Carta abierta de la REPAM-Brasil denuncia la violencia contra los pueblos de la Amazonia

La situación de constantes ataques y violación de los derechos humanos por la que pasan los habitantes de la Amazonia brasileña ha convertido a esta región en una tierra sin ley, sin estado de derecho, donde los dueños del capital campan a sus anchas con la connivencia del poder político, judiciario y las fuerzas de orden público.

En esos términos podríamos resumir el contenido de una carta abierta, que tiene por titulo, “¡Tanta violencia en la Amazonia, pero la Vida, Don de Dios, es más fuerte!”, firmada por el Cardenal Claudio Hummes y Monseñor Erwin Kräuter, Presidente de la Red Eclesial Pan Amazónica (REPAM) y de la REPAM-Brasil, respectivamente, en la que con palabras valientes y llenas de profecía denuncian, con datos concretos y detallados, los innumerables atropellos contra la vida de los pueblos de la Amazonia.

En el contexto de los días en que los cristianos celebramos “la encarnación de Dios”, la carta, publicada este último 29 de diciembre, “denuncia con indignación las señales de muerte y opresión del Pueblo de Dios que impiden el nacimiento del Niño Jesús en la Amazonia”.

La Amazonia se ha convertido en “una moneda de cambio en las tramas políticas” de representantes públicos que “están en el barro de la corrupción y se olvidaron del pueblo y de sus expectativas”. Las consecuencias las pagan los pueblos amazónicos que resisten ante la destrucción de nuestra Casa Común.

Muchos son asesinados, expulsados de sus casas y tierras, perseguidos, impedidos de reunirse y organizarse..., como relata la carta a través de múltiples ejemplos que ponen de manifiesto situaciones acontecidas a lo largo de este último año y que, en muchos casos, producen escalofríos delante de tanta violencia y conspiración por parte de quienes deberían defenderles. La consecuencia ha sido que “el año 2017 se encierra con un saldo sin precedentes de muertes de campesinos, hombres, mujeres y niños. Los conflictos se fortalecieron y se expandieron por todos los rincones de la Amazonia”.

Las denuncias recogidas en la carta constatan ”una imperdonable negligencia por parte del Estado, que en esos conflictos no defendió suficientemente a las víctimas y, en algunos casos, asumió hasta el papel de agresor”, lo que se hace más grave si tenemos en cuenta “la falta de investigaciones y la impunidad en la mayoría de los crímenes cometidos en la Amazonia”.

Ante esta situación “la Red Eclesial Pan Amazónica continúa actuando al lado de las iglesias locales y de la sociedad civil, fuertemente preocupada con el escenario de creciente violación de los derechos y de la grande casa común, del hogar que Dios en su infinito amor creó para todos nosotros”.

Todo ello a partir de una “fe profética” y de la “certeza de la encarnación de Dios en medio de los pobres..., los predilectos de Dios”, en una actitud que sólo quiere ser “reflejo de esa luz que en el niño nacido en Belén comenzó a iluminar el mundo”.

Texto íntegro de la Carta

Brasilia, 29 de diciembre de 2017

¡Tanta violencia en la Amazonia, pero la Vida, Don de Dios, es más fuerte!


Carta Abierta de la Red Eclesial Pan Amazónica


Gritos de dolores de mi pueblo rompen el silencio de la floresta. La sangre de mi pueblo es semilla que fecunda el suelo de la Amazonia, y hace resurgir la esperanza en medio de la lucha y el sufrimiento. Padre Claudio Perani, SJ – Profeta de la Amazonia (1932-2008).


La Red Eclesial Pan Amazónica (Repam) anuncia con esperanza la encarnación de Dios en las tierras Amazónicas y denuncia con indignación las señales de muerte y opresión del Pueblo de Dios que impiden el nacimiento del Niño Jesús en la Amazonia.

La actual coyuntura política de la región revela el distanciamiento de muchos líderes políticos de las enseñanzas y preceptos del Dios de la justicia. Muchos están en el barro de la corrupción y se olvidaron del pueblo y de sus expectativas. Permiten que la Amazonia sea una moneda de cambio en las tramas políticas en cuanto llenan sus bolsillos a costa de los recursos públicos, de las propinas y sobornos traicionando la confianza del pueblo que los eligió.

La Amazonia está en disputa en una batalla cobarde y deshonesta. En cuanto los gananciosos de las empresas nacionales e multinacionales, disputan sus tierras y sus riquezas naturales, los pueblos de la Amazonia caen bajo el yugo de la injusticia. Indios, campesinos, recolectores de látex, descendientes de esclavos, los pueblos de la floresta reaccionan y se ponen delante de los grilletes de la destrucción de su nhandereko-há, su casa común. Con valentía y distinción, enfrentan a los explotadores de la madera, de los minerales, del agro negocio y de los recursos naturales. Es ejemplar la paradigmática resistencia frente a los proyectos públicos y privados de la actividad minera en la Amazonia. Tenemos los frutos de esa lucha como la victoria de la sociedad civil organizada en el caso de la Reserva de Cobre y Asociados (Renca), en Amapá y Pará, o la suspensión de la licencia de instalación para la minera canadiense Belo Sun en la Volta Grande do Xingu, en Pará.

