"Es urgente abrir corredores humanitarios y respetar los lugares sagrados" Obispos de Myanmar: "Destruir intencionadamente la ayuda humanitaria es un crimen contra la humanidad"

Refugiados en la selva que huyen del conflicto
Refugiados en la selva que huyen del conflicto

"Destruir intencionadamente la ayuda humanitaria para las personas pobres, vulnerables e indigentes es un crimen contra la humanidad", denuncian tras confirmar que el ejército birmano ha destruido sacos de arroz, ayuda alimentaria y suministros médicos para los refugiados

Ante esta situación de emergencia, los obispos de Myanmar han lanzado un sentido llamamiento en un mensaje, firmado por los 13 obispos católicos pidiendo corredores humanitarios, respeto a los lugares de culto y ahora refugio de desplazados y a los fieles seguir rezando

El texto concluye, en el cuarto punto, implorando a todos los implicados a nivel local e internacional a que "trabajen por una paz duradera"

El país vive atrapado entre la violencia y la crisis social

“Destruir intencionadamente la ayuda humanitaria para las personas pobres, vulnerables e indigentes es un crimen contra la humanidad”, afirma una fuente de la Agencia Fides que confirma la noticia de que el ejército birmano ha destruido sacos de arroz, ayuda alimentaria y suministros médicos para los refugiados. Incluso una ambulancia ha sido quemada, señala un mensaje enviado a la Agencia Fides por una fuente local, recordando que 80 sacos de arroz y medicinas enviados por algunos donantes a los refugiados de la aldea de Loi Ying (diócesis católica de Pekhon), en el estado birmano de Shan, han sido destruidos (véase Fides 11/6/2021).

“No hay palabras para definir acciones tan terribles y crueles”, dice la fuente de Fides en la Iglesia local, señalando que “los refugiados necesitan urgentemente alimentos y suministros médicos”, mientras la violencia hace estragos entre el ejército birmano y las Fuerzas Populares de Defensa, que están surgiendo en todo el país.

Ante esta situación de emergencia, los obispos de Myanmar, al final de su asamblea plenaria, celebrada en Yangon del 8 al 11 de junio, han lanzado un sentido llamamiento en un Mensaje, firmado por los 13 obispos católicos, que dice: “Mientras nuestro país atraviesa momentos difíciles, lanzamos este llamamiento por razones humanitarias. No somos políticos, somos líderes de la fe, y acompañamos a nuestro pueblo en su camino hacia la dignidad humana”.

Myanmar

El texto de los obispos, enviado a la Agencia Fides, se desarrolla en cuatro puntos: en primer lugar, los obispos, muy preocupados por la dificultad de llegar a los refugiados, piden que no se bloqueen los “corredores humanitarios en las zonas de conflicto”. “Miles de personas, sobre todo ancianos y niños, mueren de hambre en la selva. Reducir a personas inocentes a la inanición es la experiencia más desgarradora. Imploramos que se permita un corredor humanitario para poder llegar a las masas hambrientas dondequiera que estén. Son nuestros ciudadanos y tienen un derecho fundamental a la alimentación y la seguridad”, escriben.

El segundo punto pide que se respeten las iglesias y monasterios, cristianos y budistas, y los lugares de culto, donde se han refugiado miles de personas desplazadas, huyendo de sus hogares o en busca de un lugar seguro. El texto recuerda que cuatro iglesias de la diócesis de Loikaw fueron atacadas y miles de personas huyeron a los bosques, y pide “observar las normas internacionales que protegen los lugares sagrados en tiempos de guerra”: “Las iglesias, pagodas, monasterios, mezquitas, templos, incluidas las escuelas y los hospitales, son reconocidos como lugares neutrales de refugio durante un conflicto. Pedimos que no se ataquen estos lugares y que se proteja a las personas que buscan refugio”.

Myanmar

En el tercer punto, los obispos de Myanmar piden a todas las diócesis y comunidades católicas del país que sigan rezando por la paz, celebrando santas misas, deteniéndose en la adoración eucarística o rezando el rosario para poner a la nación bajo la protección de la Virgen María.

El texto concluye, en el cuarto punto, implorando a todos los implicados a nivel local e internacional a que “trabajen por una paz duradera”: “Durante las últimas siete décadas - leemos - este país ha estado en conflicto. Ahora sólo quedan las lágrimas y el dolor de los inocentes. Como nación debemos invertir en la paz.

Este país merece formar parte de la comunidad de naciones, consignando su pasado a la historia e invirtiendo en la paz. La dignidad humana ha sido dada por Dios, y ningún tipo de violencia puede negar esta aspiración a la dignidad humana. La lección de la historia es que sólo puede lograrse por medios pacíficos. La paz aún es posible. La paz es el camino”.

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