Edinson Farfán, Obispo de Chiclayo, pide fortalecer la sinodalidad desde la escucha y la comunión

Desde Perú

“La Iglesia no se construye desde voluntades aisladas o iniciativas individuales"

“Sin escucha no puede existir sinodalidad y donde falta esta actitud surgen divisiones e ideologías”

Monseñor Edinson Farfán, obispo de Chiclayo - Perú
Monseñor Edinson Farfán, obispo de Chiclayo - Perú | CEP

Monseñor Edinson Farfán, obispo de Chiclayo y coordinador de la Comisión Nacional del Sínodo de la Sinodalidad en Perú, dijo que la Iglesia vive “un tiempo de gracia” marcado por la necesidad de caminar juntos para fortalecer la comunión eclesial.

Así lo manifestó en una Eucaristía celebrada este 28 de febrero en el marco del Encuentro Nacional de Equipos Sinodales que se desarrolla en Lima.

El prelado pidió un corazón capaz de escuchar, una mirada que discierna los signos de los tiempos y una voluntad dispuesta a caminar junto a otros; porque en su opinión solo así “la Iglesia podrá avanzar con esperanza en la implementación del proceso sinodal y fortalecer su misión evangelizadora”.

Intervención en la que subrayó que la fase de implementación del proceso sinodal es un desafío pastoral que debe concretarse en la vida cotidiana de las jurisdicciones eclesiásticas del país.

Ante obispos, sacerdotes, religiosos y laicos reunidos en el Encuentro, Farfán afirmó que la Iglesia atraviesa un momento decisivo que invita a los creyentes a redescubrir su identidad como pueblo convocado por Dios. “La Iglesia no se construye desde voluntades aisladas o iniciativas individuales, sino desde una alianza”, señaló; al insistir en que la sinodalidad solo puede comprenderse, si Cristo permanece como centro de la vida eclesial.

Eucaristía del Encuentro Nacional de Equipos Sinodales
Eucaristía del Encuentro Nacional de Equipos Sinodales | CEP

Los fundamentos

Así, el prelado explicó que la sinodalidad es una forma concreta de vivir la alianza con Dios. Un camino que no debe interpretarse únicamente como la aplicación de conclusiones o programas pastorales; sino como la encarnación de una vocación comunitaria orientada a la misión evangelizadora. En ese sentido, citó al Papa Francisco, quien de forma reiterada señaló que la sinodalidad es el camino que Dios espera para la Iglesia del tercer milenio.

Reflexión que continuó destacando la importancia de la escucha como fundamento del proceso sinodal, tema que convirtió en uno de los ejes de su homilía. Al respecto, Farfán sostuvo que “escuchar implica mucho más que oír: requiere apertura interior, humildad y disposición para la conversión personal y comunitaria”.

Entonces -explicó-, “sin escucha no puede existir sinodalidad y donde falta esta actitud surgen divisiones e ideologías”.

Para Farfán el éxito de la implementación del sínodo no depende de estrategias organizativas, sino de la capacidad de la Iglesia para mantenerse en actitud de escucha y discernimiento, es decir, dejándose guiar por el Espíritu Santo. En este contexto, exhortó a los participantes a “dejar espacio a la acción del Espíritu y a cultivar una espiritualidad profunda que sostenga el compromiso pastoral”.

Asistentes al Encuentro Nacional de Equipos Sinodales
Asistentes al Encuentro Nacional de Equipos Sinodales | CEP

Espacios de encuentro

La imagen del “caminar juntos” es una de las expresiones más representativas de la sinodalidad y de acuerdo con Farfán, la Iglesia es un pueblo peregrino en el que cada vocación aporta un don específico. De esta forma, los obispos son garantes de la comunión, los sacerdotes servidores del pueblo de Dios, la vida consagrada es signo profético y los laicos son presencia del Evangelio en la sociedad.

Entonces subrayó que “la sinodalidad no elimina las identidades eclesiales, sino que las armoniza”. El obispo enfatizó en la necesidad de crear espacios de encuentro, incluso en los territorios donde las distancias geográficas dificultan la reunión de las comunidades. La prioridad es “escucharse, orar juntos y discernir en común”, dijo, porque estos gestos “fortalecen la comunión y orientan la misión hacia el servicio, especialmente con los más pobres”.

Igualmente, el prelado destacó la importancia de la corresponsabilidad ministerial, afirmando que la misión evangelizadora compete a todo el pueblo de Dios y no únicamente al clero. Haciendo memoria de su experiencia pastoral en comunidades andinas, resaltó la colaboración de sacerdotes, religiosos y laicos en la vida eclesial, lo que constituye el ejemplo de una Iglesia que vive la misión de manera compartida.

La acción del Espíritu

En segundo lugar, el prelado se refirió a la dimensión espiritual de la sinodalidad, frente a esto advirtió sobre el riesgo de vivir y promover un activismo pastoral carente de vida interior. Por eso, aseguró que la “implementación del sínodo exigirá paciencia histórica y fidelidad, más que resultados inmediatos”; porque según dijo “la Iglesia, madura sus procesos bajo la acción del Espíritu Santo, quien es el verdadero protagonista del camino sinodal”.

Asimismo, señaló que la sinodalidad implica un proceso de conversión que requiere sanar heridas y superar desconfianzas dentro de la comunidad eclesial. “Los espacios de diálogo y encuentro permiten reconciliar diferencias y fortalecer la caridad, y este proceso es un criterio fundamental para vivir la sinodalidad con madurez”.

Al cerrar la homilía, el obispo de Chiclayo recordó la expresión del recordado Papa Francisco durante el tiempo de la pandemia: “todos estamos en la misma barca”; imagen que empleó para decir que en este momento la frase cobra vigencia en tanto muestra la unidad del pueblo de Dios frente a los desafíos históricos. Esta conciencia, indicó, “ayuda a evitar tanto el protagonismo individual como el desánimo”. Se trata de reconocer que Cristo permanece en medio de la comunidad creyente.

También te puede interesar

Lo último

stats