Una católica alemana recibe la Cruz Federal al Mérito por acompañar a solitarios y enfermos

En abril recibió la Cruz Federal al Mérito de manos del presidente alemán. Meses después, Martina Steinfurth sigue haciendo lo de siempre: coordinar a alrededor de 170 voluntarios y voluntarias, y dejar lo que esté haciendo para acompañar a quien se queda solo en el dolor o en la enfermedad.

Foto: Roland Steinfurth
Martin Scheuch
26 ago 2026 - 16:55

Era Nochebuena y ya era tarde cuando sonó el teléfono de Martina Steinfurth. Al otro lado, un médico de emergencias le contó que un hombre mayor acababa de morir y que su esposa se había quedado sola en casa. Los acompañantes espirituales no estaban disponibles. Steinfurth, de 60 años, no dudó: se levantó y fue. La viuda le habló durante media noche de su vida y de los recuerdos con su marido. Ella solo escuchó hasta que llegaron los familiares.

Esa escena resume, según katholisch.de, la forma de vivir de esta católica de Stralsund, una ciudad portuaria del norte de Alemania. En abril de este año, el presidente federal Frank-Walter Steinmeier le impuso la Cruz al Mérito de la República Federal de Alemania, una de las distinciones civiles más altas del país. El reconocimiento llegó por décadas de trabajo discreto, pero constante, al lado de personas en duelo, enfermos graves y solitarios.

Steinfurth creció en la antigua Alemania del Este, en una familia mixta —padre protestante, madre católica— en un entorno donde la fe no era bien vista. Desde joven entendió que ser cristiana no consistía en llevar símbolos visibles, sino en actuar. Estudió pedagogía social y, tras la caída del Muro, ayudó a construir la estructura de Cáritas, la organización de ayuda social de la Iglesia católica, en Stralsund. Allí lleva más de tres décadas.

Martina Steinfurth junto al presidente alemán Frank-Walter Steinmeier
Martina Steinfurth junto al presidente alemán Frank-Walter Steinmeier | Foto: Lazarus-Dienste Stralsund

Su especialidad es el acompañamiento al final de la vida. A partir del año 2000 impulsó un servicio de hospicio que hoy coordina a más de 50 voluntarios. Más adelante, a través de su parroquia, creó el Servicio de Lázaro, una red de unos 120 voluntarios que funciona casi como una línea de atención diaria. Atienden a cualquiera que lo necesite —creyente o no—: personas solas, enfermas, con trámites burocráticos o que atraviesan una crisis. En una ciudad donde los católicos apenas llegan al 4 % de la población, ese carácter abierto resulta fundamental.

Steinfurth insiste en que cada voluntario aporte lo que mejor sabe hacer. Si a alguien le apasiona la jardinería, se le propone cuidar tumbas abandonadas en lugar de ponerlo a servir café. La idea es que la ayuda sea cercana y respetuosa.

Meses después de recibir la condecoración, ella sigue mirando hacia delante. Trabaja en un proyecto de “buzones vivos”: puntos de contacto por la ciudad para que personas aisladas o enfermas puedan pedir ayuda de forma sencilla. “El tiempo que tenemos en la tierra es limitado”, dice, “y quiero aprovecharlo”.

En un país donde la religión ha perdido peso y muchas personas envejecen solas, el trabajo de Martina Steinfurth demuestra que la fe, unida a la organización y a la generosidad de los voluntarios, puede seguir siendo una red de apoyo real para quienes más lo necesitan.

También te puede interesar

Lo último

stats