Liturgia del 3º DOMINGO DE PASCUA 2026 (A)

"Una Misa para ILUMINAR y MOVER, sin dar órdenes a Dios"

Icono Camino de Emaús
Icono Camino de Emaús

Comentario Inicial:

¿Arde vuestro corazón? ¿O solo cumple y miente? 

¿Pedís y pedís al Gran Ídolo establecido que os resuelva todos los problemas y necesidades? ¿O sabéis que sois vosotros quienes tenéis que resolver vuestros problemas porque habéis sido creados "autónomos y libres"?

¿Qué nos dijo el Creador: Te resolveré todo solo con pedirlo? ¿O expresó claramente: "Creced, multiplicaos y gobernad la Tierra", llena de recursos para vosotros?

Pues enteraos de una vez: "El Abba de Jesús lo tiene TODO creado, perdonado y concedido desde la eternidad donde vive".

Solo nosotros podemos conseguir, perdonar y sentirnos perdonados en este TIEMPO que nos limita, sabiendo que portamos una energía eterna dentro de nosotros que nos ilumina y fortalece para avanzar en la vida y conseguir el equilibrio y la plenitud de nuestra corta existencia humana.

La Religión PASIVA es un instinto religioso muy primitivo. Pásate a la racional Religión ACTIVA que ha descubierto con inteligencia y coherencia nuestro rol ante un Dios Eterno y Pleno que TODO lo tiene hecho y entregado. Es tu hora y tu tiempo.

Y empezamos:

El amor permanente y entrañable de Dios Padre que nos habita y sostiene, la presencia luminosa de Jesús Resucitado, la Luz y el impulso de su Espíritu está con todos nosotros.

MONICIÓN DE ENTRADA 

Escrito hace tantos siglos, el relato de los discípulos de Emaús desmarcándose del grupo, desencantados y tristes, sigue siendo una catequesis muy adecuada para nosotros. El escándalo y la decepción –de la cruz entonces y de la pederastia o el clericalismo ahora–, nos impiden sentirnos Iglesia. En la comunidad fraterna y solidaria, al partir el pan, podemos reconocer a Jesús y recuperar la esperanza y la confianza en la humanidad.

GLORIA

Gloria a Dios en el cielo….

Tú que quitas el pecado del mundo, Tú tienes piedad de nosotros...

Tú que quitas el pecado del mundo, Tú atiendes nuestras súplicas

Tú que estás sentado a la derecha del Padre,  Tú tienes piedad de nosotros

ORACIÓN COLECTA

A veces iré distraído

y a mi vera serás

peregrino ignorado.

Tú hazte notar.

Puede que vaya

sumido en fracasos,

rumiando derrotas,

lamentando golpes,

arrastrando penas

sin ver el sol radiante,

la vida que bulle,

tu manos tendidas.

Tú toca mi hombro

e importúname.

Acaso perdido en palabras

no escuche Tu voz

desvelando lo escrito

en el cielo, en la historia,

en el acontecer de cada día.

Tú grita.

Quizás no te lo pida,

no te abra la puerta,

ni me dé cuenta

del hambre

que nos atenaza.

Pero Tú quédate.

Tal vez, al conocerte,

te quiera retener

en mi casa, a mi mesa

apresando el instante.

Tú te irás de nuevo,

dejando en mi pecho

el fuego de mil hogueras,

y la alegría del reencuentro.

Lectura del libro de los Hechos de los Apóstoles (2,14.22-33):

EL día de Pentecostés Pedro, poniéndose en pie junto a los Once, levantó su voz y con toda solemnidad declaró:

«Judíos y vecinos todos de Jerusalén, enteraos bien y escuchad atentamente mis palabras.

A Jesús el Nazareno, varón acreditado por Dios ante vosotros con los milagros, prodigios y signos que Dios realizó por medio de él, como vosotros mismos sabéis, a éste, entregado conforme al plan que Dios tenía establecido y previsto, lo matasteis, clavándole a una cruz por manos de hombres inicuos.

