El salesiano ve la Amazonía como verdadero laboratorio para la Iglesia Juan Bottasso: “el Evangelio no está llamado a anular las creencias, sustituyéndolas, sino a iluminarlas y hacerlas florecer”

Juan Bottasso
Juan Bottasso

“Querer que las comunidades se conserven vivas y que las personas  se sientan acompañadas solo a través  de sacerdotes ordenados es un autoengaño”

“La Iglesia amazónica podrá fortalecer su vitalidad si logra ser animada capilarmente por ministros laicos, de otra manera acabará reduciéndose a una presencia minoritaria”

"Llevarles el evangelio (a los pueblos amazónicos) sigue siendo de total actualidad, pero no se puede hacer como si nunca hubieran tenido una espiritualidad”

“Los salvajes no existen, no hay culturas superiores e inferiores, sino solo diferentes. Todas tienen mucho que aprender, pero igualmente mucho que enseñar”

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Entre las preocupaciones del Papa Francisco está la Amazonía, un sentimiento del que le gustaría que participasen todos los cristianos, como reconocía en Puerto Maldonado, donde, según Juan Bottasso, salesiano de origen italiano y misionero en Ecuador desde hace sesenta años, “afirmó claramente que la preservación de la Amazonia y la defensa de sus habitantes originarios debían constituir una de las grandes preocupaciones de los cristianos y, al mismo tiempo, clamó para que la Iglesia, que desde siglos peregrina en esa inmensa región, tuviera siempre más un rostro amazónico”.

Para el salesiano, “es evidente que cada iglesia local debe asumir las características de los pueblos en los cuales se encarna pero, al hablar de “rostro amazónico”, toca aclarar de entrada cuáles son los riesgos que se deberían evitar”. Un peligro, según él, “es que se folclorice la imagen de esta iglesia, al adornarla con rasgos tropicales, pero quedando en la superficie, sin llegar a lo esencial”. En ese sentido, sostiene que “rostro amazónico no son solamente unas liturgias con danzas tradicionales, caras pintadas con colores vivos y plumas llamativas, ofertorios con frutos exóticos”.

Al hablar sobre las características de la Amazonia, señala la bajísima densidad poblacional, la concentración en grandes ciudades junto con aldeas minúsculas y perdidas en la selva, con distancias infinitas y comunicaciones problemáticas. Eso debería convertir la Amazonía “en un verdadero laboratorio para la Iglesia, en el cual se experimentaran respuestas nuevas a problemas que no son solamente amazónicos”, reconoce el Padre Bottasso.

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La Iglesia amazónica tiene poquísimo clero, algo que no tiene visos de mejorar, según Bottasso. En esa situación, “querer que las comunidades se conserven vivas y que las personas  se sientan acompañadas solo a través  de sacerdotes ordenados es un autoengaño”, afirma el salesiano, que no ve una solución en visitas esporádicas con celebraciones apresuradas, lo que propicia “el avanzar imparable de los evangélicos, porque ellos en cada comunidad colocan un pastor estable”.

Ante esta realidad, el salesiano no duda en afirmar que “la Iglesia amazónica podrá fortalecer su vitalidad si logra ser animada capilarmente por ministros laicos, de otra manera acabará reduciéndose a una presencia minoritaria”. Para ello él propone una formación no de años y años, pero sí seria. Esos son los “caminos nuevos que pidió el Papa Francisco al convocar el Sínodo”. Bottasso reflexiona sobre la implantación progresiva de los evangélicos en la Amazonía, también en las grandes ciudades, “implantando un estilo de pastoral que prevé la presencia permanente de un responsable en medio de la gente”.

Sin buscar guerras de religión, ni quitarse los feligreses, el Padre Bottasso aboga por el ecumenismo, aunque “no es fácil, porque los evangélicos lo rechazan, pero hay que intentarlo. En el fondo todos buscamos lo mismo: difundir los valores del Reino, en un mundo desorientado y vacío de valores”. Para eso propone empezar por “áreas no estrictamente religiosas, como la defensa de la naturaleza, la lucha contra la trata de personas, el freno al alcoholismo”.

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Al hablar del laicado, el salesiano defiende que puedan “pasar a ser verdaderos responsables de la animación de las comunidades”. En los ríos de la Amazonía, el atendimiento es a través de “lo que en Brasil llaman desobriga. Un sacerdote emprende recorridos de semanas o meses por los ríos, para ofrecer a los feligreses la posibilidad de recibir los sacramentos. En algunos sitios ven al padre una vez al año o hasta menos, y, si no llega él, no hay ninguna celebración”. Por eso, ve necesario que los “nuevos caminos” sean “encontrarlos en cada lugar, con audacia y perseverancia. Solo así las respuestas a los desafíos serán duraderas”.

