Liturgia del 3º DOMINGO DE CUARESMA 2026 (A)

"Una Misa para ILUMINAR y MOVER, sin dar órdenes a Dios"

Jesús y la samaritana
Jesús y la samaritana

Comentario Inicial:

"Vosotros dais culto a uno que no conocéis; nosotros adoramos a uno que conocemos, porque la salvación viene de los judíos". Por eso debéis fijaros siempre en Jerusalén e imitar su ejemplo: Construiréis templos grandiosos y altísimos, los llenaréis de oro, plata y mucho arte, abriréis museos en ellos y cobraréis la entrada para dar gloria a Dios, que se merece lo mejor, y no debéis escatimar recursos. Del hambre que se ocupen los políticos que para eso están.

No olvidéis que lo más importante es no caer en PECADO, como os enseñan los viejos textos bíblicos. Un "dios justo" no olvida ni la más leve ofensa.

¿Por qué creéis que me hice el encontradizo con esa Samaritana? ¿Para pedirle agua? ¡No bebí ni una sola gota! Fue para recordarle sus pecados, sus seis maridos o queridos, para que se arrepintiese y volviese a la Ley judía.

¡Cuidado con los pozos hondos y antiguos, son peligrosos, de difícil acceso y pueden estar contaminados! Mis apóstoles os han construido "ritos sacramentales" por donde desciende la Gracia fácil y cómodamente. Los Sacerdotes deberán dedicar su mayor tiempo y esfuerzo para explicaros estos "canales sagrados" y celebrarlos solemnemente cada cierto tiempo.

En especial el "sacramento del perdón" que deben impartir "mis delegados" en la Tierra para libraros de la lacra del PECADO, según las detalladas reglas establecidas. Porque un "dios justo" exige la mediación humana para perdonaros y prepararos para el resto de "canales sagrados"

"El agua que yo os daré se convertirá dentro de vosotros en un surtidor de agua que salta hasta la vida eterna", siempre que uséis las "tuberías sagradas" establecidas.

Desconfiad de los que os hablen de pozos subjetivos, de conciencias personales, de teologías renovadoras y todas esas zarandajas. Solo lo que dicten "mis representantes en la Tierra", con la agilidad y celo que les caracteriza, tendrá valor y efecto en el Cielo.

Expulsad a los que no cumplan lo que ellos digan, como a esas monjas de Belorado que, aunque no hayan cometido ninguna inmoralidad, han decidido seguir su conciencia personal en contra de mis representantes. Hacedles la vida imposible para que aprendan quién manda en mi Iglesia.

Os repito lo que advertí a la pecadora Samaritana: "Se acerca la hora, ya está aquí, en que los que quieran dar culto verdadero, adorarán al Padre en espíritu y verdad, porque el Padre desea que le den culto así. Dios es espíritu, y los que le dan culto deben hacerlo en espíritu y verdad". Por eso se han nombrado "delegados de dios en la tierra" para que os digan cómo debe ser el "culto verdadero" y lo que significa "espíritu y verdad".

Desconfiad de los que, no teniendo autoridad delegada, os hablan de mística, de subjetivismos, de conciencia, de pozos sin autorizar, de renovación y de evolución. Todo está legislado y establecido, mucho más que en mi tiempo. No hace falta pensar mucho.

Y empezamos:

El amor permanente y entrañable de Dios Padre, que nos habita y sostiene, la presencia luminosa de Jesús Resucitado, su Luz y el impulso de su Espíritu están con todos vosotros.

MONICIÓN DE ENTRADA

Aun cuando no siempre hayamos sido las personas y los cristianos que debiéramos haber sido, sabemos que Jesús nos trata siempre con respeto y ve el potencial para el bien que tenemos.

Conoce mejor que nosotros nuestra fuente interior, nuestro corazón donde habita Dios. Es la fuente de agua viva que salta hasta la vida eterna. En la eucaristía renovamos nuestra conciencia en esa fuente y nos adherimos a Jesús que nos muestra cómo debemos encontrarla.