Pero Dios lo resucitó, librándolo de los dolores de la muerte, por cuanto no era posible que esta lo retuviera bajo su dominio, pues David dice, refiriéndose a él:

“Veía siempre al Señor delante de mí, pues está a mi derecha para que no vacile. Por eso se me alegró el corazón, exultó mi lengua, y hasta mi carne descansará esperanzada. Porque no me abandonarás en el lugar de los muertos, ni dejarás que tu Santo experimente corrupción. Me has enseñado senderos de vida, me saciarás de gozo con tu rostro”.

Hermanos, permitidme hablaros con franqueza: el patriarca David murió y lo enterraron, y su sepulcro está entre nosotros hasta el día de hoy. Pero como era profeta y sabía que Dios “le había jurado con juramento sentar en su trono a un descendiente suyo”, previéndolo, habló de la resurrección del Mesías cuando dijo que “no lo abandonará en el lugar de los muertos” y que “su carne no experimentará corrupción”.

A este Jesús lo resucitó Dios, de lo cual todos nosotros somos testigos.

Exaltado, pues, por la diestra de Dios y habiendo recibido del Padre la promesa del Espíritu Santo, lo ha derramado. Esto es lo que estáis viendo y oyendo».

Palabra de Dios

Sal 15

R/. Señor, me enseñarás el sendero de la vida

Protégeme, Dios mío, que me refugio en ti.

Yo digo al Señor: «Tú eres mi Dios».

El Señor es el lote de mi heredad y mi copa,

mi suerte está en tu mano. R/.

Bendeciré al Señor, que me aconseja,

hasta de noche me instruye internamente.

Tengo siempre presente al Señor,

con él a mi derecha no vacilaré. R/.

Por eso se me alegra el corazón,

se gozan mis entrañas,

y mi carne descansa esperanzada.

Porque no me abandonarás en la región de los muertos,

ni dejarás a tu fiel ver la corrupción. R/.

Me enseñarás el sendero de la vida,

me saciarás de gozo en tu presencia,

de alegría perpetua a tu derecha. R/.

Lectura de la primera carta del apóstol san Pedro (1,17-21):

Queridos hermanos:

Puesto que podéis llamar Padre al que juzga imparcialmente según las obras de cada uno, comportaos con temor durante el tiempo de vuestra peregrinación, pues ya sabéis que fuisteis liberados de vuestra conducta inútil, heredada de vuestros padres, pero no con algo corruptible, con oro o plata, sino con una sangre preciosa, como la de un cordero sin defecto y sin mancha, Cristo, previsto ya antes de la creación del mundo y manifestado en los últimos tiempos por vosotros, que, por medio de él, creéis en Dios, que lo resucitó de entre los muertos y le dio gloria, de manera que vuestra fe y vuestra esperanza estén puestas en Dios.

Palabra de Dios

Lectura del santo evangelio según san Lucas (24,13-35):

R/ Gloria a tí Señor

Aquel mismo día (el primero de la semana), dos de los discípulos de Jesús iban caminando a una aldea llamada Emaús, distante de Jerusalén unos sesenta estadios; iban conversando entre ellos de todo lo que había sucedido.

Mientras conversaban y discutían, Jesús en persona se acercó y se puso a caminar con ellos. Pero sus ojos no eran capaces de reconocerlo.

Él les dijo:

«¿Qué conversación es esa que traéis mientras vais de camino?».

Ellos se detuvieron con aire entristecido, Y uno de ellos, que se llamaba Cleofás, le respondió:

«¿Eres tú el único forastero en Jerusalén que no sabes lo que ha pasado allí estos días?».

Él les dijo:

«¿Qué?».

Ellos le contestaron:

«Lo de Jesús el Nazareno, que fue un profeta poderoso en obras y palabras, ante Dios y ante todo el pueblo; cómo lo entregaron los sumos sacerdotes y nuestros jefes para que lo condenaran a muerte, y lo crucificaran. Nosotros esperábamos que él iba a liberar a Israel, pero, con todo esto, ya estamos en el tercer día desde que esto sucedió. Es verdad que algunas mujeres de nuestro grupo nos han sobresaltado, pues habiendo ido muy de mañana al sepulcro, y no habiendo encontrado su cuerpo, vinieron diciendo que incluso habían visto una aparición de ángeles, que dicen que está vivo. Algunos de los nuestros fueron también al sepulcro y lo encontraron como habían dicho las mujeres; pero a él no lo vieron».

