Clarín entrevista, en exclusiva, al hermano de la joven desaparecida en 1983 Pietro Orlandi: "Yo sé quién mató a mi hermana Emmanuela"

Concentración en San Pedro para exigir información sobre Emanuela Orlandi
Concentración en San Pedro para exigir información sobre Emanuela Orlandi Agencias

"Es un sistema que liga Estado, Iglesia y criminalidad, que desde hace 36 años impide hacer emerger la verdad"

"En el Vaticano hay un muro de silencio e hipocresía para frenar las investigaciones"

De Benedicto XVI, el ex cardenal Ratzinger, dijo que “se lavó las manos”. Pero destacó que el que más lo desilusionó fue Francisco, el Papa argentino “por su imagen de luchador por la justicia y la verdad”.

(Extractado de Clarín).- Desde hace 36 años, en las paredes de Roma persisten carteles con la imagen de Emanuela Orlandi (...). En Roma, los posters de "Emanuela Orlandi desaparecida", que muchos jóvenes cuelgan en las paredes de casa, solo compiten en popularidad con otra imagen: la foto mundialmente famosa del Che Guevara. Fueron su hermano Pietro y sus amigos los que la imprimieron y la difundieron en las primeras protestas, pero se ha multiplicado tanto que hasta hoy se la encuentra, renovada con las marchas o el recuerdo de los aniversario de su desaparición.

Petro Orlandi, el hermano mayor de la chica desaparecida, en la reciente charla con Clarín en el Vaticano. Foto: Victor Sokolowicz

Petro Orlandi, el hermano mayor de la chica desaparecida, en la reciente charla con Clarín en el Vaticano. Foto: Victor Sokolowicz

Quién era mi hermana

“Emanuela era una ragazza de 15 años, con cuatro hermanos. Todos habíamos nacido en el Vaticano. Fue mi abuelo el primero que trabajó para la Santa Sede y mi padre Ercole era un empleado. Emanuela iba a la escuela y tenía mucho talento para la música. Iba al Conservatorio cerca del Senado y la plaza Navona. Estudiaba flauta. Fue a la salida de una clase que desapareció. Una chica de 15 años no justifica tanto misterio. Para mi la clave de la importancia que tenía mi hermana para sus secuestradores era su condición de ciudadana vaticana. No me cabe ninguna duda de que la hicieron desaparecer para usarla como arma de chantaje en el Vaticano”, explica su hermano.

Son varias las hipótesis que responden al porqué de la desaparición. “Yo sé quién mato a Emanuela. Es un sistema que liga Estado, Iglesia y Criminalidad, que desde hace 36 años impide hacer emerger la verdad”, afirma su hermano mayor, que hace casi cuatro décadas que la busca con su familia.

“Del otro lado del Tíber”, como dicen los romanos cuando señalan sin nombrarlo al Estado vaticano, “hay un muro de silencio e hipocresía”, acusa Pietro Orlandi, quien critica el comportamiento de los tres papas que reinaron en la Iglesia desde la desaparición de Emanuela, por haber mantenido una estrategia similar de frenar las investigaciones.

De Benedicto XVI, el ex cardenal Ratzinger, dijo que “se lavó las manos”. Pero destacó que el que más lo desilusionó fue Francisco, el Papa argentino “por su imagen de luchador por la justicia y la verdad”.

El cartel que apareció en distintas épocas a partir de los años 80 raíz del caso la desaparición Emanuela Orlandi. 
Foto: Victor Sokolowicz

¿Terrorismo internacional?

Un desconocido se le cruzó a Emanuela cuando caminaba en la tarde del 22 de junio de 1983 rumbo al Conservatorio, junto al Senado vecino a la plaza Navona, en pleno centro de Roma, para ofrecerle un trabajo: distribuir cosméticos en un desfile de modas de las hermanas Fontana. Su hermana Federica, a quien llamó por teléfono, le dijo que le prometían demasiado dinero y que tuviera cuidado.

Al salir del Conservatorio, el desconocido le sugirió que llamara a su familia, que debía ser prudente. Un agente municipal confirmó que frente al Senado, mal estacionado había un auto con un hombre y una joven. Les dijo que debían irse o les haría una multa.

Emanuela había desaparecido para siempre. El Papa Juan Pablo II pidió por su paradero e integridad públicamente unos días después. “En la Navidad de ese año 1983, el Papa polaco nos visitó en casa (en el Vaticano) y nos dijo que Emanuela había sido víctima del terrorismo internacional.

“Los tres papas mantuvieron una estrategia similar de frenar las investigaciones, pero el que más me desilusionó fue Francisco”.

El pontífice se preocupó de ofrecer a Pietro un trabajo en el IOR, el Banco del Papa, donde trabajo "casi 30 años”. El único que se había opuesto fue el arzobispo norteamericano Paul Marcinkus, muy cuestionado por sus manejos financieros “non sanctos”, pero Juan Pablo II insistió.