ACTO DE RECONOCIMIENTO

La verdadera felicidad tiene su raíz en DAR y en recordar que me han dotado de tesoros para compartir. Valorarme a mí mismo y a los demás, en especial los más próximos, agradecer las cosas simples de la vida, es el camino de la felicidad.

Por eso ahora doy gracias a Dios Padre por los tesoros que ha puesto en mí, el agua viva, y me comprometo a compartirlos con los demás,

Queremos comprometernos a vivir el don de la Paz, tanto interior, sintiéndonos habitados por Tí, como exterior, contribuyendo a sembrarla en los demás. Por eso decimos: Nos comprometemos Señor.

Queremos comprometernos a vivir el don del Amor, descubriendo cada día el gran amor que nos tienes y viviéndolo con los hermanos. Por eso decimos: Nos comprometemos Señor.

Queremos comprometernos a vivir el don de la Bondad y la Ayuda, ayudándonos a nosotros mismos a progresar en nuestra realización personal y ayudando a los demás en todo lo que podamos. Por eso decimos: Nos comprometemos Señor.

Dios Padre Amoroso tiene misericordia de nosotros, comprende nuestros fallos y nos guía de su mano a la vida eterna. Amén

ORACIÓN COLECTA

Buscamos agua, Señor,

como la «Samaritana»,

para aplacar nuestra sed:

sed del cuerpo y sed del alma.

A la «fuente del poder»

nos acercamos con ansia.

Bebemos copa tras copa,

y nuestra sed no se calma.

En la «fuente del consumo»

rellenamos nuestras jarras.

Disfrutamos de caprichos,

y nuestra sed no se apaga.

Buscamos fuertes aplausos

en la «fuente de la fama»

Somos la «envidia» de todos,

y nuestra sed no se sacia.

Tú, Señor, eres la «FUENTE».

Tú, Señor, eres el «AGUA».

Calma, Señor, nuestra sed

en la «Fuente de tu gracia».

Danos, Señor, «agua viva»,

saltando en nuestras entrañas,

con olor a fe y a amor

y con sabor a esperanza.

Que abramos, Señor, a todos

la puerta de nuestra casa

y les demos a beber

el agua de nuestra cántara.

Lectura del Libro del Éxodo. (Ex. 17, 3-7).

En aquellos días, el pueblo torturado por la sed, murmuró contra Moisés: ¿Nos has hecho salir de Egipto para hacernos morir de sed a nosotros, a nuestros hijos y a nuestros ganados?

Clamó Moisés al Señor y dijo: ¿qué puedo hacer con este pueblo? Poco falta para que me apedreen.

Respondió el Señor a Moisés: Preséntate al pueblo llevando contigo alguno de los ancianos de Israel; lleva también en tu mano el cayado con que golpeaste el río y vete, que allí estaré yo ante ti, sobre la peña, en Horeb; golpearás la peña y saldrá de ella agua para que beba el pueblo.

Moisés lo hizo así a la vista de los ancianos de Israel.

Y puso por nombre a aquel lugar Massá y Meribá, por la reyerta de los hijos de Israel y porque habían tentado al Señor diciendo: ¿Está o no está el Señor en medio de nosotros?

Palabra de Dios

Salmo-aclamación

Todos:- Bendito seas, Padre.

Bendito seas, Padre,

por la sed que despiertas en nosotros.

Bendito seas por el agua

que apaga la sed de tantas tierras

y de tantas personas que viven en nuestro mundo.

Bendito seas por el agua

que es útil, humilde y servicial.

Todos:- Bendito seas, Padre.

Bendito seas,

por el Agua Viva que nos da Tu Hijo.

Él nos sacia la sed,

Él riega nuestros corazones secos.

Él da vida a nuestra vida.

Él aumenta el deseo de encontrarte.

Todos:- Bendito seas, Padre.

Nos das tu Agua siempre,

y con nuestras manos haremos un cuenco,

para así llevar el Agua de tu amor

a todos los que nos rodean,

para poder apagar su sed.

