Que nadie titubee Es tiempo de creer para cuidar la casa común

Cartel de la campaña Manos Unidas. Un lema desafiante
Cartel de la campaña Manos Unidas. Un lema desafiante

El «cuidado de la casa común» es una llamada que precisa atención urgente para que todas las personas tengamos una vida digna en la que se respeten los derechos humanos

Nuestra fe en el Creador nos permite y nos impulsa a encontrar razones y compromisos para ser cuidadosos con la obra de Dios. Por tanto, se trata de un cuidar que nace del creer

Siempre hay tiempo para darse cuenta y reaccionar, para dejar de dar la espalda al planeta y cuidar la «casa común»

El «cuidado de la casa común» es una llamada que precisa atención urgente para que todas las personas tengamos una vida digna en la que se respeten los derechos humanos

Animados por Manos Unidas, vemos que el tiempo apremia para cuidar la casa común con nuestras manos unidas. Que nadie titubee

El pasado año Manos Unidas lanzó un proyecto trienal (2019-2021) bajo el título “Promoviendo Derechos con Hechos”. Como viene haciendo coherente y constantemente desde que nació, Manos Unidas llama nuestra atención sobre el conjunto de los derechos humanos, garantes de la dignidad de las personas y condición insoslayable en la lucha contra el hambre, la pobreza y la desigualdad.

En este marco, la campaña 61 de este 2020 presenta un lema desafiante: “Quien más sufre el maltrato al planeta no eres tú”. Nos hace recapacitar sobre el sufrimiento con proyección universal. Algo ineludible para la Iglesia católica y cada uno de sus discípulos misioneros. Cada cual puede pensar que no hay nadie que sufra más que él, aunque en el fondo sabe que no es así. Pero, además, este lema habla de un sufrimiento ligado al maltrato del planeta. Un asunto que algunos no acaban de entender ni, por tanto, admitir, mientras que a otros les resulta indiferente.

Nuestra fe en el Creador nos permite y nos impulsa a encontrar razones y compromisos para ser cuidadosos con la obra de Dios. Por tanto, se trata de un cuidar que nace del creer. Como también surge de contemplar las maravillas de la creación; de estar en contacto con la naturaleza y, en muchos casos, de reconocer nuestra dependencia de ella y de comprometernos a salvaguardarla.

Siempre hay tiempo para darse cuenta y reaccionar, para dejar de dar la espalda al planeta y cuidar la «casa común». Sabemos que el consumismo desenfrenado nos llena de cosas y nos vacía el espíritu. Y nos cuesta ponerle freno. Por supuesto, la inmoderación en la adquisición de bienes innecesarios provoca la sobreexplotación de los recursos naturales, la deforestación, el aumento de la contaminación. Más aún, hemos de preocuparnos seriamente por conocer cómo el ritmo de maltrato con el que infligimos a la tierra, a la creación, provoca hambre, escasez de agua, fuerza las migraciones y, por tanto, aumenta la pobreza y el sufrimiento de muchas personas en lugares lejanos a nuestra Galicia, a nuestras poblaciones, a nuestros prados, montes, costas y mares de Mondoñedo-Ferrol, que también están dañados.

El «cuidado de la casa común» es una llamada que precisa atención urgente para que todas las personas tengamos una vida digna en la que se respeten los derechos humanos. Lo cual exige que ayudemos a los pueblos más vulnerables para que puedan superar las consecuencias de la crisis medioambiental. Una acción ciertamente justa, puesto que, siendo los más afectados, ellos son los menos culpables del problema. Por consiguiente, hoy es tiempo de cuidar la casa común, sin dilación, desde la fe que hemos recibido y profesamos con gratitud y satisfacción. En definitiva, es tiempo de creer para cuidar.

Es tiempo de creer para cuidar nuestra solidaridad con los más empobrecidos, como fruto de la justicia y el amor que hemos conocido en Cristo Jesús.

Es tiempo de creer para cuidar el medioambiente, frenando el consumismo exacerbado y asegurando la supervivencia de los seres vivos, comenzando por la familia humana amenazada.

Es tiempo de creer para cuidar la cultura del encuentro y la inclusión, evitando la dinámica del desecho y del descarte, especialmente con las personas, tal y como el Evangelio de Jesús nos anima a hacer.

Es tiempo de creer para cuidar el compromiso con la agricultura familiar, de modo que todos puedan tener acceso a los alimentos imprescindibles para vivir y lo hagan desde una opción agroecológica.

Es tiempo de creer para cuidar sistemas de producción y consumo sostenibles y respetuosos con la obra que Dios ha puesto en nuestras manos.

Es tiempo de creer para cuidar las decisiones valientes que nos conducen a un mundo más sostenible, justo y pacífico, que esté cada vez más cerca del reino nuevo.

Animados por Manos Unidas, vemos que el tiempo apremia para cuidar la casa común con nuestras manos unidas. Que nadie titubee. Con el corazón puesto en los cielos y las manos sobre la tierra, renovemos nuestra fe en Dios Creador. Hacen falta todos los corazones y todas las manos.

✠ Luis Ángel de las Heras Berzal, cmf
Obispo de Mondoñedo-Ferrol

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