"Este es el momento de comprometerse, veo su entusiasmo, su potencial y el deseo de ponerse en juego" Parolin concluye su visita a Sudán del Sur: "Es hora de pasar página y dejar espacio a la justicia y la paz"

Parolin, en Rumbek
Parolin, en Rumbek Vatican Media

La ausencia de justicia y de paz, observó el Secretario de Estado, genera "miedos y sentimientos de impotencia": cuando prevalece el miedo, se sucumbe a la tentación de "poner más confianza en las propias armas que en el poder del perdón"

Cualquier daño hecho a una sola persona, "a un hermano o a una hermana, daña a toda la sociedad"

(Vatican News).- "Es hora de pasar página", de dejar espacio a la justicia y la paz. El cardenal Pietro Parolin, en Rumbek, Sudán del Sur, citó al Papa Francisco y pronunció palabras llenas de esperanza durante la misa por la reconciliación y la paz. En el Señor Jesús, que tras su muerte en la cruz se levantó en medio de los atemorizados discípulos y les dijo "la paz esté con ustedes", todo temor puede transformarse. Hoy esas palabras, continuó el cardenal, "se dirigen a nosotros".

La tentación de las armas y la fuerza del perdón

La ausencia de justicia y de paz, observó el Secretario de Estado, genera "miedos y sentimientos de impotencia": cuando prevalece el miedo, se sucumbe a la tentación de "poner más confianza en las propias armas que en el poder del perdón", de confiar "más en nuestros propios medios que en la transformación que viene del Señor resucitado", se es incapaz de comprometerse por la justicia y la paz y de construir una comunidad más fraterna, crecen las causas de la discordia, como las desigualdades económicas, se cede a la ira, la desconfianza, el orgullo y el egoísmo.

"El miedo puede surgir también de nuestro interior, de la realidad del pecado, pero Cristo ha expulsado el pecado, ha vencido el miedo, ha revelado el amor perfecto", dijo el cardenal Parolin, apelando a la comunidad eclesial que "forma parte de la sociedad humana y lleva consigo las mismas dificultades y contradicciones".

Somos Iglesia al servicio de la reconciliación

"La Iglesia es la esposa de Cristo, no una agencia humanitaria ni una empresa", prosiguió el purpurado: "Formamos parte de la Iglesia porque Dios nos ha llamado, confiándonos el ministerio de la reconciliación".

De hecho, uno no se convierte en miembro de la Iglesia por reclutamiento, como en una oficina, o por asignación a proyectos en educación o sanidad. "Somos servidores del Evangelio – dijo el cardenal Parolin – y nos pertenecemos unos a otros por nuestra fe cristiana, independientemente de nuestro origen o tribu de procedencia".

La acogida en Rumbek

La acogida en Rumbek

El perdón, clave de la justicia y de la paz

Cualquier daño hecho a una sola persona, "a un hermano o a una hermana, daña a toda la sociedad", prosiguió el purpurado instando a renunciar a la violencia como medio para resolver las diferencias:

“Es el perdón, obtenido por Cristo en la cruz, la clave de la justicia y de la paz, la no violencia el único camino para superar las divisiones en el seno de una comunidad”

A continuación, el cardenal Parolin recordó – citando las palabras del Papa Francisco durante su visita a Sudán del Sur el pasado mes de febrero – que haciéndose pequeños y dejando espacio al prójimo en el que se reconoce a un hermano, se llega a ser grande a los ojos del Señor.

Familias cristianas y ministros altruistas

Fuerte fue su llamamiento a abandonar los ídolos del honor y del prestigio personal, a ir más allá de las diferencias y divisiones dictadas por la pertenencia a grupos étnicos. Ser Iglesia – añadió el cardenal Parolin – no significa sólo haber recibido de una vez por todas el bautismo o participar pasivamente en alguna celebración.

De ahí la exhortación a recibir con frecuencia los sacramentos de la Eucaristía y de la Reconciliación, a valorar el compromiso cristiano en el matrimonio o en la vida consagrada:

“La familia es la primera escuela de la sociedad y la vida religiosa es vital para la misión de la Iglesia, llamada a servir y no a mandar”

Un momento de la misa celebrada por el cardenal Parolin en Rumbek

Un momento de la misa celebrada por el cardenal Parolin en Rumbek

El coraje de la paz

"Sean valientes", dijo el secretario de Estado: "Este es el momento de comprometerse, veo su entusiasmo, su potencial y el deseo de ponerse en juego". La celebración eucarística estuvo animada por cantos y danzas tradicionales. 

Ciudadano de Sudán del Sur

Nada más bajar del avión esta mañana en Rumbek, el cardenal Parolin fue recibido entre aplausos y honrado por los habitantes de la diócesis con muestras de afecto y coronas florales. Interrogado por un periodista, el purpurado expresó inmediatamente su alegría por encontrarse de nuevo en el país:

“Me estoy convirtiendo en ciudadano de Sudán del Sur. Siempre es un placer estar aquí", dijo, señalando que su viaje seguía la estela de la visita ecuménica realizada por el Papa Francisco el pasado mes de febrero con el arzobispo de Canterbury y el moderador de la Iglesia presbiteriana de Escocia "para promover, fortalecer y alentar el proceso de paz, reconciliación y pacificación en Sudán del Sur".

A continuación, el cardenal secretario de Estado recordó que ya había estado – el pasado martes con motivo del día de la Asunción de María – en Malakal, un lugar donde "el problema de los desplazados y refugiados es muy crítico". A continuación, explicó que había aceptado con alegría la invitación del obispo de Rumbek para visitar su diócesis para un "momento de fe, oración y comunión en la Iglesia".

A su llegada a Juba el 14 de agosto, el cardenal Parolin se reunió con el presidente sudsudanés, Salva Kiir, y le entregó un mensaje del Papa Francisco. Según fuentes del gobierno local, juntos discutieron "una amplia gama de temas relacionados con la implementación de la paz y la preparación del país para las elecciones generales del próximo año". El cardenal secretario de Estado invitó al pueblo de Sudán del Sur "a abrazar el espíritu de paz y reconciliación para construir una sociedad armoniosa en el país".

También en Juba, el lunes por la tarde, en la catedral de Santa Teresa, el cardenal Parolin, con el Consejo de Iglesias de Sudán del Sur –organismo que reúne a representantes católicos, presbiterianos, pentecostales y episcopales – y después con la juventud ecuménica y con los niños del país, plantó algunos árboles como signo de paz, de esperanza y de unidad para las generaciones futuras.

En Malakal, donde el cardenal secretario de Estado dijo conocer personalmente el grave problema de los refugiados, rezó por el fin de la venganza: "El mal – dijo – no tiene la última palabra". Antes de Sudán del Sur, recordamos, Parolin visitó Angola del 11 al 13 de agosto.

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