"Una Misa para ILUMINAR y MOVER, sin dar órdenes a Dios"
Liturgia del 18º DOMINGO ORDINARIO 2026 (A)
"Una Misa para ILUMINAR y MOVER, sin dar órdenes a Dios"
Comentario Inicial:
Esta Liturgia de la Misa va dirigida a TODOS (de arriba o de abajo) que quieran ORAR con la coherencia de una Religión ACTIVA, poco conocida por la mayoría y nada enseñada.
El Padre lo tiene TODO hecho y bien hecho. Todo concedido y perdonado. Todo está preestablecido en las “leyes de la Naturaleza”. Es eterno y habita fuera del tiempo y del espacio. Lo que hizo una vez es no admite rectificación.
Es absurdo pedirle que meta la mano en nuestro mundo y nos resuelva lo que ya ha delegado en nuestra gobernanza. No existe un "dios por fascículos", al que inútilmente se pretende hacer cambiar. Ni una “marioneta sagrada” que podamos manipular a nuestro antojo.
Somos los gestores de nuestro mundo y de todo lo que en él suceda. Todo depende de nosotros, que contamos con el regalo de la "imagen y semejanza". Dios no puede contravenir nuestra LIBERTAD y meter la mano en nuestras decisiones. Contamos con el “reino de Dios” que yace o vive en nuestro interior para iluminar y fortalecer nuestras decisiones.
El reconocerlo y vivirlo en COMUNIDAD nos ayuda, contagia, responsabiliza e impulsa. Todo lo demás es "placebo ingenuo". De arriba no bajará nada. Solo de nuestra conciencia y nuestras manos pueden salir soluciones.
La Religión PASIVA cree fanáticamente que todo depende de Dios, que hace y deshace a su antojo todo lo que nos ocurre. Por eso se insiste en forzar su voluntad con peticiones para que se adapte a nosotros. Torpe, ingenua y desesperante actividad impuesta por “guías ciegos” que conducen masas sometidas y frustradas.
La promocionada INTERCESIÓN es pura IDOLATRÍA. El Abba te constituye y te habita. Es un torrente que te envuelve y protege. Nada ni nadie puede interponerse, ni darte más.
“No te harás imagen, ni ninguna semejanza de lo que esté arriba en el cielo, ni abajo en la tierra, ni en las aguas bajo la tierra. No te postrarás ante ellas ni les darás culto…” (Ex 20,4 – Dt 5,8).
“Al Señor tu Dios adorarás, y a Él solo darás culto” (Mt 4,10 – Lc 4,8).
Y empezamos:
El amor permanente y entrañable de Dios Padre, que nos habita y sostiene, la presencia luminosa de Jesús Resucitado, su Luz y el impulso de su Espíritu ESTÁN con todos vosotros.
Y con tu Espíritu
MONICIÓN DE ENTRADA
Los medios de comunicación nos recuerdan, casi a diario, el hambre física de alimento en muchas partes del mundo. Hay también mucha hambre espiritual, hambre y sed de valores, de algo a lo que agarrarse y que hay que esperar.
Jesús dio a la gente el alimento de la compasión, de su palabra luminosa, y especialmente el alimento de su ejemplo.
Nos invita ahora a nosotros, sus discípulos de hoy, a entregarnos como alimento y bebida para otros. Celebremos la Eucaristía fortaleciendo nuestra adhesión a Él y fortaleciendo nuestra fraternidad
ACTO DE RECONOCIMIENTO
Escucharemos en la homilía un precioso cuento que nos recuerda que Dios nos hizo para realizar sus obras, para ser sus manos y pies. Y para ello nos dotó de cualidades y dones que debemos poner al servicio de los demás. Los reconocemos y nos comprometemos a ello.
Queremos comprometernos a vivir el don de la Paz, tanto interior, sintiéndonos habitados por Tí, como exterior, contribuyendo a sembrarla en los demás. Por eso decimos: Nos comprometemos Señor.
Queremos comprometernos a vivir el don del Amor, descubriendo cada día el gran amor que nos tienes y viviéndolo con los hermanos. Por eso decimos: Nos comprometemos Señor.
Queremos comprometernos a vivir el don de la Bondad y la Ayuda, ayudándonos a nosotros mismos a progresar en nuestra realización personal y ayudando a los demás en todo lo que podamos. Por eso decimos: Nos comprometemos Señor.