Todos:- Bendito seas, Padre.

Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Romanos (5,1-2.5-8):

Ya que hemos recibido la justificación por la fe, estamos en paz con Dios, por medio de nuestro Señor Jesucristo. Por él hemos obtenido con la fe el acceso a esta gracia en que estamos: y nos gloriamos, apoyados en la esperanza de alcanzar la gloria de Dios. Y la esperanza no defrauda, porque el amor de Dios ha sido derramado en nuestros corazones con el Espíritu Santo que se nos ha dado.

Palabra de Dios

Lectura del santo evangelio según san Juan (4,5-42):

R/Gloria a tí Señor

En aquel tiempo, llegó Jesús a un pueblo de Samaria llamado Sicar, cerca del campo que dio Jacob a su hijo José; allí estaba el manantial de Jacob.

Jesús, cansado del camino, estaba allí sentado junto al manantial. Era alrededor del mediodía.

Llega una mujer de Samaria a sacar agua, y Jesús le dice: «Dame de beber» Sus discípulos se habían ido al pueblo a comprar comida.

La samaritana le dice: «¿Cómo tú, siendo judío, me pides de beber a mí, que soy samaritana?» Porque los judíos no se tratan con los samaritanos.

Jesús le contestó: «Si conocieras el don de Dios y quién es el que te pide de beber, le pedirías tú, y él te daría agua viva».

La mujer le dice: «Señor, si no tienes cubo, y el pozo es hondo, ¿de dónde sacas agua viva?; ¿Eres tú más que nuestro padre Jacob, que nos dio este pozo, y de él bebieron él y sus hijos y sus ganados?»

Jesús le contestó: «El que bebe de esta agua vuelve a tener sed; pero el que beba del agua que yo le daré nunca más tendrá sed: el agua que yo le daré se convertirá dentro de él en un surtidor de agua que salta hasta la vida eterna».

La mujer le dice: «Señor, dame de esa agua así no tendré más sed ni tendré que venir aquí a sacarla».

Él le dice: «Anda, llama a tu marido y vuelve».

La mujer le contesta: «No tengo marido».

Jesús le dice: «Tienes razón que no tienes marido; has tenido ya cinco y el de ahora no es tu marido. En eso has dicho la verdad».

La mujer le dijo: «Señor, veo que tú eres un profeta. Nuestros padres dieron culto en este monte, y vosotros decís que el sitio donde se debe dar culto está en Jerusalén».

Jesús le dice: «Créeme, mujer: se acerca la hora en que ni en este monte ni en Jerusalén daréis culto al Padre. Vosotros dais culto a uno que no conocéis; nosotros adoramos a uno que conocemos, porque la salvación viene de los judíos. Pero se acerca la hora, ya está aquí, en que los que quieran dar culto verdadero adorarán al Padre en espíritu y verdad, porque el Padre desea que le den culto así. Dios es espíritu, y los que le dan culto deben hacerlo en espíritu y verdad».

La mujer le dice: «Sé que va a venir el Mesías, el Cristo; cuando venga, él nos lo dirá todo».

Jesús le dice: «Soy yo, el que habla contigo».

En ese momento llegaron sus discípulos y quedaron sorprendidos al verlo hablar con una mujer. Sin embargo, ninguno le preguntó: «¿Qué quieres de ella?» o «¿Por qué hablas con ella?».

La mujer, dejando allí su cántaro, corrió a la ciudad y dijo a la gente: «Venid a ver a un hombre que me ha dicho todo lo que hice. ¿No será el Mesías?»

Salieron entonces de la ciudad y fueron a su encuentro.

Mientras tanto, los discípulos le insistían a Jesús, diciendo: «Come, Maestro». Pero él les dijo: «Yo tengo para comer un alimento que vosotros no conocéis».

Los discípulos se preguntaban entre sí: «¿Alguien le habrá traído de comer?». Jesús les respondió:

«Mi comida es hacer la voluntad de aquel que me envió y llevar a cabo su obra.

