"Como te imploraron los caminantes de Emaús, '¡Quédate con nosotros!'” Mario Moronta: Consagración del Táchira y de los Andes venezolanos al Santo Cristo de la Grita

Santo Cristo de la Grita
Santo Cristo de la Grita

"Con el corazón ardiente por la fuerza de tu Palabra de Vida Eterna, acudimos ante Ti, Santo Cristo de los Milagros de la Grita, desde los montes y valles andinos, desde nuestras ciudades y aldeas"

"Tus brazos abiertos abrazan a tantos hombres y mujeres de todos los tiempos para brindarles seguridad, fortaleza, salud espiritual y corporal, liberación del mal y del pecado"

"Tú nos ha dado a conocer el amor salvífico del Padre y nos ha regalado la fuerza del Espíritu Santo"

"En tus brazos amorosos colocamos a nuestra gente, los hombres y mujeres que caminan sabedores de tu compañía. A nuestros sacerdotes, seminaristas y religiosas; nuestras familias que son esa pequeña Iglesia Doméstica"

"Nos consagramos todos a Ti. Y, al hacerlo, recordamos que somos “ofrendas vivas” como lo fuiste Tú ante Papá Dios"

"¡Quédate con nosotros!". "Así te sabremos reconocer en el partir del pan en todo tiempo y lugar"

Con el corazón ardiente por la fuerza de tu Palabra de Vida Eterna, acudimos ante Ti, SANTO CRISTO DE LOS MILAGROS DE LA GRITA, desde los montes y valles andinos, desde nuestras ciudades y aldeas, desde la frontera con la hermana Colombia y los llanos del sur tachirense, desde las zonas cálidas del norte y desde los hermosos y sabrosos páramos de nuestra región. Venimos con los pies del peregrino que no se cansan de acompañarte y de seguirte, fortalecidos por la esperanza que has colocado en nuestras almas. Llegamos ante Ti con la dulzura y la alegría del amor de discípulos misioneros, el cual has hecho crecer en cada uno de nosotros para manifestarlo con un decidido testimonio de servicio y fraternidad.

Contemplamos tu Cruz, árbol de la Vida sembrado en esta tierra linda del Táchira, en las alturas inhiestas de los Andes venezolanos. A tus pies han florecido los frutos de nuestra tierra, el café, las fresas y moras, las hortalizas y verduras de nuestros campos, las calas y las rosas; así como la riqueza animal que adorna nuestros campos y sirve también para el sustento cotidiano. Tus brazos abiertos abrazan a tantos hombres y mujeres de todos los tiempos para brindarles seguridad, fortaleza, salud espiritual y corporal, liberación del mal y del pecado. Admiramos tu “rostro sereno” y reafirmamos nuestra profesión de fe en Ti: Tú nos ha dado a conocer el amor salvífico del Padre y nos ha regalado la fuerza del Espíritu Santo. De tu costado traspasado han brotado la Iglesia y los sacramentos y, al contemplarlo sentimos cómo podemos penetrar a través de Él hasta llegar a unirnos a tu Corazón, Sagrado y Salvador.

Pues sabemos que has marcado la historia de nuestro pueblo y te has hecho uno de nuestro pueblo, al confiar que nunca nos abandonas y eres la razón plena de nuestras vidas, HOY Y SIEMPRE CONSAGRAMOS AL TÁCHIRA Y LOS ANDES VENEZOLANOS A TI.

En tus brazos amorosos colocamos a nuestra gente, los hombres y mujeres que caminan sabedores de tu compañía: los agricultores y ganaderos, los estudiantes y maestros, los profesionales, comerciantes y empresarios que buscan el progreso de la región; los enfermos y los sanos, los médicos y enfermeros; las autoridades civiles y militares, los dirigentes políticos y sociales; los niños con sus ilusiones, los jóvenes con sus proyectos, los adultos con su experiencia, los ancianos con su sabiduría; nuestros laicos comprometidos en la evangelización.

En esos mismos brazos amorosos te colocamos también, a nuestros sacerdotes, seminaristas y religiosas; nuestras familias que son esa pequeña Iglesia Doméstica donde te haces presente cada día; las Comunidades Eclesiales de Base y los grupos de apostolado.

En esos brazos abiertos y llenos de misericordia colocamos el dolor de tantos pequeños menospreciados por la sociedad; los migrantes que transitan por nuestros caminos, los pobres y excluidos de la sociedad, los descartados y abandonados… ellos son sacramento de tu amor. Desde tu Cruz nos atrevemos a mirar hacia adelante en el horizonte del Reino que inauguraste con tu entrega redentora: haz que nuestro futuro esté lleno de desarrollo integral, respeto de la dignidad humana y sea señal de “los cielos nuevos y la tierra nueva” creados con tu Pascua liberadora.

Nos consagramos todos a Ti. Y, al hacerlo, recordamos que somos “ofrendas vivas” como lo fuiste Tú ante Papá Dios. Así, renovamos nuestra fe de discípulos seguidores de tu Evangelio para ser testigos decididos de tu Resurrección; nuestro amor con el cual, además de manifestarnos como hijos de Dios, renovamos nuestra solidaridad, el empeño por la justicia y la libertad y el compromiso por extender la fuerza redentora de tu Reino. Sabemos que no nos abandonarás nunca: concédenos la libertad, la justicia y la paz; danos entusiasmo evangelizador y solidaridad decidida; suscita hogares cristianos y muchas vocaciones sacerdotales, religiosas y al compromiso laical.

Al consagrarnos completamente a Ti, confiamos en tu gracia para seguir en el camino como peregrinos hacia la plenitud del encuentro definitivo con el Padre; sentimos la acción del Espíritu que bendice y guía nuestra Iglesia con sabor a pueblo y servidora de todos sin excepción; asumimos tu mandato de ir a la misión y proclamar tu Evangelio liberador promotor de nuevos discípulos. Como te imploraron los caminantes de Emaús, “¡QUÉDATE CON NOSOTROS!”. Así te sabremos reconocer en el partir del pan en todo tiempo y lugar. Recibe nuestra confiada consagración que te presentamos en las manos de María del Táchira, Nuestra Señora de la Consolación, Madre tuya y Madre nuestra. Al consagrarnos a Ti, queremos seguir dándote a conocer desde esta hermosa tierra con la decisión de nuestra Iglesia, la cual “en espíritu y verdad” ha decidido continuar tu obra de salvación.

SANTO CRISTO DE LA GRITA, DEL ROSTRO SERENO, en comunión con el PADRE DIOS Y EL ESPÍRITU SANTO CONSOLADOR, recibe todo honor y gloria por los siglos de los siglos. Amén.

SAN CRISTOBAL, 6 de agosto del año 2020.

+MARIO MORONTA R., OBISPO DE SAN CRISTOBAL.

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