"Ecclesia semper reformanda”

La Iglesia es interna a la sociedad y reclama de los cristianos dedicación y calidad responsable en las tareas de la ciudad. ¿Puede alguien tenerse por seguidor de Jesucristo sin emplearse a fondo en el crecimiento humano personal y social, preocupándose sólo del “más allá”?

Por otra parte vivimos estímulos, llamadas y perspectivas que crean firmeza y orientación hacia la plenitud, aunque con frecuencia tengamos que avergonzarnos de reflejar a Jesucristo de manera tan desvaída.
La sociedad necesita integrar el dinamismo evangélico, también en su aspecto “trascendente”.

La Humanidad necesita cambiar los criterios inhumanos vigentes por criterios coherentes con la estructura interna de la persona.

Urge crear criterios honrados y para esa tarea el proyecto de Jesús es claro y eficaz a la hora de formular y dar eficacia a esos criterios humanos.

La realidad eclesiástica necesita contrastarse permanente con los criterios evangélicos y con las realidades nuevas de las personas y de la sociedad.

Es clásica la afirmación: “Ecclesia semper reformanda” (la Iglesia necesita continua reforma)
Con frecuencia se ha visto necesitada de purificación. La historia está sembrada de altos y bajos, divisiones, infidelidades, distanciamientos… Y a la vez hemos de reconocer que nunca faltaron personas y comunidades viviendo con naturalidad el horizonte evangélico, la alegría de su fe y el crecimiento de humanidad.

La estructura de la persona es constitutivamente positiva, creación de Dios. La estructura de la sociedad es fruto de la libertad humana y puede ser desviada de su objetivo por la malicia y también por oscuridad e ignorancia.
La honradez particular de las personas individuales no redime la estructura social desviada. A no ser que la persona supere el particularismo y se sitúe en amistad abierta, camino eficaz para romper egoísmos privados y sociales.
Urge crear y fomentar criterios ¡humanos! en organizaciones civiles y conjuntos sociales. En esto un camino seguro y eficaz sería poner en marcha propuestas evangélicas (no necesariamente eclesiásticas).

Esta tarea, propia de los seglares cristianos es, precisamente, Evangelización.
Necesitamos hacer buenos análisis, resolver problemas, organizar oposición eficiente. Todo esto es necesario, pero no basta.

Es necesario dar contenido evangélico a la antítesis que lúcidamente Marx describió como herramienta del cambio social. Lástima que Marx, por su ateísmo, no presentara alternativas de contenido humano realista. Supuso que eliminando al explotador vigente, surgiría automática la ansiada liberación mundial.

Tarea base de la Iglesia es vivir el “acontecimiento Jesucristo” como realidad viva y activa de plenitud personal y sobre todo SOCIAL. La historia tan lenta y el padecimiento irritante de tantas víctimas, nos exigen ir dando vigencia y haciendo realidad los modos comunitarios de Jesús.

Los funcionamientos sociales con calidad evangélica son valiosos y necesarios en la sociedad.
Tenemos experiencias personales de que seguir a Jesucristo es buen camino hacia crecimiento humano.
Faltan, sin embargo, experiencias de calado social que presenten con lucidez cómo el seguimiento de Jesús es camino eficaz hacia la sociedad justa y pacífica en plenitud.

Las experiencias de los monjes fueron guía alternativa de producción económica, de convivencia y de sencillez organizativa. Sin embargo no se logró transvasar a la sociedad misma las líneas claves y adecuadas
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