Cuando 'el prodigio' no ocurre, los napolitanos ven en ello un mal augurio, como en 1939 Un mal presagio recorre Nápoles: la sangre de san Genaro no se ha 'licuado'

La tradición asegura que el milagro no se obró por ejemplo en 1939, poco antes de que la Alemania nazi originara la Segunda Guerra Mundial, y tampoco en 1980, año del devastador terremoto de Irpinia

La licuación de la sangre del mártir de Nápoles se renueva desde hace más de seis siglos, pues el primer prodigio data del año 1389

En la catedral se celebraron dos misas para comprobar si se producía el "milagro" pero ni siquiera en la última, de las 18.30 horas locales (17.30 GMT), se ha licuado la sangre

El conocido como "milagro" de la licuación de la sangre de San Genaro no se obró hoy en la ciudad italiana de Nápoles (sur) pese a las horas de plegarias de los fieles, que temen ahora que este sea un mal augurio en un año ya de por sí infausto.

La ciudad asistió esta mañana con aprensión al incumplimiento de un "milagro" que los napolitanos viven con devoción: la licuación de la sangre solidificada de su patrono, San Genaro, obispo decapitado a inicios del siglo IV durante las persecuciones de los cristianos.

La supuesta sangre del santo se conserva con celo en un relicario de cristal en la catedral napolitana y es sacada tres veces al año: el sábado previo al primer domingo de mayo, el día 19 de septiembre, en su fiesta patronal, y cada 16 de diciembre.

Solo en estos días la reliquia es expuesta y agitada por el arzobispo y la sangre de su interior, en polvo, normalmente deviene en líquido. Los napolitanos, supersticiosos como pocos, lo ven como un buen augurio para la ciudad. De lo contrario, mal asunto.

Y es lo que ha ocurrido este miércoles. El abad de la Capilla de San Genaro de la catedral, monseñor Vincenzo De Gregorio, mostró la reliquia y la agitó pero la sangre permaneció en estado sólido.

En la catedral se celebraron dos misas para comprobar si se producía el "milagro" pero ni siquiera en la última, de las 18.30 horas locales (17.30 GMT), se ha licuado la sangre, según recogen los medios locales, algo que no ocurría desde diciembre de 2016.

Esto a pesar de que los fieles se habían congregado durante todo el día en el templo para rezar y pedir que se obrara el "prodigio", término con el que en realidad la Iglesia católica se refiere a este tipo fenómenos inexplicables.

Nápoles, que ya se encomienda al nuevo santo de su panteón, Diego Armando Maradona, ha estado pendiente durante todo el día de lo que deparaba a la sangre de su patrono, venerada y besada por propios y ajenos y por autoridades de todo signo político.

La evolución del prodigio fue una de las noticias imperantes hoy en la prensa y en la televisión italiana e incluso fue la principal tendencia en Twitter, que se llenó de comentarios que fueron del tono serio y preocupado al sarcasmo y el chascarrillo.

La licuación de la sangre del mártir de Nápoles se renueva desde hace más de seis siglos, pues el primer prodigio data del año 1389.

No obstante la ciencia ha cuestionado en múltiples ocasiones este fenómeno y ha solicitado el estudio de la sustancia conservadas en las ampollas y custodiada férreamente en la Capilla del Tesoro.

Un grupo de científicos aseguró en la revista Nature en 1991 que había obtenido una sustancia similar del color de la sangre a partir del polvo de molisita (presente en los volcanes) y con propiedades tixotrópicas, es decir, que se licuaba si era agitada.

En cualquier caso la no licuación de la sangre del mártir, más frecuente de lo que se cree, es vista en Nápoles como un mal presagio para la ciudad y para el mundo.

La tradición asegura que el milagro no se obró por ejemplo en 1939, poco antes de que la Alemania nazi originara la Segunda Guerra Mundial, y tampoco en 1980, año del devastador terremoto de Irpinia, que sacudió la región napolitana y causó miles de muertos.

De los tres días en los que se produce este supuesto "milagro", el del 16 de diciembre es quizá el menos conocido o popular.

En este día de diciembre se recuerda la misma jornada de 1631 en la que una potente erupción del volcán Vesubio amenazaba la ciudad, que se extiende desde sus faldas hasta orillas del mar Tirreno.

Cuentan que entonces los napolitanos se encomendaron al santo protector sacando en procesión su sangre, que se licuó justo cuando la lava detuvo su camino hacia la ciudad.

Volver arriba