Papel en blanco
El día nuevo que el Señor nos ofrece desde el amanecer puede ser como una hoja de papel en blanco, una hoja para que cada uno con sus pensamientos, palabras y obras vaya escribiendo la parte del hoy que teje nuestra historia.
He pensado que estas hojas en blanco se asemejan a veces a los cuadernos de caligrafía que utilizábamos en nuestra infancia y en los cuales las letras aparecían ya suavemente dibujadas para que las acabásemos de dibujar con los mejores trazos posibles.
Pienso que en la vida de nuestro ayer, incluso del ayer más inmediato, ya empezamos a dibujar la hoja del hoy, porque cada día constituye a veces sin ser plenamente conscientes de ello una continuación del ayer y una preparación para el mañana.
El Señor nos da cada día la libertad para señalar con trazo más intenso unas líneas u otras o incluso para que podemos escribir de nuevo, prescindiendo del trazo ya iniciado. La atención debemos dirigirla hacia el intento de evitar antiguos errores, de no repetir las mismas faltas, y dejarnos conducir por la gracia de Dios que dirige nuestra mano y nos conduce a mejorar hoy aquello que ayer no alcanzamos a concluir debidamente y nos regala el deseo de que mañana esté teñido de bien. Texto: Hna. Carmen Solé.