Sólo el 7% de los 30 millones de habitantes que tiene la Amazonia son originarios. “Lo paradójico es que hoy, aquellos que fueron dueños, se los considera huéspedes y, además, huéspedes indeseados”, afirma el Padre Bottasso. Aquellos que desde épocas inmemoriales han convivido con la selva, en las últimas décadas son amenazados por el mundo industrializado, que “se ha lanzado sobre los recursos de la región, saqueándolos sin misericordia. La presencia de las poblaciones autóctonas ha comenzado a ser vista como un estorbo para el avance del progreso”, según el salesiano, pues “el criterio eficientista de la mentalidad actual las ha convertido en presencias, no solo innecesarias, sino molestas, gente sobrante”.

El misionero en Ecuador recuerda que el “Papa Francisco insiste en que la preocupación de la iglesia debe dirigirse primordialmente a quienes son considerados “descartes”, porque de otra manera estaríamos edificando un mundo inhumano, que deja a un lado los más frágiles: ancianos, enfermos, migrantes, personas improductivas. Los pueblos amazónicos nunca han sido tales, pero así se los considera”. En ese sentido, él reconoce que el objetivo tradicional de la Iglesia con estos pueblos “civilizarlos y evangelizarlos”, hoy es cuestionado, pues “implicaba una actitud intrínsecamente paternalista”.

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Juan Bottasso no niega “que llevarles el Evangelio sigue siendo de total actualidad, pero no se puede hacer como si nunca hubieran tenido una espiritualidad”, citando al Vaticano II, que dice que “Dios está ya presente en cada pueblo, antes que a él se le anuncie a Jesucristo”. Es necesario descubrir esa presencia “con infinita discreción, con una convivencia prolongada, el estudio del idioma, la investigación de la mitología”, afirma el salesiano, lo que ”exige una actitud de aprendizaje y de diálogo, totalmente opuesta a la de quien llega con aire de superioridad, simplemente para enseñar o, peor, para imponer”. En ese sentido, afirma que “el Evangelio no está llamado a anular las creencias, sustituyéndolas, sino a iluminarlas y hacerlas florecer”.

La inculturación es algo de cada grupo, “sujeta a cambios y adaptaciones de acuerdo a las variaciones de las circunstancias”, señala Bottasso. Coloca como ejemplo el modo de celebrar la liturgia que puede “asumir ciertas formas cuando el grupo vive aún en cierto aislamiento y es todavía compacto, pero pueden variar cuando migra y va a establecerse a lado de otro”, algo en lo que “el misionero puede asesorar, nunca decidir por su cuenta”.

El Padre Bottasso aboga por borrar del léxico educativo y pastoral el verbo civilizar, “porque implica que el destinatario no tenga cultura, sea un salvaje”, pues él afirma que “los salvajes no existen, no hay culturas superiores e inferiores, sino solo diferentes. Todas tienen mucho que aprender, pero igualmente mucho que enseñar”. Al mismo tiempo reconoce que “también los pueblos amazónicos desean modernizarse”, especialmente los jóvenes, que sienten una atracción fortísima por la tecnología, por lo que “al misionero no le toca frenar esta aspiración”.

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Sin embargo, el misionero debe “advertir sobre los peligros de dejarse encandilar por los brillos engañosos de la cultura actual, las apariencias que ocultan falsos valores”, afirma el Padre Bottasso. Junto con eso, ayudar a “no perder, en el proceso de transición hacia una cultura diferente, el orgullo de la pertenencia a sus orígenes, el sentido de identidad”. Se debe acabar con tentativas de inculcar “cierta vergüenza hacia los suyos, sus ancianos, su pasado”, señala el salesiano.

En ese sentido, Juan Bottasso resalta que “una persona que se siente incómoda con lo que es, que quisiera ser otra, que disimula su origen, es una persona acomplejada, posiblemente candidata a la esquizofrenia”, algo que sucede con los indígenas en la ciudad, donde se han convertido “en personas inseguras, con una bajísima autoestima”, algo que la Iglesia católica no remedia, pues “los indígenas urbanos son cada más numerosos, pero lamentablemente ocupan un sitio insignificante en los proyectos pastorales”. Por eso, “es urgente llenar el vacío”, sin duda un desafío, un nuevo camino de cara al Sínodo.

Para profundizar en los textos del Padre Bottasso: https://redamazonica.org/2019/06/una-iglesia-con-rostro-amazonico-1-2/ https://redamazonica.org/2019/06/una-iglesia-con-rostros-amazonico-2-2/

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