Vosotros decís que aún faltan cuatro meses para la cosecha. Pero yo les digo: Levantad los ojos y mirad los campos: ya están madurando para la siega.

Ya el segador recibe su salario y recoge el grano para la Vida eterna; así el que siembra y el que cosecha comparten una misma alegría. Porque en esto se cumple el proverbio: «Uno siembra y otro cosecha».

Yo os envié a cosechar donde vosotros no habéis trabajado, otros han trabajado, y vosotros recogéis el fruto de sus esfuerzos».

Muchos samaritanos de esa ciudad habían creído en él por la palabra de la mujer, que atestiguaba: «Me ha dicho todo lo que hice». Por eso, cuando los samaritanos se acercaron a Jesús, le rogaban que se quedara con ellos, y él permaneció allí dos días.  

Muchos más creyeron en él, a causa de su palabra. Y decían a la mujer: «Ya no creemos por lo que tú has dicho; nosotros mismos lo hemos oído y sabemos que él es verdaderamente el Salvador del mundo».

Palabra del Señor.

Gloria a tí Señor Jesús

HOMILÍA

Los escritores bíblicos utilizaron diversos géneros literarios para transmitir su mensaje: historias, poemas, parábolas. Hoy nosotros vamos a reflexionar sobre este pasaje evangélico en forma de carta dirigida a la samaritana, que refleja con gran profundidad lo que significó para ella el encuentro con Jesús, y nos muestra también lo que significa para nosotros encontrarnos con él. ¡Escuchadla con atención!

No sé tu nombre. El evangelista no nos dejó este «detalle». Seguramente porque hay muchos y muchas que son como tú.

Pero nos cuenta que, como todos los días, con una rutina inconsciente, sales de casa, haces lo de siempre, vas donde siempre, caminas como siempre…

Llegas llena de polvo, y sucia de sudor, por ese sol de justicia que todo lo agrieta.

Las calles están vacías, a nadie se le ocurre salir con ese solazo… A ti sí. A lo mejor es que prefieres no cruzarte con nadie. 

Pero ojos escondidos te espían a través de las ventanas y murmuran de ti, y te juzgan con desprecio, y te condenan: «Es una cualquiera, se enrolla con todos los que se le ponen a tiro, ¡ya ha tenido cinco maridos!!!». 

Lo cierto es que tienes sed, llevas el corazón reseco y agrietado, dolorido, desengañado de tantos que han jugado contigo, te han usado, y no te han devuelto ni la mínima parte de lo que tú les has dado.

Te has agotado de intentar encontrar un amor que te llene. Tarea siempre difícil. Y vacía te has quedado.

Llegas al pozo cansada de buscar y no encontrar nada, como tantos.

Quisieras que tu vida tuviera algún sentido, importarle a alguien, que te respetaran, que te tuvieran en cuenta, quisieras ser feliz, poder levantarte con ilusión cada mañana y triunfar sobre esa rutina que te vence, que te cansa, que te aburre, que te hace estar harta de todo y de todos, y no ser menos que otros, encontrar un hombro sobre el que desahogarte (¡Qué duro es tragarse a solas la soledad!),

quisieras una sonrisa de comprensión cuando no te salen bien las cosas, una chispa de esperanza cuando el cielo se vuelve negro.

Ese cántaro vacío que llevas contigo se parece mucho a tu corazón: nunca se llena del todo, se vacía deprisa.

Acudes siempre a los mismos pozos y acabas echando dentro cualquier agua, aunque realmente no calme tu sed.

Ningún agua sacia del todo nuestra sed. Volvemos de nuevo a tenerla. Y al beberla y saborearla… apenas unos sorbitos, nos dejan con ganas de más.

Y hoy, por sorpresa, sin esperarlo ni verlo venir, bajo ese calor del mediodía, distraída con tus pensamientos… te topas con Jesús.