Las distintas hipótesis

Ha sido descartada totalmente la pista esgrimida por los terroristas turcos que secuestraron a Emanuela para liberal al mitómano asesino Alí Mehtmet Agcá, quién hoy vive en su país y sigue afirmando que Orlandi está viva y bien de salud. Agcá casi mata en un atentado a Juan Pablo II el 13 de mayo de 1981 y cumplió veinte años de cárcel en Italia. Carece totalmente de credibilidad.

La apertura de las tumbas de dos princesas alemanas en el Cementerio Teutónico del Vaticano, en julio pasado, no dio resultados positivos. AFP

Una de las hipótesis más fuertes señala que Emanuela fue secuestrada por miembros de la llamada Banda de la Magliana, la más sólida estructura delictiva de Roma. Uno de sus principales personajes era Enrico De Pedis, llamado “Renatino”. Aquí se abre otro misterio y otra tumba.

Esta hipótesis sugiere que gente vinculada a De Pedis consumó el secuestro destinado a chantajear al Vaticano para que devolviera un dinero multimillonario que la Banda de la Magliana prestó al Banco del Papa, el IOR. Dinero que el Papa Juan Pablo II había utilizado en parte para alimentar la causa polaca contra la dictadura comunista en Polonia.

Enrico "Renatino" de Pedis uno los jefes la Banda Magliana, asesinado en 1992 cerca Campo de' Fiori.

Enrico "Renatino" de Pedis uno los jefes la Banda Magliana, asesinado en 1992 cerca Campo de' Fiori.

Según Pietro Orlandi “el hecho más importante de estos 36 años es la tratativa entre la justicia de Roma y algunos personajes de la cumbre vaticana, que tuvo lugar en 2012”. En 1992 había sido asesinado en pleno centro de Roma Enrico De Pedis. Giancarlo Capaldo, el fiscal jefe de Roma, mantuvo varios encuentros con un alto funcionario del Vaticano. Pietro Orlandi contó que Capaldo nunca reveló su nombre. Ambos se reunían en un ala clausurada por obras de los Museos Vaticanos.

Un tema de la tratativa era la tumba de “Renatino” De Pedis, cuyo sepulcro estaba nada menos que en la basílica de Saint Apollinaire, ubicada muy cerca de donde fue secuestrada Emanuela. El vicario de Roma, cardenal Ugo Poletti, había dado el más que raro permiso.

Descubierta la tumba de De Pedis, Capaldo pidió al Vaticano que fuera la magistratura la que se ocupara de trasladar el cuerpo. Esto cuenta Pietro Orlandi, que conoce a Capaldo. El magistrado dijo al personaje de alto nivel del Vaticano que la familia quería saber si Emanuela estaba viva o muerta y en este caso pretendía recuperar sus restos.

La “alta fuente vaticana” respondió que consultaría a sus superiores. En el siguiente encuentro, según Pietro Orlandi, la respuesta fue “va bene”. El Vaticano aceptaba entregar un fascículo en el que figuraban nombres de responsables que habían tenido un papel en el secuestro. “Pero solo hasta un cierto nivel. No más allá, porque en el nivel más alto nada podía ser revelado”.

La siguiente reunión, decisiva, no tuvo lugar jamás. En cambio llegó como un fúlmine la decisión del nuevo fiscal general de Roma, Giuseppe Pignatone que dispuso pedir que se archivara el caso. El fiscal Capaldo se negó a firmar y fue desplazado por Pignatone.

En las últimas semanas se repitieron en el Vaticano las marchas para pedir justicia y datos ciertos sobre la desaparición de Emanuela Orlandi. AP

Según le dijo Capaldo a Pietro Orlandi, había indicios importantes, aunque no pruebas, que merecían continuar las investigaciones. “Hay indicios pero no pruebas consistentes”, estableció el juez que confirmó el archivo del caso, en el que estaba incluido también el misterio de la desaparición de Mirella Gregori, una chica de la edad de Orlandi que desapareció un mes antes que Emanuela.

"Tu hermana está en el cielo, me dijo el Papa Francisco, y le respondí: no tenemos ninguna constancia de que esté muerta“.

Con el tiempo crecieron las conjeturas sobre la posibilidad de que se tratara de la representación diplomática de la Santa Sede ante el gobierno italiano, con sede en la suntuosa villa Giorgina en la que en noviembre del año pasado aparecieron huesos y se hizo la inspección que dieron resultados negativos: no pertenecían a los restos de Emanuela.

Del sepulcro de De Pedis al cementerio Teutónico

Existe una carta anónima que recibió la familia Orlandi en la que se refiere una trampa a la cual fue atraída Emanuela en la sacristía de la basílica de San Apollinaire. En la inspección del sepulcro en el que había sido enterrado Enrico De Pedis, también los resultados fueron negativos, pero en la historia quedó pegado el párroco de Saint Apollinaire en los años ochenta, monseñor Pietro Vergari. Los investigadores lo consideraron vinculado al secuestro de Orlandi pero Vergari respondió:  “Estoy tranquilo, no tengo nada que esconder”.