Entonces él les dijo:

«¡Qué necios y torpes sois para creer lo que dijeron los profetas! ¿No era necesario que el Mesías padeciera esto y entrara así en su gloria?».

Y, comenzando por Moisés y siguiendo por todos los profetas, les explicó lo que se refería a él en todas las Escrituras.

Llegaron cerca de la aldea adónde iban y él simuló que iba a seguir caminando; pero ellos lo apremiaron, diciendo:

«Quédate con nosotros, porque atardece y el día va de caída».

Y entró para quedarse con ellos. Sentado a la mesa con ellos, tomó el pan, pronunció la bendición, lo partió y se lo iba dando. A ellos se les abrieron los ojos y lo reconocieron.

Pero él desapareció de su vista.

Y se dijeron el uno al otro:

«¿No ardía nuestro corazón mientras nos hablaba por el camino y nos explicaba las Escrituras?».

Y, levantándose en aquel momento, se volvieron a Jerusalén, donde encontraron reunidos a los Once con sus compañeros, que estaban diciendo:

«Era verdad, ha resucitado el Señor y se ha aparecido a Simón».

Y ellos contaron lo que les había pasado por el camino y cómo lo habían reconocido al partir el pan.

Palabra de Dios

Gloria a tí Señor Jesús

HOMILÍA

En una viñeta de Mafalda, ésta contempla a su padre, recién levantado, ojeroso, desgreñado, sin afeitar… y pregunta: “Mamá, cuando conociste a papá, ¿sentiste que te devoraban las llamas de la pasión, o apenas que algo se te tostaba?”.

El chiste viene a colación por lo que hemos escuchado en el Evangelio. Los dos discípulos de Emaús van caminando con Jesús, pero sus ojos no eran capaces de reconocerlo. Además, aunque son miembros del grupo de discípulos y saben lo que han dicho las mujeres, Pedro y Juan al volver del sepulcro vacío, no se enteran de lo que ha ocurrido, como les dice Jesús: ¡Qué necios y torpes sois para creer lo que dijeron los profetas! ¿No era necesario que el Mesías padeciera esto y entrara así en su gloria?

Como a aquellos discípulos Jesús nos pregunta: ¿Qué conversación es esa que traéis mientras vais de camino?

¿Qué le respondemos? ¿Qué es lo que nos preocupa y lo que nos ocupa mientras caminamos? ¿De qué hablamos? ¿Nuestras conversaciones son profundas, alegres, positivas, constructivas? ¿Es Jesús y su mensaje tema frecuente en nuestra conversación?

Ellos responden: nosotros esperábamos… esperaban todavía un Mesías davídico-rey, seguían aún con las consignas de tantos escribas y doctores de la ley que proyectaban sobre las Escrituras sus propios prejuicios. Leían a Jesús a la luz de las Escrituras y no al revés: las Escrituras a la luz de Jesús.

Ahora Jesús les enseña a leer bien. ¡Qué importante es esto de saber leer bien! Aprender a leer las Escrituras a la luz de Jesús.

Antes leían lo antiguo y vestían con ello a Jesús. Todavía queda mucho de eso en nuestra Iglesia, se sigue aplicando conceptos y criterios del AT, que Jesús ya superó.

Nosotros esperábamos, es una frase que podemos reconocer como nuestra y que refleja nuestras propias decepciones: Esperamos que la Iglesia... Esperamos que el Obispo... esperamos que el sínodo... Esperamos que el Papa... Esperamos lo que nadie puede darnos desde fuera y surge la desilusión.

Pero se nos escapa que lo que Dios puede darnos ya lo tenemos. El desengaño es fruto de una falsa esperanza, por seguir esperando lo que Jesús ya nos está dando, y llega la desilusión. Y es que se nos ha olvidado que el Dios está siempre con nosotros, nos ilumina y nos anima: “en Él somos, nos movemos y existimos”, afirmaba Pablo.

Como entonces, Jesús va siempre con nosotros en nuestro caminar. Pero el episodio nos advierte que es posible caminar junto a él y no enterarnos. Habrá que estar más atento si, de verdad, queremos entrar en contacto con él.