Tuviste la enorme suerte de encontrarte con él aunque no tenías ni idea de quién era, y te pidió de beber. Pero no le importó que fueras mujer, que estuvieras casada, que fueras una «hereje» samaritana. No le importó que le vieran charlando contigo.

Tú que andas sedienta, y te piden agua. Tú que te sientes sola, y te piden un poco de compañía y conversación. Tú tan necesitada de unas palabras amables y respetuosas… y te las piden a ti.

Lo que necesita ese Desconocido no era nada difícil para ti, pero tú sueles ponerte a la defensiva con cualquiera que se te acerca. Hay demasiados prejuicios en tu cabeza (seguramente justificados), y demasiada desconfianza en el corazón. ¿Otro que intenta aprovecharse de ti?

Sin embargo, también él parece cansado y necesitado, sediento como tú, y no te juzga, ni te da órdenes. Sólo te invita a mirar hacia dentro de ti, para que descubras que eres valiosa, que no te conoces bien, que tu corazón sigue siendo capaz de dar, y de amar, y que tú mereces algo mejor de lo que hasta ahora has encontrado, no puedes conformarte con el primero que llega, porque tienes dentro un manantial inagotable que nace de lo alto, en el mismo corazón de Dios. Así que no busques fuera, pues lo que necesitas lo llevas dentro.

Y cuando alguien no se quiere a sí mismo, no se valora lo suficiente nunca se sentirá querido por nadie, sólo conseguirá que lo usen. Que dejes de auto compadecerte y mires a los que puedan necesitar tu humilde cántaro.

Necesitas reconocer tu verdad, tus errores, tu sentimiento de vacío, y ya va siendo hora de que te abras a Dios.

Ese Dios que te necesita, que te pide, que no te hace reproches ni te juzga, que comprende tu dolor y te trata con respeto, que te abre caminos nuevos, que te hace mirarte a ti misma con ojos nuevos, que te llena de esperanza. Que te invita a quererte a pesar de tu vacío, tu pecado y tu pobreza.

Aquel Desconocido, a cambio de un poco de tu agua… te ha empapado de amor.

¡Qué suerte tuviste, samaritana, y qué valiente por atreverte a hablarle con sinceridad!

Samaritana: Dile que también yo necesito su Agua Viva. Dile que salga a mi encuentro en cualquier recodo del camino, y me diga sus palabras serenas. Dile que tenga paciencia si, como tú al principio, parece que le rechazo, si me muestro autosuficiente, si me las doy de no necesitar nada ni a nadie. Dile que me ayude también a reconocer mi realidad y sane mis heridas.

Dile que me ensanche el corazón y me ayude a descubrir que dentro de mí hay una Fuente de Vida (el Espíritu) con la que puedo dar a otros de beber.

Yo también quiero que se me acerque, a la hora que él elija, y me hable y me pida de beber.

Dile que yo también quiero que me haga capaz -como tú- de ir a contar a otros lo que me ha dicho, lo que ha hecho conmigo y que yo sepa, como él, acoger, escuchar, comprender y animar a tantos que necesitan sentirse escuchados y acogidos, acompañados… Con toda mi admiración y respeto, te saludo samaritana.

CREDO

Sacerdote.- ¿Creéis en Dios, que es nuestro Padre, que ha hecho todas las cosas y nos cuida con amor?

Todos.- Sí, Creemos.

Sacerdote.- ¿Creéis en Jesucristo, que ha puesto su Morada entre nosotros, para hacernos conocer a Dios Padre?

Todos.- Sí, Creemos.

Sacerdote.- ¿Creéis en el Espíritu Santo que vive entre nosotros, y anima a la Iglesia y a todos para hacer un mundo mejor?

Todos. Sí, Creemos.

Sacerdote: ¿Creéis en la resurrección y en la Vida eterna, que ya comenzamos a disfrutar aquí y disfrutaremos plenamente al final de nuestro camino por esta vida?

Todos. Sí, Creemos.

ORACIÓN UNIVERSAL

Hermanos, Jesús es la fuente que sacia nuestra sed. En Él se nos da todo lo que necesitamos para ser fermento de una nueva humanidad. Oremos.

