.

Queremos ser cauce de bendición.

• Comprometiéndonos todos nosotros a vivir nuestra vida, con sus circunstancias, en clave de fiesta y acción de gracias. Y que nuestra existencia siempre este abierta a la vida y a las personas.

Queremos ser cauce de bendición.

Padre bueno, queremos comprometernos con los pequeños del Reino, apostar, como Jesús, por los que nadie apuesta y ser cauces de la Buena Noticia. Damos gracias por Jesús de Nazaret, nuestro Hermano y Maestro.Amén

En el momento de presentar la OFRENDA de toda la Iglesia oremos a Dios Padre Misericordioso

El Señor reciba de tus manos esta OFRENDA

ORACIÓN OFRENDAS

Te presentamos, Señor, el vino y el pan para la Eucaristía. Nos recuerdan el trabajo de cada día, y la alegría y la convivencia feliz. Junto a ellos, queremos presentar nuestras vidas: Vidas cansadas y agobiadas,

vidas llenas de trabajos y preocupaciones, pero vidas, también, alegres y felices, vidas que buscan el descanso, y la convivencia feliz con la familia y amigos. Tú lo convertirás todo en pan de Vida y Bebida de Salvación.Amén

PREFACIO

El Señor está con vosotros  

Y con tu Espíritu

Levantemos el corazón

Lo tenemos levantado hacia el Señor

Damos gracias al Señor nuestro Dios

Es justo y necesario

Te damos gracias, Señor,

y queremos bendecir tu nombre,

con la sencillez de nuestras palabras humanas.

Porque, en lugar de alejarnos con tu poder y majestad,

te has manifestado cercano a todos,

bueno con todos y al alcance de los sencillos.

Has escondido los Misterios de tu Reino

a los sabios y entendidos

y los has revelado a los sencillos.

Tú no ocupas un puesto importante en nuestra sociedad, ni las Comunidades Cristianas

son un pueblo de gente poderosa e influyente.

Tu tienes tu Vida y tu Reinado

entre la gente sencilla y de buena voluntad.

Jesús, extendió los brazos en la Cruz,

con la suprema libertad del que nada posee,

y así entró en tu Reino.

Nosotros , ahora, nos unimos a los santos,

y las personas sencillas y de buen corazón

para entonar un himno de alabanza

diciendo:

SANTO SANTO SANTO

CONSAGRACIÓN Y PLEGARIA

Te glorificamos, Padre Santo,

porque estás siempre con nosotros

en el camino de la vida,

sobre todo, cuando Cristo, tu Hijo, nos congrega

para el banquete pascual de su amor.

Como hizo en otro tiempo

con los discípulos de Emaús,

él nos explica las Escrituras

y parte para nosotros el pan.

 

Recibimos tu Espíritu con alegría

para que santifique este pan y este vino y

se conviertan para nosotros

en el sacramento del Cuerpo y + la Sangre de Jesús

 

Jesús en su última comida con sus amigos

tomó un trozo de pan, lo partió y se lo paso

diciendo:

 

 

Tomad y comed todos de él,

porque esto es mi Cuerpo,

que será entregado por vosotros.

 

Después de cenar, hizo igual con la copa, diciendo:

 

Tomad y bebed todos de él,

porque éste es el cáliz de mi Sangre,

Sangre de la alianza nueva y eterna,

que será derramada por vosotros

y por todos los hombres

para iluminar vuestras vidas.

Haced esto en conmemoración mía.

 

Éste es el Sacramento de nuestra fe.

 

Anunciamos y proclamamos tu resurrección ven Señor Jesús

 

Por eso, Padre de bondad,

celebramos ahora

el memorial que Jesús nos encargó,

y proclamamos la obra de tu amor:

Cristo, tu Hijo, a través del servicio

y la entrega de su vida

ha resucitado a la vida nueva y ha sido glorificado a tu derecha.

 

Señor, Padre de misericordia, Tú derramas sobre nosotros el Espíritu del Amor, el Espíritu de tu Hijo.

 

Fortaleces a tu pueblo con el Cuerpo y la Sangre de tu Hijo y nos renuevas a todos a su imagen.

Derramas tu bendición abundante sobre el Papa León., sobre nuestro Obispo N y sobre todos tus hijos

Para que todos los miembros de la Iglesia sepamos discernir los signos de los tiempos y crezcamos en la fidelidad al Evangelio; preocupándonos de compartir en la caridad las angustias y las tristezas, las alegrías y las esperanzas de los hombres, y mostrándoles así el camino de la salvación.

 

Gracias una vez más porque

has acogido en tu casa del Cielo

a nuestros hermanos difuntos ...

todos nuestros familiares, amigos

y fieles difuntos de esta Comunidad

 

Y ahora, Padre santo, nos unimos a toda tu creación para brindar por tu mayor gloria y por la germinación de tu Bondad en nuestro mundo,

en la feliz compañía de tu hijo Jesús,

unidos a nuestra Madre María, a su esposo San José a los apóstoles, a los santos y a todas las personas de buena voluntad diciendo

Por Cristo, con Él y en Él,a ti, Dios Padre omnipotente, en la unidad del Espíritu Santo, todo honor y toda gloria por los siglos de los siglos. Amén.

PADRENUESTRO

 

PADRE Y MADRE NUESTRA

EN QUIEN SOMOS Y VIVIMOS.

Santificado sea tu nombre.

Venga a nosotros tu reino.

Hágase tu voluntad

en la tierra como en el cielo

TÚ NOS DAS HOY 

NUESTRO PAN DE CADA DÍA.

TÚ PERDONAS NUESTROS PECADOS

Y NOSOTROS QUEREMOS PERDONAR

A LOS QUE NOS OFENDEN.

No nos dejes caer en la tentación.

Y líbranos del mal. Amen.

Señor tú nos ayudas a vencer nuestros males.

Tú que dijiste a tus apóstoles : “la paz os dejo,

la paz os doy”, no tienes en cuenta nuestros 

pecados sino la fe de tu Iglesia y conforme a tu palabra nos das la paz y la unidad. Tú que vives

por los siglos de los siglos. Amén.

 

CORDERO DE DIOS

Cordero de Dios que quitas el pecado del mundo, Tú TIENES piedad de nosotros

Cordero de Dios que quitas el pecado del mundo, Tú TIENES piedad de nosotros

Cordero de Dios que quitas el pecado del mundo, Tú NOS DAS la paz

Jesús nos invita a ser pan partido y repartido para los demás.

ORACIÓN FINAL

Descansar en Ti, a la sombra, junto al arroyo, sintiendo la brisa y con la cabeza en tu hombro.

Descansar en Ti, sin temores, sin nostalgias, sin sucedáneos, sin ansias, enamorado.

Descansar en Ti, gozando el momento, libre de atillos y cargas, sin prisas para nada y soñando esperanzas.

Descansar en Ti, serenamente, ahora y a cualquier hora, hasta habituarme al gozo y a la gracia que me donas.

¡Descansar en Ti después del éxito o del fracaso y compartir gratuitamente tus más íntimas emociones!

Descansar en Ti, y darte gracias, con palabras o sin ellas, por tu presencia solidaria en la gente sencilla y llana. ¡Descansar en Ti!

BENDICIÓN

El Señor os bendice, os guarda

y en sus palmas os lleva tatuados.

Os acompaña en todos los caminos.

Y hace prósperas las obras de vuestras manos.

Sentíos siempre abrazados y bendecidos por este Dios enamorado,

Padre, Hijo y Espíritu Santo. AMÉN.

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