Dios Padre Amoroso tiene misericordia de nosotros, comprende nuestros fallos y nos guía de su mano a la vida eterna. Amén
GLORIA
Gloria a Dios en el cielo….
Tú que quitas el pecado del mundo, TÚ tienes piedad de nosotros...
Tú que quitas el pecado del mundo, TÚ atiendes nuestras súplicas
Tú que estás sentado a la derecha del Padre, TÚ tienes piedad de nosotros…
ORACIÓN COLECTA
Señor, aquí estoy delante de Ti. Vengo a ponerme en tu presencia con lo que soy. Te doy gracias por cada uno de los beneficios y bendiciones que has derramado sobre mi vida, y quiero corresponder con amor a las obras magníficas que haces a través de mí. Te ofrezco mis cinco panes y mis dos peces para que, con mi ayuda, puedas seguir sembrando la solidaridad y apoyo mutuo en nuestro mundo. Amén.
Lectura del libro de Isaías (55,1-3):
Así dice el Señor: «Oíd, sedientos todos, acudid por agua, también los que no tenéis dinero: venid, comprad trigo, comed sin pagar, vino y leche de balde. ¿Por qué gastáis dinero en lo que no alimenta, y el salario en lo que no da hartura? Escuchadme atentos y comeréis bien, saborearéis platos sustanciosos. Inclinad el oído, venid a mí: escuchadme, y viviréis. Sellaré con vosotros alianza perpetua, la promesa que aseguré a David».
Palabra de Dios
Salmo 144
R/. Abres tú la mano, Señor, y nos sacias
El Señor es clemente y misericordioso,
lento a la cólera y rico en piedad;
el Señor es bueno con todos,
es cariñoso con todas sus criaturas. R/.
Los ojos de todos te están aguardando,
tú les das la comida a su tiempo;
abres tú la mano,
y sacias de favores a todo viviente. R/.
El Señor es justo en todos sus caminos,
es bondadoso en todas sus acciones;
cerca está el Señor de los que lo invocan,
de los que lo invocan sinceramente. R/.
Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Romanos (8,35.37-39):
¿Quién podrá apartarnos del amor de Cristo?: ¿la aflicción?, ¿la angustia?, ¿la persecución?, ¿el hambre?, ¿la desnudez?, ¿el peligro?, ¿la espada?
Pero en todo esto vencemos fácilmente por aquel que nos ha amado. Pues estoy convencido de que ni muerte, ni vida, ni ángeles, ni principados, ni presente, ni futuro, ni potencias, ni altura, ni profundidad, ni criatura alguna podrá apartarnos del amor de Dios manifestado en Cristo Jesús, Señor nuestro.
Palabra de Dios
Lectura del santo evangelio según san Mateo (14,13-21):
R/Gloria a ti, Señor.
En aquel tiempo, al enterarse Jesús de la muerte de Juan, el Bautista, se marchó de allí en barca, a un sitio tranquilo y apartado. Al saberlo la gente, lo siguió por tierra desde los pueblos. Al desembarcar, vio Jesús el gentío, le dio lástima y curó a los enfermos. Como se hizo tarde, se acercaron los discípulos a decirle: «Estamos en despoblado y es muy tarde, despide a la multitud para que vayan a las aldeas y se compren de comer».
Jesús les replicó: «No hace falta que vayan, dadles vosotros de comer».
Ellos le replicaron: «Si aquí no tenemos más que cinco panes y dos peces».
Les dijo: «Traédmelos».
Mandó a la gente que se recostara en la hierba y, tomando los cinco panes y los dos peces, alzó la mirada al cielo, pronunció la bendición, partió los panes y se los dio a los discípulos; los discípulos se los dieron a la gente. Comieron todos hasta quedar satisfechos y recogieron doce cestos llenos de sobras. Comieron unos cinco mil hombres, sin contar mujeres y niños.
Palabra del Señor.
R/Gloria a tí Señor Jesús
HOMILÍA
En una ocasión una tienda de fotocopias colgó este cartel a la entrada: “Hemos hecho un acuerdo con Dios: Dios no hace fotocopias y nosotros no hacemos milagros”.
Al parecer, algunos clientes se quejaban de que las fotocopias no estaban bien hechas, y el cartel era una manera de decirles que allí hacían lo mejor que podían.
También nosotros, cuando alguien nos exige demasiado, solemos decir: “Bueno, yo no hago milagros”. El Evangelio de hoy nos dice que nosotros sí podemos, e incluso debemos hacer milagros. Y nos enseña cómo hacerlos.
