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"Hacer de América Latina y el Caribe una gran patria, la tierra en flor"
Entre las propuestas más desafiantes que estamos viviendo en América Latina y el Caribe, está la de retomar el sueño de profetas como Simón Bolívar en Venezuela, José Martí en Cuba, así como otros que proponen hacer de América Latina y el Caribe una gran patria o retomar para hoy la antigua expresión de los pueblos originarios el Abya Yala, en la lengua del pueblo Kuna, "tierra madura", o "tierra en flor".
Entre los grupos e iniciativas de la sociedad civil, en varios países, se están formando núcleos del colectivo llamado "Ágora de los Habitantes de la Tierra". Plantean como plataforma básica de acción la conciencia de ciudadanía universal, que va más allá de la humanidad y abarca a todos los seres que forman con nosotros la "comunidad de Vida" en el planeta.
Como realización de este programa urgente, el grupo del Ágora Brasil se siente convocado por el llamado latinoamericano y caribeño, lanzado en estos días por un nutrido grupo de ministros de países latinoamericanos en México para fortalecer las instancias de integración de nuestra patria grande.
Este julio de 2021 ha estado marcado por las nuevas agresiones que el bloqueo y la guerra mediática que el imperio norteamericano provoca contra el pueblo y el gobierno de Cuba y Venezuela. Las respuestas de gran parte de la sociedad civil y de los movimientos sociales organizados de ambos países han sido de solidaridad, resistencia y unidad. Aunque en ambos países los más pobres y vulnerables sufren penurias y críticas a sus gobiernos, la mayoría de estas personas son conscientes de que estas situaciones son causadas por el imperio que quiere dominar el continente y el mundo.
En esta coyuntura, hace poco más de una semana en México, varios representantes de gobiernos latinoamericanos y caribeños se comprometieron a reactivar instancias de cooperación y diálogo como UNASUR y CELAC que en la última década han sido prácticamente ignoradas o incluso desechadas por gobiernos como los que hoy dominan Brasil, Uruguay, Chile y Colombia (Ver al respecto la entrevista del presidente Nicolás Maduro en Telesur Internacional, 24/ 07/ 2021).
Detrás de todo esto, hay una ampliación y democratización del concepto de ciudadanía. Donde hay discriminación económica, no se puede lograr una verdadera y completa democracia social y política. A pesar de que, en casi todo el mundo, hombres y mujeres de las más diferentes razas han conquistado, al menos legalmente, la igualdad ante la ley y el reconocimiento de su dignidad y sus derechos humanos, en la forma actual en que está organizado el mundo, la vida de alguien blanco y con documentos de identidad de Europa Occidental o de Estados Unidos vale más que la vida de cien africanos o latinoamericanos. Además, en casi toda América Latina, los pueblos originarios están socialmente marginados. Es urgente liberar a muchos trabajadores, urbanos y rurales, que siguen sometidos a regímenes equivalentes a la esclavitud. En casi todos los países, ser negro significa también ser pobre. Además, las mujeres, por el hecho de serlo, siguen siendo discriminadas.
La transformación de esta realidad sólo es posible a través de las luchas en diversas instancias, desde las políticas básicas y la educación popular, hasta el apoyo a la autonomía de los países y el derecho de cada pueblo a elegir el gobierno por el que quiere ser gobernado, ya sea el socialismo en Cuba, el bolivarianismo en Venezuela y un nuevo y más auténtico sandinismo en Nicaragua, como el derecho del pueblo peruano que acaba de elegir como presidente a un maestro de primaria del interior del país.
El desafío ecológico y la sostenibilidad del planeta exigen cambios civilizatorios y esto también está siendo asumido y discutido por grupos de base, movimientos sociales y sectores más conscientes de la sociedad civil.
Muchas personas y grupos vinculan estos procesos sociales transformadores a la búsqueda de una espiritualidad que contemple en el universo y en cada ser humano la presencia divina del Espíritu que es Amor y fuente de amor. Para quienes buscan vivir el mensaje profético proveniente de la tradición judía y cristiana, fortalecer los núcleos locales o regionales del Ágora de los Habitantes de la Tierra es una forma actual y laica de actualizar el primer movimiento del profeta Jesús y de contaminar el mundo con pequeños núcleos de amor y justicia transformadores, testigos del proyecto divino de paz, justicia y liberación para la humanidad y todos los seres vivos.
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