Jesús, tú eres nuestra fuente

• Queremos que la Iglesia recuerde que el verdadero culto significa colaborar con su obra creadora; servir y apostar por los olvidados de este mundo, trabajar siempre en favor de la vida y una vida feliz.

Jesús, tú eres nuestra fuente

• Queremos que nuestras celebraciones sean expresión de nuestro deseo de vida; alimento y aliento en nuestro compromiso con la humanidad más doliente y excluida de este mundo.

Jesús, tú eres nuestra fuente

• Queremos que nuestras relaciones sean liberadoras, apuesta firme por el bien de cada persona, camino de fraternidad y unidad universal.

Jesús, tú eres nuestra fuente

Padre y Madre buena, deseamos acertar a escuchar la Palabra de Jesús con novedad; no vivir nuestra fe con rutina y comodidad; ser alimento y bebida para quienes nos necesitan. Amén

En el momento de presentar la OFRENDA de toda la Iglesia oremos a Dios Padre Misericordioso

El Señor reciba de tus manos esta OFRENDA

ORACIÓN OFRENDAS

Junto con el pan y el vino te ofrecemos nuestras vidas. Estamos dispuestos a luchar para que el mundo consiga saciar el hambre y la sed. Estamos dispuestos a luchar para que haya hambre y sed de justicia y de paz. Estamos dispuestos a luchar por conseguir una sociedad más igual y más humana. PJNS

PREFACIO

El Señor está con vosotros  

Y con tu Espíritu

Levantemos el corazón

Lo tenemos levantado hacia el Señor

Damos gracias al Señor nuestro Dios

Es justo y necesario

Qué hermoso es, Señor,

estar en tu presencia y alabarte;

porque Tú estás en medio de nosotros.

Tú eres el agua que acaba con la sed de los campos,

Tú eres el agua que hace brotar y florecer la naturaleza;

Tú eres el agua que sacia nuestros deseos y aspiraciones;

Tú eres el agua que da vida y sentido a nuestros deseos humanos.

Tú nos conoces a cada uno por nuestro nombre y nuestra vida.

Tú nos enviaste a tu Hijo Jesús, para saciar nuestra sed, y para llenar de sentido nuestras vidas sencillas.

Él es nuestro hermano mayor, la palabra de vida.

Recogiendo el eco de la Creación

y de todas las personas de buena voluntad

unimos ahora nuestras voces para decirte:

SANTO, SANTO, SANTO 

CONSAGRACIÓN Y PLEGARIA

Bendito sea Jesús, tu enviado

el amigo de los niños y de los sencillos.

Él vino para enseñarnos

cómo debemos amarte a Ti

y amarnos los unos a los otros.

Él vino para arrancar de nuestros corazones

el mal que nos impide ser amigos

y el odio que no nos deja ser felices.

Él ha prometido que su Espíritu Santo

estará siempre con nosotros

para que vivamos

como verdaderos hijos tuyos.

 

Recibimos tu Espíritu con alegría

para que santifique este pan y este vino y

se conviertan para nosotros

en el sacramento del Cuerpo y + la Sangre de Jesús, en la Persona y la Vida de Jesús, aquí significadas.

 

El mismo Jesús,

poco antes de morir,

nos dio la prueba de tu Amor.

Cuando estaba sentado a la mesa con sus discípulos, tomó el pan,

dijo una oración para bendecirte y darte gracias,

lo partió y lo compartió con sus discípulos, diciéndoles:

Tomad y comed todos de él,

porque esto es mi Cuerpo,

que será entregado por vosotros.

 

Del mismo modo, tomó el cáliz lleno de vino,

te dio gracias con la plegaria de bendición

y lo pasó a sus amigos, diciendo:

 

Tomad y bebed todos de él,

porque éste es el cáliz de mi Sangre,

Sangre de la alianza nueva y eterna,

que será derramada por vosotros

y por todos los hombres

para iluminar vuestras vidas.