Interrogado en 2009, como testigo, monseñor Vergari quedó afuera de esta tragedia con el archivo del caso impuesto por el fiscal jefe de Roma, Giuseppe Pignatone. Pero en aquella época, Pietro Orlandi, el hermano de Emanuela, recordó que sor Dolores, la directora del Conservatorio de música que frecuentaba la víctima, recomendaba a las estudiantes mantenerse lo más lejos posible de monseñor Vergari, rector de Saint Apollinaire. 

La apertura de las tumbas de dos princesas alemanas en el Cementerio Teutónico del Vaticano, en julio pasado, no dio resultados positivos. AFP

Los mal pensados, que muchas veces aciertan, piensan que es raro que se haya abierto con tanto clamor popular la llamada ruta de las tumbas, que podría continuar en el futuro si las manos negras encargadas de distraer a los que buscan la verdad del caso Orlandi vuelven a proponer otra búsqueda bajo tierra.

En 2012 se buscaron los restos de Emanuela en el sepulcro del cadáver de Enrique De Pedis. No fueron encontrados. Los restos de “Renatino” fueron removidos y más tarde cremados.

El 11 de noviembre del año pasado, en la suntuosa Villa Giorgina, sede de la embajada de la Santa Sede ante el gobierno italiano, ya muy conversada en las denuncias sobre fiestas pedófilas vaticanas que hizo el exorcista monseñor Amorth, se encontraron huesos humanos y de inmediato se replanteó el caso de Emanuela Orlandi. El Vaticano anunció el descubrimiento y se pronunció en favor de poner el hombro y la pala para buscar la verdad. Villa Giorgina es una residencia muy especial, donada al Papa Pío XII por el rico industrial judío italiano Isaac Levi, en agradecimiento porque había contribuido a salvarle la vida de la persecución nazifascista durante la guerra.

Dos tumbas del Cementerio Teutonico en el Vaticano. La llamada Tumba Ángel y una adyacente fueron abiertas para verificar si el cuerpo de Emanuela Orlandi se encontraba allí.
Foto: Víctor Sokolowicz

Dos tumbas del Cementerio Teutonico en el Vaticano. La llamada Tumba Ángel y una adyacente fueron abiertas para verificar si el cuerpo de Emanuela Orlandi se encontraba allí. Foto: Víctor Sokolowicz

Las tumbas vacías

El 11 de julio pasado se repitió, muy ampliada, la historia. La familia Orlandi había recibido un mensaje de que en las tumbas de dos princesas alemanas muertas en 1830 y 1840 se encontraban los restos de Emanuela. Pietro explicó a Clarín que también había una devoción en el lugar hacia la memoria de Emanuela que aumentó la convicción. El Vaticano aceptó la búsqueda que debía demostrar su inocencia. “Si dicen que sí es porque ahí no está”, comentó un veterano y escéptico vaticanista.

Así fue. Las tumbas estaban vacías y el Vaticano aceptó también que se buscara en el osario adonde se trasladaban los huesos más viejos. Nada. El perito nombrado por la familia Orlandi reclamó que 70 huesos fueran examinados con más atención, porque todos habían sido desechados velozmente pues sus “estructuras óseas” eran anteriores al siglo XX.

"En el Vaticano hay alguno que tiene bajo chantaje al sistema. Se lo planteé al secretario de Estado, cardenal Parolin. Me respondió: '¿Y si la verdad es demasiado terrible?'“

La Ruta de las Tumbas sirvió, con la autorización vaticana, para limpiar de toda sospecha los tres escenarios sepulcralesdonde se decía que podían estar los restos de Emanuela.

Pietro Orlandi contó a Clarín que en 2013, tres semanas después de su elección, el flamante Papa argentino visitó la iglesia de Santa Ana, que era la parroquia de Emanuela, vecina a la casa familiar, dentro de los muros vaticanos. “Tu hermana está en el cielo”, cuenta que le dijo Francisco. “Le respondí que no teníamos ninguna constancia de que estuviera muerta. Que seguiríamos luchando por recuperarla con vida hasta que nos probaran lo contrario. Y que en ese caso continuaríamos batallando por saber la verdad”. Y agregó: “No sé como se enteró que a Emanuela la habían matado”.

Una protección cubre el  área donde se encuentran las tumbas del Cementerio Teutónico que fueron abiertas en julio.
Foto: Victor Sokolowicz

Pietro Orlandi dijo que nunca logró que el Papa hablara públicamente del caso de su hermana desaparecida, ciudadana vaticana para explicar su desilusión.

“Le pedí inútilmente en varias ocasiones a su secretario personal, padre Fabián Pedacchio (también argentino) que hiciera llegar al Santo Padre nuestro ruego de que hablara públicamente del caso de Emanuela.

La conclusión del hermano de Emanuela es que “en el Vaticano conocen la verdad y todavía hay alguno que tiene bajo chantaje ese sistema. Mi hermana cayó dentro de una red de chantajes vaticanos, que tratan de ocultar la verdad porque pesa sobre el prestigio de la Iglesia”.

Dijo a Clarín que le había planteado la cuestión al secretario de Estado, cardenal Pietro Parolin, a quien aprecia. ¿Qué le respondió? “Abrió los brazos, me dijo que la situación era muy complicada y me preguntó a su vez: “¿Y si la verdad es demasiado terrible?”.

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