Pero atención: No los milagros como los entendemos y nos los han contado, como una intervención exterior, desde fuera, de Dios.
Dios no puede intervenir directamente en nuestra historia, en nuestra vida, porque iría en contra de su designio original, y en contra de uno de los dones principales que nos ha dado, la LIBERTAD.
Dios no interviene desde fuera, lo hace desde dentro de cada uno de nosotros, impulsándonos y motivándonos para que actuemos. Somos nosotros los que tenemos que hacer los milagros.
Los evangelios relatan 35 milagros realizados por Jesús. El que más impresionó a los primeros cristianos fue el de la multiplicación de los panes, puesto que es el único que aparece contado en los cuatro evangelios. Esto no se debe a su espectacularidad, sino al mensaje que encierra.
Vamos a ello:
Dice el Evangelio que Jesús se enteró del asesinato de Juan el Bautista, su primo, por quien sentía un profundo cariño. Y quedó afectado por la noticia. Se sintió triste y dolido, y quería estar a solas para desahogar su corazón. Por eso se fue en barca a un lugar solitario, para encontrarse con su Padre a solas, en la intimidad de la oración.
Aquí tenemos una primera enseñanza: Nosotros también nos encontramos con problemas, dolores y preocupaciones, y necesitamos desahogarnos. ¿Y qué es lo que hacemos?
Algunos suelen buscar el alcohol para evadirse y adormecerse. Muchos jóvenes, que tienen problemas en sus casas, suelen sumergirse en la bebida con sus amigos para escapar del problema. Otros buscan a un curandero, un adivino o alguien que les prediga el futuro y los tranquilice. Otros quieren morirse o matarse o matar a alguien, como tantas veces oímos en las noticias.
Jesús nos enseña que la actitud correcta, cuando se atraviesa por malos momentos, es buscar el diálogo con Dios. Dios es nuestro equilibrio, nuestra paz, nuestro mejor consejero. Dios es nuestra LUZ y nuestro APOYO en los momentos de angustia.
Hace dos domingos hablamos otra vez de esa “oración de impregnación” que nos ayuda a sumergirnos en nosotros mismos para encontrarnos con Dios, sentir su amor y su fuerza, que nos vitaliza y nos ayuda a enfrentarnos con lucidez a los problemas.
Incluso Jesús, que era una persona equilibrada, necesitó buscar a Dios cuando se sintió afligido. ¡Cuánto más nosotros, ínfimos y efímeros, necesitamos apoyarnos en Dios!
Podríamos preguntarnos hoy: ¿A quién recurrimos para desahogarnos cuando estamos mal?
Está muy bien buscar a un amigo, a un sicólogo, o a alguien que nos comprenda. ¿Pero al Padre, que nos habita y acompaña siempre, le recordamos siquiera?
¿Pensamos al menos que existe y está dentro de nosotros para sostenernos e iluminarnos? No hace falta que le pidamos, solo que nos apoyemos en Él. Bien sabe lo que necesitamos y nos da gratis sin pedirlo…
Una de las jaculatorias, que más repito, para recordarme quién me acompaña siempre y sentirme seguro es ésta: “Me abandono en Ti, confío en Ti, descanso en Ti”. Lo que no quiere decir que deje de hacer lo que tenga que hacer para resolver mis problemas. Pero, la mayoría de las veces, lo que nuestra fragilidad necesita es sentirse apoyada y eliminar los miedos. Sentir que hay una Presencia Infinita, dentro de mí, que me sostiene y acompaña, me tranquiliza y llena de gozo.
El Evangelio continúa contándonos como Jesús vio frustrada su intención de estar a solas, porque la gente se enteró a dónde iba, y lo siguió por tierra. De manera que cuando él llegó, se encontró con una gran multitud que lo estaba esperando ansiosa, con sus enfermos, sus problemas y sus sufrimientos.
Al verla, Jesús decidió atenderlos, y se puso a enseñarles y escucharlos, posponiendo lo que inicialmente pretendía hacer. Olvidándose de su propio dolor, de su tristeza y de sus intenciones de estar solo y tranquilo. Había otra gente que lo necesitaba. Es la segunda enseñanza que nos deja el Evangelio de hoy.
Todos tenemos problemas. Pero, a veces, deberíamos evaluar qué es lo más urgente: Mi necesidad u obligación o AYUDAR a gente más necesitada que yo. Alguien expresó esta actitud con una frase preciosa: “Dejar a Dios por Dios”.
