Hoy, la tradición habla de «santos reyes magos». El evangelio no dice que fueran reyes, ni que fueran santos.
Epifanía del Señor – Mt 2, 1-12. El movimiento de la fe y el inmovilismo de las certezas
Hoy, la tradición habla de «santos reyes magos». El evangelio no dice que fueran reyes, ni que fueran santos.
En esta fiesta de la Epifanía, o como la gente la llama «fiesta de los reyes», el evangelio (Mt 2, 1-12), que en Brasil se celebra el primer domingo después de Año Nuevo, nos recuerda la llegada de los magos a Belén para rendir homenaje al recién nacido Jesús. Independientemente de que este relato no sea una narración histórica (de hecho, es un comentario narrativo a un texto bíblico del Antiguo Testamento: Isaías 60), es muy bonito, significativo y lleno de atractivo ecuménico e interreligioso para nosotros y para todas las personas llamadas a ser discípulos de Jesús.
En la época del Evangelio de Mateo, se llamaba magos a los sacerdotes de la antigua religión persa. Y el pueblo de la Biblia los veía como gente poco recomendable. Hoy, la tradición habla de «santos reyes magos». El evangelio no dice que fueran reyes, ni que fueran santos. Podemos considerarlos santos porque se dejaron inundar por la Luz Divina de la estrella y del Amor, y podemos considerarlos reyes si consideramos que todo ser humano está lleno de dignidad y honor, y ellos eran migrantes y extranjeros. Entonces podemos ver en ellos la figura de todas las personas migrantes y extranjeras que siempre deben ser tratadas con dignidad y acogidas con amor. Según el evangelista Mateo, los magos son los primeros en adorar a Jesús. El evangelio no dice cuántos eran. La tradición los sitúa en tres. Uno de ellos es descrito como negro y la tradición siria lo representaba como una mujer joven. Así se muestra la universalidad de este encuentro ecuménico: el niño Jesús y los magos que se aventuran por caminos desconocidos, siguiendo una estrella.
Es común que los sacerdotes y pastores lean este evangelio (Mt 2, 1-12) de manera inclusiva (atraer a los demás hacia nosotros), etnocéntrica y dogmática. En un análisis apologético, los magos habrían venido de lejos para adorar a Jesús, por lo tanto, para ser cristianos. Se dice que el cristianismo es una religión universal, abierta a todos y que acoge a todos, pero para ser cristianos. Por el contrario, el evangelio dice que después de visitar a Jesús, los magos regresaron a sus países, es decir, a sus culturas y religiones (Mt 2, 11-12).
Una lectura más profunda del texto de Mateo nos lleva a una interpretación más abierta y pluralista. La acogida de Jesús es apertura al otro y a la otra. Belén y el pesebre se convierten en lugares que simbolizan un encuentro de culturas y religiones, y no solo de otra persona que entra en la nuestra. La historia comienza diciendo: «Habiendo nacido Jesús en Belén, en los días del rey Herodes, vinieron magos del Oriente y preguntaron: ¿Dónde está el rey de los judíos que acaba de nacer? Hemos visto su estrella en el Oriente y hemos venido a rendirle homenaje». Para el evangelio, el pueblo es Israel (así cita Mateo a Miqueas en el versículo 6). Y judío es quien vive en Judea. Judío (en griego Ioudaios), el mismo término utilizado en el Cuarto Evangelio, es el judío que se considera perteneciente al imperio y piensa desde el imperio. Son los judíos de Jerusalén los que están bajo el dominio del rey Herodes, incluidos los sacerdotes que lo aconsejan. Es la religión al servicio del poder político. Los magos vienen de Oriente buscando otro tipo de rey. El título «rey de los judíos» es como un título político del Mesías.
El evangelio muestra un contraste violento entre los magos que se mueven, se aventuran y buscan y, por otro lado, los religiosos que se quedan fijos en la capital del poder y solo consultan la tradición en las escrituras. Saben cosas porque leen, pero sin experimentar ni vivir. Hoy en día seguimos teniendo estos dos tipos de personas: las que recorren el camino de la fe en medio de las dudas, las crisis y la búsqueda de lo que más nos humaniza y cuida las relaciones humanas y sociales liberadoras. Estas personas son como magos y magas en el camino hacia el pesebre de Belén. El otro tipo representa a las personas que se sientan sobre las certezas, los dogmas y las costumbres. Se parecen a aquellos maestros de la Biblia, en la Jerusalén del rey Herodes.