Es una crítica a nuestra religiosidad demasiado apoyada en lo externo. A Jesús no lo vamos a encontrar en el templo, ni en los rezos, ni en los ritos rutinarios, sino en nuestro interior llenito de dones para la vida real, que se perderán si no los aprovechamos para nuestro crecimiento y la ayuda a los demás. Si no encontramos ahí al Caminante de Emaús, cualquier otra presencia será engañosa. 

Pero, finalmente, cuando Jesús, sentado a la mesa con ellos, tomó el pan, pronunció la bendición, lo partió y se lo iba dando, a ellos se les abrieron los ojos y lo reconocieron. Y, entonces, se dijeron el uno al otro: ¿No ardía nuestro corazón mientras nos hablaba por el camino y nos explicaba las Escrituras? Ésta es la pregunta que el Evangelio nos invita a hacernos hoy.

Parafraseando el chiste de Mafalda, al celebrar la Resurrección del Señor, ¿sentimos que “nos devoran las llamas de la pasión”, que arde nuestro corazón, como el de los discípulos de Emaús? ¿O “apenas sentimos que algo se nos tuesta”?

¿Seguimos prácticamente igual que ayer y anteayer, sin percatarnos del Camino que hay que recorrer en la vida y sin reconocer al Caminante divino que nos acompaña siempre?

En la 1ª lectura hemos escuchado que a Pedro, aunque había negado tres veces a Jesús y le costó creer al ver el sepulcro vacío, ahora sí que “le devoran las llamas de la pasión”, el fuego del Espíritu Santo, porque el día de Pentecostés, poniéndose en pie junto a los Once, levantó la voz y con toda solemnidad declaró: A Jesús el Nazareno lo matasteis, clavándole a una cruz… A este Jesús lo resucitó Dios, de lo cual todos nosotros somos testigos.

¿Nuestra experiencia de fe estos días es similar? ¿Notamos y se nos nota de algún modo que estamos celebrando el acontecimiento central de nuestra fe, que somos hijos de la Resurrección?

El jesuita y escritor Carlos G. Vallés, en su libro “Como leones rugientes”, indica que San Juan Crisóstomo decía en sus sermones “que los fieles deberían salir de la Eucaristía «como leones rugientes», llenos de fuerza, de vigor y de energía por todo lo que acaban de vivir y sentir”.

Y también señala que “el gran enemigo de ese rugido es la RUTINA debilitante, de algo que se repite cada domingo y cada día”, el mero cumplimiento, el estar atados a tradiciones vacías.

Como con los discípulos de Emaús, el Señor se acerca y se pone a caminar a nuestro lado. Quizá la rutina y la costumbre hacen que no seamos capaces de reconocerlo, pero por eso, una vez más, nos explica las Escrituras y parte para nosotros el Pan, para que podamos reconocerlo, volverlo a conocer, y que nuestro corazón arda, que sintamos que nos devoran las llamas de la pasión, y salgamos “como leones rugientes” a dar testimonio de que verdaderamente el Señor ha resucitado.

Y preguntémonos finalmente: ¿Nos reconocen a los cristianos por compartir nuestro pan, nuestro tiempo, nuestra solidaridad, nuestra alegría?

¿Reconoce alguien a Jesús a través de nuestras palabras y nuestros gestos?

CREDO

Sacerdote.- ¿Creéis en Dios, que es nuestro Padre, que ha hecho todas las cosas y nos cuida con amor?

Todos.- Sí, Creemos.

Sacerdote.- ¿Creéis en Jesucristo, que ha puesto su Morada entre nosotros, para hacernos conocer a Dios Padre?

Todos.- Sí, Creemos.

Sacerdote.- ¿Creéis en el Espíritu Santo que vive entre nosotros, y anima a la Iglesia y a todos para hacer un mundo mejor?

Todos. Sí, Creemos.

Sacerdote: ¿Creéis en la resurrección y en la Vida eterna, que ya comenzamos a disfrutar aquí y disfrutaremos plenamente al final de nuestro camino por esta vida?

ORACIÓN UNIVERSAL

Hermanos, el camino de Emaús nos recuerda el camino que tenemos que hacer los discípulos y nuestras comunidades de fe para reconocer la presencia de Jesús entre nosotros. Oremos.

Queremos escuchar la Palabra y compartir el Pan.