En muchos casos, sin embargo, los pueblos de la Amazonia enfrentan a aquellos que destruyen las florestas y envenenan los ríos y se oponen a los grandes dueños de tierra apenas con sus cuerpos que cargan en la piel las marcas de la violencia. Cada día representantes de los pueblos de la floresta están cayendo en una lucha desigual.

Está teniendo lugar una ofensiva anti-indígena, comandada por los diputados ruralistas con el apoyo contundente de parte de los poderes Ejecutivo y Judicial que se concreta en el no cumplimiento de los derechos constitucionales y la demarcación de sus territorios y la posible liberación del arrendamiento de sus tierras para el agro negocio, haciendo invisible su modo de vida tradicional.

Nos preocupa la realidad de los pueblos que viven en situación de aislamiento y riesgo en los estados de Acre, Amazonas, Pará, Maranhão, Rondônia y Mato Grosso. Los cortes de recursos del gobierno federal comprometieron las acciones de fiscalización y protección de sus territorios, imponiendo la condición de víctimas de una probable masacre de indígenas en el estado de Amazonas y que éste fue practicado por buscadores de oro, cazadores y madereros. Los hechos necesitan ser investigados. Es urgente acabar con el proceso de expropiación territorial y de aniquilación de los habitantes originarios de este país.

Datos del Informe “Violencia Contra Pueblos Indígenas de Brasil” recogidos en el año 2016 y lanzado por el Consejo Indigenista Misionero (Cimi), apunta que violencia contra los pueblos indígenas aumentó. Crecieron los casos de homicidio, suicidio y mortalidad infantil.

El año 2017 se encierra con un saldo sin precedentes de muertes de campesinos, hombres, mujeres y niños. Los conflictos se fortalecieron y se expandieron por todos los rincones de la Amazonia.

En el mes de marzo fue matado el ex-concejal Elpídio, en el municipio de Colniza (MT). Hasta hoy sin respuesta en la justicia. El día 19 de abril, matones encapuchados, contratados por hacendados, atacaron el asentamiento Taquaruçu del Norte en el municipio de Colniza, con el resultado de al menos nueve muertes de campesinos. Colniza encierra el año con el asesinato de su alcalde. “La democracia fue herida de muerte” comenta el obispo de la diócesis de Juina, Monseñor Neri José Tondello. “Colniza continúa en los titulares entre los municipios más violentos del país. Parecemos tierra de nadie. Tierra sin Ley. Tierra sin Estado de Derecho”, denuncia el obispo.

En el mes de mayo, el campamento Padre Josimo, en la Comunidad Tauá - municipio de Carrasco (TO), fue quemado en una reintegración de pose promovida por el Instituto Nacional de Colonización y Reforma Agraria (Incra), contra 500 familias vinculadas al Movimiento de los Trabajadores Rurales Sin Tierra (MST).

El 24 de mayo, los acampados en la Haciendo Santa Lucía, localizada en el municipio de Pau D’Arco, en el Estado de Pará, fueron sorprendidos en la madrugada por una operación policial de expulsión incluyendo pistoleros y agentes de seguridad privada que torturaron y mataron diez campesinos de forma brutal. Diecisiete policías responsables por la masacre llegaron a ser presos, pero el Tribunal de Justicia de Pará concedió libertad a nueve policías de los presos el último 18 de diciembre.

Los conflictos socio ambientales se esparcieron por otro municipios de Amapá, donde los campesinos e indígenas sufren con el envenenamiento de las producciones agro ecológicas en la región de Maruanum en Calçoene, municipio controlado por empresa maderera que ha promovido la destrucción de caminos de acceso a las propiedades, quema de casas y tierras de cultivo.

El día 14 de Noviembre, veintiún campesinos de la Comunidad Gostoso, municipio de Aldeias Altas, en Maranhão, fueron detenidos por la policía militar y llevados a la comisaría porque se resistieron ante la acción de un hacendado y de una empresa que actúa en el sector del azúcar y alcohol. Se trata de una área recuperada amenazada por la falsificación de documentos que expande por otras regiones como la comunidad de Bem Feito, municipio de Formosa da Serra Negra, donde las familias vienen sufriendo acciones de falsificación de documentos. Parte de la tierra, con más de 970 hectáreas, viene siendo apropiada por falsificadores de documentos de la región que cuenta con la colaboración de matones y pistoleros. El día 19 de agosto, una emboscada frustrada fue planeada contra 4 agentes de la Comisión Pastoral de la Tierra (CPT).