La historia de los magos se cuenta para avivar en nosotros el llamado a vivir la fe como una aventura nómada, o como decimos en la Iglesia insertada en medio del pueblo empobrecido: un caminar. En este camino, el de los magos y el nuestro, las instituciones religiosas funcionan como posadas y hostales. A veces cómodos, a veces incómodos. En las posadas que son las instituciones religiosas, mucha gente se acomoda, se vuelve «importante» y renuncia a caminar y a luchar por los derechos de las personas injustamente tratadas.
Mantenerse en el camino implica aceptar ser pequeño, desprotegido y casi siempre marginado... No todo el mundo acepta esto. Según los evangelios, la Iglesia es una asamblea (Iglesia) y no un templo o una religión en sí misma. El templo y los elementos religiosos pueden ser una expresión, pero siempre serán posadas provisionales en el camino. Este está guiado por la «estrella de Belén» y no por el albergue. Cada uno de nosotros vive una búsqueda interior. Algunos con intensidad y valentía. Otros dejan la búsqueda medio dormida y se acomodan en el punto ya encontrado. Viven la banalidad del día a día... sin atreverse a plantearse nuevas preguntas. Algunos ni siquiera se dan cuenta ya de que tienen esa búsqueda interior y que es ella la que da sentido a la vida.
Dios llamó a los magos a caminar, no hacia algún importante centro de peregrinación o de una religión, sino hacia un pueblecito llamado Belén. A mitad de camino, los magos se perdieron. Pensaron que debían buscar, yendo al centro del poder religioso y político. Ese contacto con Herodes y con los sacerdotes solo les trajo problemas. Casi fueron cooptados. Terminaron provocando involuntariamente la masacre de los inocentes y la persecución de Herodes al niño Jesús. Los sacerdotes de la religión correcta sabían la verdad, interpretaron correctamente la profecía, pero eso no los llevó a Dios en lo humano a partir de los últimos. Los magos eran considerados paganos y no tenían Biblia, ni sabían nada de la verdadera fe, fueron a adorar y reconocieron en un niño pobre la presencia divina. Es cierto que el texto dice que la estrella guió a los magos, desapareció cuando los magos decidieron entrar en Jerusalén y hablar con el rey Herodes, pero luego la estrella reapareció y los guió hasta Belén.
Dios no se encuentra en el templo, ni en los santuarios importantes, sino en la casa de la periferia, en la cueva que no tiene puertas ni muros. Este episodio simbólico de la llegada de los magos a Belén nos enseña que nuestra búsqueda más profunda del Misterio Divino y nuestro deseo de contemplarlo y vivir su intimidad deben desembocar en la cercanía con la pobreza de Belén. Adorar es admirarse, es reconocer lo divino en lo humano, en todo ser humano, pero especialmente en el más pequeño y empobrecido. El evangelio de los magos nos llama a buscar el rostro de Jesús y en él el rostro divino del Espíritu en tantas epifanías (manifestaciones) de Dios en el mundo, ya sea en las diversas religiones, ya sea en el camino civil y político de la humanidad en busca de la Paz y la Justicia. El papa Pablo VI cerró el Concilio Vaticano II afirmando: «Para encontrar a Dios, hay que encontrar al ser humano».
Soñar
Dibuja, Dios, en el cuaderno
un arcoíris.
Eres buen pintor, creo,
un buen artista.
Después tararea siete notas
como si fueras
mi Dios, un pajarito
de esos que cantan
cuando sale el sol.
Deletrea mi nombre de niño
y luego dame la mano
como a un amigo.
Y que yo te ame así,
despacio,
con velas y oraciones,
pan y vino,
como si yo fuera un dios
y tú, un niño.
(Carlos Brandão).
También te puede interesar
Hoy, la tradición habla de «santos reyes magos». El evangelio no dice que fueran reyes, ni que fueran santos.
Epifanía del Señor – Mt 2, 1-12. El movimiento de la fe y el inmovilismo de las certezas
Esta forma individualista de vivir la fe lleva a algunas personas que han escapado de accidentes colectivos a decir: «Dios me ha salvado», sabiendo que le ha salvado a él o a ella y ha dejado morir a decenas de personas.
Domingo dentro de la octava de Navidad (Sagrada Familia) – Mt 2, 13-15.19-23
En este domingo anterior a la Navidad, estamos llamados a contemplar las situaciones de gestación que vivimos
Cuarto domingo de Adviento – Mt 1, 18-24: Señales del embarazo de una nueva humanidad
Tener un Credo común a todas las Iglesias fue estupendo, pero, al hacerlo, Nicea llevó a la Iglesia a definir la fe por su expresión dogmática. No hizo distinción entre la fe y una expresión de la fe.
Nicea, Jesús y la decolonialidad
Lo último
La palabra de la diócesis de Zamora, a través de Las Edades del Hombre
Oración con EsperanZa IV: Oración para aprender a amar, ante el Cristo Resucitado. Diego de la Cruz