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Cuando se aterriza en el aeropuerto de La Habana, lo primero que se ve es un enorme cartel que dice: Bienvenido a Cuba, primer territorio libre de las Américas.
Cuando se aterriza en el aeropuerto de La Habana, lo primero que se ve es un enorme cartel que dice: Bienvenido a Cuba, primer territorio libre de las Américas. Antes de la pandemia, millones de visitantes pasaban por Cuba para disfrutar de la belleza de la naturaleza, la calidez de las aguas del Caribe y el encanto de su pueblo. Todos pueden ver el nivel de vida sobrio de la gente, pero nadie encuentra un solo niño abandonado en la calle. Nadie vive en Cuba sin asistencia sanitaria gratuita y el nivel de educación para todos hace del cubano uno de los pueblos más cultos del mundo.
Esto no significa que el país sea un paraíso y no tenga problemas, o que el gobierno no tenga deficiencias. Hay críticas a la burocracia de las instituciones. Escritores y artistas siempre piden mayor libertad de creación. En tiempos más recientes, al menos en parte, estas cuestiones están siendo tratadas. Quien lee el grande escritor Leonardo Padura y sigue las aventuras del detective Mario Conde, sabe que el es siempre muy crítico frente à las instituciones de su país.
Pero la libertad y calidad de vida de los cubanos tienen precio alto: el imperio más poderoso del mundo no se conforma con ser vencido, durante más de 60 años, por el heroísmo de un pueblo pequeño y pobre. Durante todas esas décadas, los gobiernos estadounidenses han hecho todo lo posible para impedir que el pueblo cubano mantenga el gobierno que más le conviene. El bloqueo económico, impuesto por Washington y condenado varias veces por la ONU, sigue duro. Sin embargo, el pueblo no se rinde. Desde el comienzo de la pandemia, el bloqueo no permite que medicamentos básicos para la población lleguen a Cuba y a Venezuela. A pesar de ello, Cuba ha desarrollado vacunas y no sólo se ocupa de su pueblo, sino que realiza misiones solidarias en todo el mundo.
Sin embargo, en este momento la llamada Guerra Híbrida es aún más peligrosa. Mercenarios cubanos son usados para provocar disturbios y la prensa publica que hay rebelión popular. En el domingo 11 de julio hubo un primer ensayo. Las manifestaciones se organizaron para explotar al mismo tiempo en varias ciudades. El Presidente de la República abrió diálogo directo con los manifestantes. Reconoció la precariedad de los servicios eléctricos. Habló de las dificultades económicas que atraviesa el país, sin el turismo que tenía antes de la pandemia y bajo el feroz peso del bloqueo internacional que intenta estrangular la economía del país.
Como en los otros años, en este 26 de julio, el pueblo cubano recuerda el ataque del joven Fidel Castro y sus compañeros al cuartel Moncada en 1953; acontecimiento que dio inicio à la revolución liberadora. Hoy, para toda la América Latina, la resistencia cubana es aún más heroica. Parece nueva y creativa toma de un cuartel más feroz que Moncada.
Para las personas que unen su fe a la vida y al proyecto de un mundo más justo, la solidaridad con el pueblo cubano, con Venezuela y todos los pueblos del mundo, atacados por el imperio es cuestión de espiritualidad y camino de fe.
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