Dominique-Marie David, arzobispo de Mónaco: “La visita del papa León XIV será un momento de unidad y alegría para todos”

El arzobispo destaca la importancia de acompañar a los jóvenes y a las personas que retoman la fe

Dominique-Marie David, arzobispo de Mónaco.
Dominique-Marie David, arzobispo de Mónaco. | Archivo

Con motivo de la visita del papa León XIV a Mónaco el 28 de marzo, el arzobispo Dominique-Marie Jean Michel David, ordenado en 1991 y nombrado arzobispo de Mónaco en 2020, repasa su labor pastoral. Nacido en Francia en 1963 y miembro de la Comunidad Emmanuel, ha centrado su acción en los jóvenes, en el cuidado de los enfermos y ancianos, y en iniciativas misioneras y culturales que acercan la Iglesia a la comunidad. La visita del papa será una “oportunidad única para reforzar estos vínculos espirituales y humanos dentro del Principado”, asegura.

Pregunta. ¿Cuáles son los principales proyectos pastorales que ha puesto en marcha desde que fue nombrado arzobispo?

Respuesta. Después de un año marcado por las restricciones del Covid, he priorizado sobre todo los encuentros y la escucha. Con visitas pastorales temáticas, he centrado la atención en el ámbito de la infancia y la juventud, visitando todas las realidades vinculadas a la transmisión de la fe y el acompañamiento de las nuevas generaciones. También he querido recorrer residencias de ancianos y centros hospitalarios para mostrar que nuestros hermanos y hermanas mayores y enfermos tienen un lugar esencial en la Iglesia.

R. Paralelamente, he impulsado iniciativas misioneras en comunicación y cultura, y he promovido itinerarios de evangelización abiertos a todos para facilitar la formación de los fieles y de las personas que retoman la fe. Últimamente, nuestra atención pastoral se ha orientado especialmente a los catecúmenos que se dirigen a nosotros. Además, reflexionamos sobre cómo articular la vida pastoral entre los niveles diocesano y parroquial, un reto particular en un país pequeño como el nuestro.

“He centrado la atención en el ámbito de la infancia y la juventud, visitando todas las realidades vinculadas a la transmisión de la fe”, asegura el arzobispo monegasco.
“He centrado la atención en el ámbito de la infancia y la juventud, visitando todas las realidades vinculadas a la transmisión de la fe”, asegura el arzobispo monegasco. | L’Observateur de Monaco

P. ¿Podría dar algún ejemplo concreto de estos proyectos o actividades?

R. Sí. Hemos organizado talleres de formación para jóvenes sobre fe y cultura, encuentros con familias para reforzar la transmisión de la fe, y también actividades musicales y litúrgicas que implican a los distintos colectivos de la comunidad. La idea es que todos, desde el más pequeño hasta el más mayor, se sientan acogidos y parte de una comunidad viva.

P. ¿Cómo ve el papel de la Iglesia católica en Mónaco en la sociedad actual?

R. Aún hoy, en un Estado confesional como el nuestro, la religión católica ocupa un lugar central. La situación institucional de la Iglesia es reconocida por todos, y el catolicismo sigue marcando la vida pública monegasca a través de celebraciones litúrgicas que reúnen a la comunidad.

R. Sin embargo, Mónaco no es inmune a la presión de la secularización y de ciertas ideologías en boga, así como a una creciente desvinculación respecto a la práctica religiosa. A pesar de la apariencia de un vínculo con la cultura católica y diversas muestras de devoción popular, es necesario recordar constantemente la necesidad de una vida cristiana coherente y, al mismo tiempo, anunciar la alegría del Evangelio con entusiasmo y generosidad.

P. ¿Cuál es su enfoque respecto al acompañamiento espiritual de los jóvenes?

R. Como en muchos países occidentales, los jóvenes no se sitúan ante la fe como las generaciones anteriores. Aun así, buscan sentido, identidad y tradición. Vemos con sorpresa y alegría que llegan muchos jóvenes catecúmenos. Esta “divina sorpresa” es saludable porque nos desafía a salir de rutinas espirituales consolidadas.

R. También es un reto para las comunidades: convertirse en lugares de acogida cálidos donde estos nuevos hermanos y hermanas puedan vivir la vida de Cristo, recibir una formación sólida y experimentar una Iglesia radiante de alegría y caridad.

“Mónaco no es inmune a la presión de la secularización y de ciertas ideologías en boga, así como a un creciente desapego hacia la práctica religiosa”, admite el arzobispo.
“Mónaco no es inmune a la presión de la secularización y de ciertas ideologías en boga, así como a un creciente desapego hacia la práctica religiosa”, admite el arzobispo. | L’Observateur de Monaco

P. ¿Qué iniciativas hay para acercar a los jóvenes a la vida comunitaria y espiritual?

R. Además de las catequesis tradicionales, promovemos actividades culturales, encuentros de jóvenes y talleres que combinan fe, arte y voluntariado. También los animamos a participar en eventos internacionales, como las próximas Jornadas Mundiales de la Juventud en Seúl, que ofrecen una experiencia de comunidad y de fe que supera las fronteras nacionales.

P. ¿Hay eventos o proyectos para fortalecer los vínculos con la comunidad internacional?

R. Sí. Una tradición que vale la pena destacar es “Fe sin Fronteras”, que reúne anualmente a sacerdotes y obispos de las tres diócesis vecinas: Niza (Francia), Ventimiglia-San Remo (Italia) y Mónaco. También hemos participado activamente en el Año Jubilar con numerosas peregrinaciones a Roma, y yo mismo asisto a encuentros del Consejo de Conferencias Episcopales de Europa. Estas experiencias refuerzan los vínculos entre las Iglesias y fomentan el intercambio espiritual y pastoral.

P. ¿Qué papel juega la liturgia y la cultura dentro de la vida de la Iglesia en Mónaco?

R. La liturgia es el corazón de nuestra vida comunitaria, pero la cultura, la música y las actividades artísticas también son un camino para acercar la fe a todos. Esto permite que la comunidad participe activamente y que la transmisión de la fe no sea solo teórica, sino viva y experiencial.

P. ¿Qué significa para Mónaco la visita del papa León XIV?

R. La visita del papa será un momento excepcional para reafirmar la fe y la unidad de la comunidad. Es una oportunidad para recordar que, a pesar de los retos de la modernidad y la secularización, la Iglesia sigue siendo un punto de referencia para todos. También es un tiempo para la alegría, la fraternidad y el refuerzo de los vínculos entre creyentes de diferentes orígenes.

León XIV, a pocos días de su visita a Mónaco.
León XIV, a pocos días de su visita a Mónaco. | Archivo

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