Haced esto en conmemoración mía.

 

Éste es el Sacramento de nuestra fe.

Anunciamos y proclamamos tu resurrección ven Señor Jesús

 

Por eso, Padre bueno, recordamos ahora

la resurrección de Jesús, el Salvador del

mundo, y renovamos nuestra fraternidad.

Él se ha puesto en nuestras manos

para que te lo ofrezcamos como ofrenda nuestra

y junto con él nos ofrezcamos a Ti.

Tú nos escuchas, Señor Dios nuestro;

y nos das tu Espíritu de amor

a los que participamos en esta comida,

para que vivamos cada día

más unidos en la Iglesia,

con el Papa León,

con nuestro Obispo N...,

los demás obispos,

y todos los que trabajan por tu pueblo.

 

No nos olvidamos de las personas que amamos

ni de aquellas a las que debiéramos querer más.

 

Te damos gracias porque nuestros

hermanos difuntos… familiares

amigos y miembros de nuestra Comunidad

están ya contigo en Tu casa del Cielo.

 

Y un día, nos reuniremos contigo,

con María, la Virgen, Madre de Dios y Madre nuestra, su esposo San José, los santos

y todas las personas de bien

para celebrar la gran fiesta del cielo.

Entonces, todos los amigos de Jesús, nuestro Señor, podremos cantarte sin fin. 

Por Cristo, con Él y en Él, a ti, Dios Padre omnipotente, en la unidad del Espíritu Santo, todo honor y toda gloria por los siglos de los siglos. Amén

PADRENUESTRO

PADRE Y MADRE NUESTRA

EN QUIEN SOMOS Y VIVIMOS.

Santificado sea tu nombre.

Venga a nosotros tu reino.

Hágase tu voluntad

en la tierra como en el cielo

TÚ NOS DAS HOY 

NUESTRO PAN DE CADA DÍA.

TÚ PERDONAS NUESTROS PECADOS

Y NOSOTROS QUEREMOS PERDONAR

A LOS QUE NOS OFENDEN.

No nos dejes caer en la tentación.

Y líbranos del mal. Amén.

Señor tú nos ayudas a vencer nuestros males.

Tú que dijiste a tus apóstoles : “la paz os dejo,

mi paz os doy”, no tienes en cuenta nuestros 

pecados sino la fe de tu Iglesia y conforme a tu palabra nos das la paz y la unidad. Tú que vives

por los siglos de los siglos. Amén.

CORDERO DE DIOS

Cordero de Dios que quitas el pecado del mundo, Tú TIENES piedad de nosotros

Cordero de Dios que quitas el pecado del mundo, Tú TIENES piedad de nosotros

Cordero de Dios que quitas el pecado del mundo, Tú NOS DAS la paz

Jesús nos invita a ser pan partido y repartido para los demás.

ORACIÓN FINAL

Nos empeñamos

en sacar agua

de pozos incompletos.

Nos atormenta la sed

y por más que intentamos

saciarla

con egos y banderas,

discursos y espejismos,

al rato

vuelve el ansia,

la necesidad,

la frustración.

Dicen que hay un manantial

de Agua viva,

eterna, posible.

Y que quien bebe

de esa fuente,

no pasa más sed.

Hablan

de un Amor inmortal,

y de la justicia.

Cantan la libertad.

Pero no basta con oírlo.

Hay que creerlo.

Y lanzarse a buscar

esa verdad primera,

que desafía

al vértigo,

la desnudez,

y la mortalidad,

desde el salto al vacío

de la confianza en ese Dios palpable

que nos alimenta y sostiene

desde dentro, donde Él mana siempre.

BENDICIÓN

El Señor os bendice, os guarda

y en sus palmas os lleva tatuados.

Os acompaña en todos los caminos.

Y hace prósperas las obras de vuestras manos.

Sentíos siempre abrazados y bendecidos por este Dios enamorado,

Padre, Hijo y Espíritu Santo. AMÉN.

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