Si tenemos memoria, todos recordaremos la “parábola del buen samaritano”. Jesús, en esta ocasión, practicó exactamente eso. Esta es una reflexión, poco recordada a los fieles, al comentar el Evangelio de hoy.
Jesús dejó de lado su dolor, porque sintió que aquellos campesinos estaban peor que él. Nosotros vivimos poniendo como excusa para no ayudar: “Es que yo tengo muchos problemas.” Y probablemente sea verdad. Pero si vivimos pensando exclusivamente en nuestros problemas, jamás podremos ayudar a nadie. Si esperamos a que se nos vayan los inconvenientes que nos rodean para entonces ayudar, nunca ayudaremos a nadie.
Continúa el Evangelio diciendo que, cuando llegó la noche, los discípulos le pidieron a Jesús que despidiera a la gente para que se fueran a comprar comida. Pero Jesús les dijo que les dieran ellos de comer. Los discípulos, entonces, trajeron los pocos panes y peces que tenían, y así se produjo el “milagro” de que todos pudieran comer.
¿Cómo hicieron cinco mil personas para comer con cinco panes y dos peces? El Evangelio no lo dice. Pero la interpretación racional y no milagrera es que el COMPARTIR multiplica los recursos de cada uno.
La actitud de Jesús de repartir lo poco que llevaban impulsó a los demás a hacer lo mismo y se corrió la voz entre todos y todos compartieron lo que llevaban.
Y, a juzgar por lo que sobró, parece que muchos llevaban buenas alforjas, pero solo para ellos. Al juntar las existencias, resultó que llegó para todos y sobró.
Es más fácil y espectacular pensar en MILAGROS que en ACTITUDES y VALORES. Pero las lecciones de Jesús no fueron una exhibición de su poder para vanagloriarse. Jesús vino a ILUMINAR nuestras vidas y a enseñarnos el Camino. NO a exaltarse a sí mismo.
Por desgracia, las interpretaciones tradicionales de los llamados milagros han ido más por la EXALTACIÓN que por las LECCIONES de Jesús para nuestra vida ordinaria.
El jesuita Anthony de Mello contaba que una noche de crudo invierno, mientras caminaba por la calle en la India, se encontró de pronto con una niñita temblando de frío en una esquina, con un vestido delgadito, muerta de hambre y de sueño.
Al verla, entró en crisis, levantó los ojos al cielo, y le dijo a Dios: “¿Por qué permites estas cosas? ¿Por qué no haces nada para solucionarlo?”
Entonces sintió en su corazón que Dios le contestaba: “¿Cómo que no hago nada? Te hice a ti”.
Y él comenta: “Desde aquel día, cada vez que veo pobreza, injusticias o dolor, siento la tentación de decirle a Dios: ‘¿Señor, por qué no haces algo para solucionarlo? Y escucho la voz de Dios que me dice: ¿Anthony, por qué no haces algo tú para solucionarlo?”
¿A qué vino Jesús, a pavonearse y restregarnos sus poderes o a ENSEÑARNOS a ser humanos?
Cuando leas el Evangelio, busca la LUZ que te muestra el Camino de TU CONDUCTA, no los MILAGROS que jamás podrás hacer.
Aunque, a veces, tu decisión y compromiso puedan tener frutos extraordinarios. Pienso ahora en la decisión y resultados de una pobre monja como la Madre Teresa de Calcuta. Toda su vida un milagro, pero salido de sus ACTITUDES y CONDUCTA, junto a la de otros muchos a los que movió su EJEMPLO, incluidas sus monjas.
El mundo solo puede mejorar “por nuestras manos”. Dios lo tiene TODO hecho y bien hecho. Ni pidas, ni esperes milagros.
CREDO
Sacerdote. - ¿Creéis en Dios, que es nuestro Padre, que ha hecho todas las cosas y nos cuida con amor?
Todos. - Sí, Creemos.
Sacerdote. - ¿Creéis en Jesucristo, que ha puesto su Morada entre nosotros, para hacernos conocer a Dios Padre?
Todos. - Sí, Creemos.
Sacerdote. - ¿Creéis en el Espíritu Santo que vive en nosotros, y anima a la Iglesia y a todos para hacer un mundo mejor?
Todos. Sí, Creemos.
Sacerdote: ¿Creéis en la resurrección y en la Vida eterna, que ya comenzamos a disfrutar aquí y disfrutaremos plenamente al final de nuestro camino por esta vida?