En la isla de San Luis, la comunidad tradicional de pescadores y mariscadores de Cajueiro está siendo amenazada de expulsión y fue intimidada por milicias armadas, con el fin de beneficiar el proyecto de instalación de un nuevo puerto privado. El proyecto forma parte de la región del Matopiba, que pretende destinar al cultivo extensivo da soja, 73 millones de hectáreas distribuidas por los estados de Maranhão, Tocantins, Piauí y Bahia.

En la mañana del 1 de diciembre, un grupo de cerca de 40 personas, liderado por un diputado estatal y por el alcalde del municipio de Pará Senador José Porfirio, impidió la realización del seminario “Venas Abiertas de la Volta Grande del Xingu” que estaba siendo realizado en el Instituto de Ciencias Sociales Aplicadas (ICSA) de la Universidad Federal de Pará (UFPA). El seminario presentaba investigaciones y debates sobre los impactos socio ambientales de las actividades de la empresa minera canadiense Belo Sun, en la región afectada por la Planta Hidroeléctrica de Belo Monte.

El 7 de diciembre, pistoleros armados hirieron diversas personas y mataron uno de los líderes del Campamento Boa Sorte, localizado en la Línea Dos del área del Asentamiento Flor do Amazonas, en Candeias do Jamari, municipio próximo a Porto Velho, en Rondônia.

El día 14 de diciembre, 300 familias del campamento Hugo Chaves en Marabá (PA) fueron expulsadas violentamente, cumpliendo la decisión del juez de la Vara Agraria de la ciudad. Hay temores de que están siendo planeados otras 20 expulsiones de ese tipo, en una región que hace mucho tiempo es palco de graves conflictos generados por la falsificación de documentos y la concentración de tierras en manos de terratenientes y de la empresa minera Vale.

El año se encierra con el desaparecimiento, desde le día 13 de diciembre, de tres líderes campesinos en el kilómetro 56 de la carretera BR-319, en Canutama, en el Sur del Estado de Amazonas, prelatura de Lábrea. Ellos habían recibido amenazas de muerte por parte de enviados por una maderera procesada por falsificación de documentos de tierra y destrucción de la floresta.

Frente a todos esos hechos, hubo manifestaciones públicas de los diversos movimientos sociales y socio ambientales que actúan en defensa de los campesinos y de los pueblos indígenas de la región, de instituciones como el Ministerio Fiscal o algunas universidades, de pastorales y organismos de la Iglesia Católica. A pesar de tanta violencia y numerosas denuncias, todavía se constata una imperdonable negligencia por parte del Estado, que en esos conflictos no defendió suficientemente a las víctimas y, en algunos casos, asumió hasta el papel de agresor, a favor de la concentración de tierras o de la instalación de mega proyectos con irreversibles y desastrosas consecuencias para el tejido social de la región y el medio ambiente.
La falta de investigaciones y la impunidad en la mayoría de los crímenes cometidos en la Amazonia confirman esa hipótesis y refuerzan nuevas perspectivas de violencia y agresión.


La Red Eclesial Pan Amazónica continúa actuando al lado de las iglesias locales y de la sociedad civil, fuertemente preocupada con el escenario de creciente violación de los derechos y de la grande casa común, del hogar que Dios en su infinito amor creó para todos nosotros.

La fe profética de muchos testigos de la Amazonia se suma a la certeza de la encarnación de Dios en medio de los pobres. El nacimiento de Jesús en un establo, fuera de la ciudad, ya es una opción silenciosa de Dios por los pobres e excluidos, por los que el mundo considera superfluos y descartables (cf. DAp 65). Los pobres en su condición de apartados del “banquete de la vida” se convierten en los predilectos de Dios.

La esperanza nunca murió ni morirá en el corazón de los pueblos de la Amazonia. “El pueblo que andaba en tinieblas vio una gran luz; y sobre los que habitaban en la tierra de profunda oscuridad resplandeció la luz” (Is 9, 2). Todos los mártires de la Amazonia y todos los testigos de la Esperanza vivas que continúan luchando por la justicia, por el respeto a los derechos humanos y por la defensa de la casa común son reflejo de esa luz que en el niño nacido en Belén comenzó a iluminar el mundo.

Intentaron enterrarnos, pero no sabían que era semillas (proverbio mexicano).



Don Claudio Cardenal Hummes
Presidente de la Repam y de la Comisión Episcopal para la Amazonia de la Conferencia Nacional de los Obispos de Brasil (CNBB)



Don Erwin Krautler
Presidente de la Repam-Brasil y Secretario de la Comisión Episcopal para la Amazonia de la Conferencia Nacional de los Obispos de Brasil (CNBB)
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