• Necesitamos una Iglesia renovada, capaz de asombrarse ante la presencia del Resucitado, que intente leer los nuevos signos de este mundo y esté dispuesta a buscar nuevos caminos para proclamar la Vida que no termina.

Queremos escuchar la Palabra y compartir el Pan.

• Deseamos que nuestras señas de identidad, como discípulos de Jesús, sean una fe adulta, una vida que sirve, un compromiso con los más desfavorecidos y una acogida amorosa sin condiciones.

Queremos escuchar la Palabra y compartir el Pan.

• Buscamos en nuestras comunidades parroquiales y religiosas escuelas que favorezcan procesos de crecimiento humanos y de fe, acompañamiento en nuestras búsquedas e inquietudes.

Queremos escuchar la Palabra y compartir el Pan.

Padre bueno, queremos ver a tu hijo resucitado en quien camina a nuestro lado, en la fracción del pan, en nuestra pequeña entrega de cada día, en la acogida al necesitado, en la alegría de la comunidad reunida para celebrar la Eucaristía. Él que resucitado vive por los siglos de los siglos. Amén

En el momento de presentar la OFRENDA de toda la Iglesia oremos a Dios Padre Misericordioso

El Señor reciba de tus manos esta OFRENDA

ORACIÓN OFRENDAS

Te ofrecemos, Señor, el pan, signo de fraternidad, y el vino, símbolo de alegría y amistad. Junto a ellos te ofrecemos nuestras vidas, nuestros mejores deseos de convivir en alegría de trabajar a favor de un mundo, más alegre y en paz. Tú lo convertirás todo en pan de vida y bebida de salvación. PJNS.

PREFACIO

El Señor está con vosotros  

Y con tu Espíritu

Levantemos el corazón

Lo tenemos levantado hacia el Señor

Damos gracias al Señor nuestro Dios

Es justo y necesario

Te damos gracias,

porque nos has comunicado la alegría de Tu Resurrección,

y tu Evangelio ha llegado a nuestras vidas.

Tu Hijo, que sufrió la muerte de Cruz,

no puede volver a morir ya.

Y es como un reguero de LUZ

hacia el lejano horizonte del futuro.

No queremos

quedarnos atrás desperdigados y miedosos.

Que la Luz de la Resurrección sea para nosotros,

perspectiva de nuestra propia resurrección.

Siguiendo Tu Luz, seremos alegres y sinceros,

sin prejuicios para ayudar a todos,

y hacer más habitable este mundo.

Llenos de la alegría de la Resurrección

nos unimos a los santos y las personas de buen corazón, para entonar un himno de alabanza diciendo :

SANTO SANTO SANTO

CONSAGRACIÓN y PLEGARIA

Te glorificamos, Padre Santo,

porque estás siempre con nosotros

en el camino de la vida,

sobre todo, cuando Cristo, tu Hijo, nos congrega

para el banquete pascual de su amor.

Como hizo en otro tiempo

con los discípulos de Emaús,

él nos explica las Escrituras

y parte para nosotros el pan.

 

Recibimos tu Espíritu con alegría

para que santifique este pan y este vino y

se conviertan para nosotros

en el sacramento del Cuerpo y + la Sangre de Jesús

 

Jesús en su última comida con sus amigos

tomó un trozo de pan, lo partió y se lo paso

diciendo: 

Tomad y comed todos de él,

porque esto es mi Cuerpo,

que será entregado por vosotros.

Después de cenar, hizo igual con la copa, diciendo:

 

Tomad y bebed todos de él,

porque éste es el cáliz de mi Sangre,

Sangre de la alianza nueva y eterna,

que será derramada por vosotros

y por todos los hombres

para iluminar vuestras vidas.

Haced esto en conmemoración mía.

Éste es el Sacramento de nuestra fe.

Anunciamos y proclamamos tu resurrección ven Señor Jesús

Por eso, Padre de bondad,

celebramos ahora

el memorial que Jesús nos encargó,

y proclamamos la obra de tu amor:

Cristo, tu Hijo, a través del servicio

y la entrega de su vida

ha resucitado a la vida nueva y ha sido glorificado a tu derecha.