Todos. Sí, Creemos.
ORACIÓN UNIVERSAL
Hermanos y hermanas, el pasaje de la multiplicación de los panes nos quiere recordar que Jesús, cuenta con nosotros para saciar el hambre material y espiritual de las personas. Oremos.
Queremos ser pan para los demás
• Deseamos que la Iglesia sea maestra en humanidad, nos recuerde siempre y en toda circunstancia, sobre todo en las periferias del mundo, que lo verdaderamente importante es saber mirar para saber amar.
Queremos ser pan para los demás
• En nuestras comunidades parroquiales y religiosas viviremos con hondura, apoyados en ese Dios que nos habita y constituye, la misión de ayudar.
Queremos ser pan para los demás
• Los creyentes seremos conscientes que no tenemos nada que esperar, todo se nos ha dado ya, sólo nos falta descubrir que el Reino de Dios está dentro de nosotros y actuar desde ahí.
Queremos ser pan para los demás
Padre bueno nos comprometemos a que esta Eucaristía sea una nueva oportunidad para darnos cuenta del Dios que nos habita y constituye como seres humanos, y que nos pide darnos a los demás. Gracias por tu hijo Jesús que resucitado vive por los siglos de los siglos
En el momento de presentar la OFRENDA de toda la Iglesia oremos a Dios Padre Misericordioso.
El Señor reciba de tus manos esta OFRENDA, para alabanza y gloria de su nombre, para nuestro bien y el de toda su santa Iglesia.
ORACIÓN OFRENDAS
Te presentamos el pan y el vino: El pan de nuestras comidas, el vino de las fiestas y la alegría. Junto a ellos, presentamos nuestras vidas: Nuestra pequeña riqueza y nuestra pobreza, nuestras necesidades y lo que nos sobra. Lo ofrecemos y lo presentamos aquí, no sólo de palabra, sino con generosidad y de verdad. PJNS
PREFACIO
El Señor está con vosotros
Y con tu Espíritu
Levantemos el corazón
Lo tenemos levantado hacia el Señor
Damos gracias al Señor nuestro Dios
Es justo y necesario
Bendito seas, Padre Dios, por darnos a Jesús de Nazaret, a quien pretendemos seguir como nuestro único líder y a quien queremos como amigo y hermano.
Conoció de cerca la pobreza, hizo vida itinerante,
tendió su mano a los marginados y proscritos por la Ley, ayudó en cuanto pudo a enfermos y desvalidos.
Jesús nos enseñó a compartir nuestros panes y peces, a dedicar a los demás nuestro tiempo,
a escuchar y atender sus problemas.
Seguir a Jesús, Padre santo,
es sentirse responsable de las tragedias de
este mundo, es ocuparse de los otros,
mostrarles nuestra solidaridad y empatía,
defender y promover activamente
las causas justas.
No es tarea fácil, pero Jesús estará con nosotros.
Por eso ahora elevamos a tí este himno de alabanza.
SANTO, SANTO, SANTO, es el Señor, Dios del Universo, llenos están el cielo y la tierra de tu gloria.
Hosanna en el cielo. Bendito el que viene en nombre del Señor. Hosanna en el cielo.
CONSAGRACIÓN Y PLEGARIA
Bendito sea Jesús, tu enviado,
el amigo de los niños y de los sencillos.
Él vino para enseñarnos
cómo debemos amarte a Ti
y amarnos los unos a los otros.
Él vino para arrancar de nuestros corazones
el mal que nos impide ser amigos
y el odio que no nos deja ser felices.
Él ha prometido que su Espíritu Santo
estará siempre con nosotros
para que vivamos
como verdaderos hijos tuyos.
Recibimos tu Espíritu con alegría
para que santifique este pan y este vino y
se conviertan para nosotros
en el sacramento del Cuerpo y + la Sangre de Jesús
El mismo Jesús,
poco antes de morir,
nos dio la prueba de tu Amor.
Cuando estaba sentado a la mesa con sus discípulos, tomó el pan,
dijo una oración para bendecirte y darte gracias,
lo partió y lo dio a sus discípulos, diciéndoles:
Tomad y comed todos de él,
porque esto es mi Cuerpo,
que será entregado por vosotros.
Del mismo modo, tomó el cáliz lleno de vino,
te dio gracias con la plegaria de bendición
y lo pasó a sus amigos, diciendo:
Tomad y bebed todos de él,
porque éste es el cáliz de mi Sangre,
Sangre de la alianza nueva y eterna,
que será derramada por vosotros
y por todos los hombres
para iluminar vuestras vidas.
