Antigüedad sacralizada

En un mundo sacralizado, las leyes, normas y costumbres tienen por criterio y referencia la “voluntad de los dioses”. Cada tribu, y cada pueblo tienen sus propios dioses, templos y sacerdotes. Los intérpretes de la voluntad divina son los pontífices y el lugar de encuentro, los templos.

Con frecuencia la misma persona ejerce de pontífice, de “rey” o jefe del pueblo. Dentro del Imperio Romano, el Emperador es Pontifex Maximus.

Las conductas personales y reglas sociales se rigen por los mismos criterios, formulados en clave religiosa.

El cristianismo desacraliza la ciencia y la política. Al poder político lo pone fuera de las competencias jerárquicas de la religión. Y a la religión y creencias, fuera del poder político.

Sin embargo el año 325 Constantino integra el cristianismo y lo convierte en religión del Estado. El emperador Teodosio (372) abdica en el obispo de Roma su título de Pontifex Maximus y se declara a sí mismo “defensor de la fe”.

La Iglesia, en adelante, hace suyos los “intereses” del Estado y participa de sus privilegios. El Estado ejercerá de defensor de la FE e interviene en la elección de obispos y papas.

¿Fue la Jerarquía quien se hizo con el poder civil? ¿Fueron los poderosos civiles quienes se apoderaron de la Iglesia?

Dos hechos:

*En todos los Concilios anteriores al Vaticano II el Emperador o los reyes tuvieron influencia importante.

*A no pocas batallas acudieron obispos con sus mesnadas.

La Iglesia-pueblo y la Sociedad-pueblo salieron muy tocadas, pese a algunos beneficios que les pudieron llegar.

La Iglesia se sintió más segura. ¿Más evangélica?

A diecisiete siglos de aquellos acontecimientos se nos escapan cosas, datos, dolores, expectativas, aportaciones positivas, frenazos. La sociedad se fue reconstruyendo con lo que iba quedando. ¡que, pese a catástrofe, no era poco!

La lección, sin embargo, está ahí: todos salieron perdiendo. Más, los que parecían “más favorecidos”

La “Edad Antigua” termina por la corrupción social del Imperio Romano y, en dos siglos, genera profunda decadencia, debilidad, frustración.

Los bárbaros le dan el golpe definitivo.

Se abre aguda crisis de Humanidad. La Iglesia, joven y perseguida, queda como baluarte y proyecto de futuro.
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