 

Señor, Padre de misericordia, Tú derramas sobre nosotros el Espíritu del Amor, el Espíritu de tu Hijo.

Fortaleces a tu pueblo con el Cuerpo y la Sangre de tu Hijo y nos renuevas a todos a su imagen.

Derramas tu bendición abundante sobre el Papa León, sobre nuestro Obispo N… y sobre todos tus hijos

Para que todos los miembros de la Iglesia sepamos discernir los signos de los tiempos y crezcamos en la fidelidad al Evangelio; preocupándonos de compartir en la caridad las angustias y las tristezas, las alegrías y las esperanzas de los hombres, y mostrándoles así el camino de la salvación.

 

Gracias una vez más porque

has acogido en tu casa del Cielo

a nuestros hermanos difuntos ...

todos nuestros familiares, amigos

y fieles difuntos de esta Comunidad.

 

Y ahora, Padre santo, nos unimos a toda tu creación para brindar por tu mayor gloria y por la germinación de tu Bondad en nuestro mundo,

en la feliz compañía de tu hijo Jesús,

unidos a nuestra Madre María, a su esposo San José a los apóstoles, a los santos y a todas las personas de buena voluntad diciendo

Por Cristo, con Él y en Él, a ti, Dios Padre omnipotente, en la unidad del Espíritu Santo, todo honor y toda gloria por los siglos de los siglos. Amén

PADRENUESTRO

PADRE Y MADRE NUESTRA

EN QUIEN SOMOS Y VIVIMOS.

Santificado sea tu nombre.

Venga a nosotros tu reino.

Hágase tu voluntad

en la tierra como en el cielo

TÚ NOS DAS HOY 

NUESTRO PAN DE CADA DÍA.

TÚ PERDONAS NUESTROS PECADOS

Y NOSOTROS QUEREMOS PERDONAR

A LOS QUE NOS OFENDEN.

No nos dejes caer en la tentación.

Y líbranos del mal. Amén.

Señor tú nos ayudas a vencer nuestros males.

Tú que dijiste a tus apóstoles : “la paz os dejo,

mi paz os doy”, no tienes en cuenta nuestros 

pecados sino la fe de tu Iglesia y conforme a tu palabra nos das la paz y la unidad. Tú que vives

por los siglos de los siglos. Amén.

CORDERO DE DIOS

Cordero de Dios que quitas el pecado del mundo, Tú TIENES piedad de nosotros

Cordero de Dios que quitas el pecado del mundo, Tú TIENES piedad de nosotros

Cordero de Dios que quitas el pecado del mundo, Tú NOS DAS la paz

Jesús nos invita a ser pan partido y repartido para los demás.

ORACIÓN FINAL

¿Qué dónde estoy, me preguntas?

A tu lado, estoy amigo, en la noche de la espera,

en el alba de la vida, en el viento de la sierra,

en la tarde despoblada, en el sueño que no sueña,

en el hambre desgarrada y en el pan para la mesa,

en el gozo compartido y en la aislada amarga pena.

En el silencio sellado y en el grito de protesta.

En la cruz de cada día y en la muerte que se acerca.

En la luz de la otra orilla y en mi amor como respuesta.

¿Qué dónde estoy, me preguntas?

A tu lado estoy amigo; vivo y camino en la tierra,

peregrino hacia Emaús para sentarme a tu mesa;

al partir de nuevo el pan descubrirás mi presencia.

Estoy aquí, con vosotros, con el alma en flor despierta,

en esta Pascua de amor galopando por las venas

de vuestra sangre empapada de un Dios que vive y sueña.

¿Qué dónde estoy, me preguntas?

A tu lado estoy amigo; desnúdate a la sorpresa,

abre los ojos y mira hacia dentro y hacia fuera,

que en el lagar del dolor tengo mis gozos y penas,

y en la noria del amor, yo, tu Dios, llamo a la puerta.

¿Qué dónde estoy, me preguntas?

EN TU VIDA, es la respuesta.

BENDICIÓN

El Señor os bendice, os guarda

y en sus palmas os lleva tatuados.

Os acompaña en todos los caminos.

Y hace prósperas las obras de vuestras manos.

Sentíos siempre abrazados y bendecidos por este Dios enamorado,

Padre, Hijo y Espíritu Santo. AMÉN

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