Haced esto en conmemoración mía.
Éste es el Sacramento de nuestra fe.
Anunciamos y proclamamos tu resurrección ven Señor Jesús
Por eso, Padre bueno, recordamos ahora
la resurrección de Jesús, el Salvador del
mundo, y renovamos nuestra fraternidad.
Él se ha puesto en nuestras manos
para que te lo ofrezcamos como ofrenda nuestra
y junto con él nos ofrezcamos a Ti.
Tu nos escuchas, Señor Dios nuestro;
y nos das tu Espíritu de amor
a los que participamos en esta comida,
para que vivamos cada día
más unidos en la Iglesia,
con el santo Padre, el Papa León,
con nuestro Obispo N…,
los demás obispos,
y todos los que trabajan por tu pueblo.
No nos olvidamos de las personas que amamos
ni de aquellas a las que debiéramos querer más.
Te damos gracias porque nuestros
hermanos difuntos… familiares
amigos y miembros de nuestra Comunidad
están ya contigo en Tu casa del Cielo.
Y un día, nos reuniremos contigo,
con María, la Virgen, Madre de Dios y Madre nuestra, su esposo San José, los santos
y todas las personas de bien
para celebrar la gran fiesta del cielo.
Entonces, todos los amigos de Jesús, nuestro Señor, podremos cantarte sin fin.
Por Cristo, con Él y en Él, a ti, Dios Padre omnipotente, en la unidad del Espíritu Santo, todo honor y toda gloria por los siglos de los siglos. Amén.
PADRENUESTRO
PADRE Y MADRE NUESTRA
EN QUIEN SOMOS Y VIVIMOS.
Santificado sea tu nombre.
Venga a nosotros tu reino.
Hágase tu voluntad
en la tierra como en el cielo.
TÚ NOS DAS HOY
NUESTRO PAN DE CADA DÍA.
TÚ PERDONAS NUESTROS PECADOS
Y NOSOTROS QUEREMOS PERDONAR
A LOS QUE NOS OFENDEN.
No nos dejes caer en la tentación.
Y líbranos del mal. Amen.
Señor tú nos ayudas a vencer nuestros males.
Tú que dijiste a tus apóstoles: “la paz os dejo,
la paz os doy”, no tienes en cuenta nuestros
pecados sino la fe de tu Iglesia y conforme a tu palabra nos das la paz y la unidad. Tú que vives
por los siglos de los siglos. Amén.
CORDERO DE DIOS
Cordero de Dios que quitas el pecado del mundo, TÚ TIENES piedad de nosotros
Cordero de Dios que quitas el pecado del mundo, TÚ TIENES piedad de nosotros
Cordero de Dios que quitas el pecado del mundo, TÚ NOS DAS la paz
Jesús nos invita a ser pan partido y repartido para los demás.
ORACIÓN FINAL
Para creer en ti hay que tener hambre, pues vives en el pan tierno que se rompe y comparte en cualquier casa, mesa y cruce, entre hermanos, desconocidos y caminantes.
Para creer en ti hay que tener hambre, pues tú eres banquete de pobres, botín de mendigos que, vacíos, sin campos ni graneros, descubren que son ricos.
Para creer en ti hay que tener hambre, hambre de vida y justicia, que no queda satisfecha con vanas y huecas palabras, pues, aunque nos sorprendan y capten, no nos alimentan ni satisfacen.
Para creer en ti hay que tener hambre, pues sin ella olvidamos fácilmente a los dos tercios que la tienen, entre los que tú andas perdido porque son los que más te atraen.
Para creer en ti hay que tener hambre, y mantener despierto el deseo de otro pan diferente al que nos venden en mercados, plazas y encuentros donde todo se compra y vende.
Para creer en ti hay que tener hambre y, a veces, atragantarse al oírte, para descubrir la novedad de tu presencia y mensaje en este mundo sin ilusiones.
Para creer en ti hay que encarnarse, vivir entre los últimos, tener muchas ganas de compartir los cinco panes y dos peces y todas las ilusiones y necesidades.
BENDICIÓN
El Señor os bendice, os guarda
y en sus palmas os lleva tatuados.
Os acompaña en todos los caminos.
Y hace prósperas las obras de vuestras manos.
Sentíos siempre abrazados y bendecidos por este Dios enamorado,
Padre, Hijo y Espíritu Santo. AMÉN.
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