Ha finalizado el Camino Sinodal alemán con un balance mixto que deja preguntas abiertas

Ha finalizado en la ciudad de Stuttgart la última asamblea del Camino Sinodal, que tuvo lugar del jueves 29 de enero al sábado 31 de enero, donde participaron 177 personas con derecho a voto y 15 asesores.

El cardenal Marx, Irme Stetter-Karp y Bätzing
El cardenal Marx, Irme Stetter-Karp y Bätzing | DSW / Marko Orlovic
Martin Scheuch
01 feb 2026 - 09:49

«Hemos mostrado que la sinodalidad también puede ser católica. Lo hemos demostrado en Alemania con el Camino Sinodal». Acompañado de largos aplausos, Thomas Sternberg, expresidente del Comité Central de los Católicos Alemanes, pronunció estas palabras finales al concluir la sexta y última asamblea sinodal. También el arzobispo de Múnich y expresidente de la Conferencia Episcopal Alemana, el cardenal Reinhard Marx, mostró alivio: «Me alegro de que en su momento hayamos puesto esto en marcha». Irme Stetter-Karp, actual presidenta del Comité Central de los Católicos Alemanes, también enfatizó bajo fuertes aplausos: «Hemos demostrado que, a pesar de todas las incertidumbres, existe un “nosotros” que nos sostiene».

Sin embargo, las incertidumbres, decepciones y preguntas abiertas marcaron la mañana del sábado, especialmente con miras a la Conferencia Sinodal prevista para el otoño. Sobre sus estatutos, los obispos alemanes deliberarán en su asamblea plenaria a finales de febrero en Wurzburgo. Después le tocará el turno al Papa, quien hasta ahora se ha mostrado reservado al respecto. «Ya veremos», dijo hace algunas semanas durante un vuelo de Roma a Ankara.

No obstante, algunos obispos se mostraron optimistas, a pesar de la persistente crítica desde Roma y de las respuestas aún pendientes a las cartas enviadas desde Alemania. En particular, el aún presidente en funciones de la Conferencia Episcopal Alemana, Georg Bätzing, defendió al Vaticano y habló de un desarrollo positivo en el diálogo con la Curia Romana. También el obispo de Essen, Franz-Josef Overbeck, señaló en los días previos que Roma había estado informada en todo momento sobre el previsto órgano eclesial nacional. Cuenta con un «sí» al respecto, aunque en las próximas semanas hablará con representantes del Vaticano sobre el tema.

El obispo George Bätzing
El obispo George Bätzing | DSW / Marko Orlovic

Un asunto que generó controversia en la mañana fue el debate sobre cómo se va a monitorear la implementación de las decisiones de la asamblea sinodal. El cardenal Marx había enfatizado que no quería con la Conferencia Sinodal una instancia superior que supervise a los obispos o interfiera en las diócesis: «¡No quiero eso!». Christian Hermes, deán de la ciudad de Stuttgart, replicó que no se trata de interferir, sino de rendir cuentas, algo por lo que el propio Marx había votado.

La resolución finalmente aprobada prevé que los obispos diocesanos pongan a disposición de los órganos sinodales las respuestas de sus arquidiócesis y diócesis, y expliquen sus desarrollos. Además, el futuro órgano eclesial nacional deberá “monitorear” regularmente la implementación de las decisiones en las diócesis. Un término que se podría entender como “supervisión”. Precisamente esto es visto de forma crítica en Roma. También el obispo de Maguncia, Peter Kohlgraf, expresó preocupaciones similares. A pesar de todo, la resolución fue aprobada con una mayoría de dos tercios muy ajustada entre los obispos: diez prelados votaron en contra de tal mecanismo.

Tras seis años de un proceso de reforma, iniciado como reacción a la profunda crisis de abusos, quedan numerosas preguntas abiertas, especialmente sobre la configuración concreta del previsto órgano nacional. Ya el sábado por la mañana hubo malestar: además de 27 representantes respectivamente de la Conferencia Episcopal Alemana y del Comité Central de los Católicos Alemanes, deberán estar representados otros 27 fieles del pueblo eclesial.

Irme Stetter-Karp
Irme Stetter-Karp | DSW / Marko Orlovic

Incertidumbres, debates cargados emocionalmente y problemas técnicos llevaron la asamblea por la mañana al borde de la zozobra en algunos momentos. Las votaciones se retrasaron considerablemente, sobre todo cuando las comunidades católicas de lengua extranjera también reclamaron escaños asignados a representantes del pueblo eclesial. Tras un acalorado debate, finalmente se aprobaron, por estrecha mayoría, tres mandatos —en lugar de cinco— para representantes de comunidades de lengua extranjera. Además, al menos 13 miembros deberán ser mujeres y al menos cinco miembros menores de 30 años.

El Camino Sinodal comenzó en Frankfurt hace poco más de seis años. La Iglesia parecía moverse, aunque solo después de años de crisis, sacudida por el escándalo de los abusos. Los obispos y el Comité Central de los Católicos Alemanes iniciaron un camino común que debía permitir un diálogo para la reforma. Siendo una iniciativa originalmente ambiciosa, de ahí surgieron cinco asambleas plenarias, discusiones intensas y un debate sobre diversos temas —el ejercicio del poder, la moral sexual, la forma de vida sacerdotal célibe y el rol de las mujeres—. El espíritu inicial de renovación se vio amortiguado por la pandemia de coronavirus, y más tarde surgieron acusaciones de que el Camino Sinodal se encaminaba hacia un cisma. Los críticos reprochaban especialmente a Georg Bätzing arriesgar una separación de Roma.

Sin embargo, los temas discutidos no eran en absoluto exclusivamente “alemanes”. En otros países también se abordaron, aunque con distinto peso, muchas de las cuestiones que el proyecto de reforma alemán planteó de forma prominente. En 2021, el papa Francisco inició finalmente un camino paralelo a nivel eclesial universal con el Sínodo sobre la Sinodalidad.

A pesar de similitudes en el contenido, desde Roma se expresaron repetidamente reservas. También internamente hubo momentos críticos en el Camino Sinodal, por ejemplo en la cuarta asamblea sinodal en septiembre de 2022, cuando tras un intenso debate sobre la doctrina sexual católica, un texto fundamental fracasó por el bloqueo de una minoría episcopal. Sin embargo, se aprobaron cinco documentos fundamentales. Tres de ellos trataban cuestiones centrales: el ejercicio del poder, la vida sacerdotal y el rol de las mujeres. Muchos temas —como la no obligatoriedad del celibato para el clero, una revisión doctrinal del concepto de homosexualidad y el acceso de las mujeres a los ministerios sacramentales— no podían decidirse localmente. Estas preocupaciones fueron remitidas al Vaticano.

Bätzing, camino de su audiencia con el Papa en 2021
Bätzing, camino de su audiencia con el Papa en 2021 | DBK

Otro éxito parcial fue el texto pastoral sobre celebraciones de bendiciones para parejas homosexuales y divorciados vueltos a casar. Poco después, el Vaticano avaló la iniciativa. Antes de Navidad de 2023, el Papa Francisco permitió las bendiciones que antes estaban estrictamente prohibidas, aunque debían realizarse fuera de un marco litúrgico solemne. No todos quedaron satisfechos con el documento vaticano Fiducia supplicans del 18 de diciembre de 2023, sobre todo los católicos anclados en un conservadurismo anquilosado. Aun así, parecía que la Iglesia se movía, salía hacia las periferias, aunque sólo fueran pasos muy tímidos.

Cuatro obispos de los 27 obispos diocesanos de Alemania pusieron trabas al trabajo en el Camino Sinodal, invocando las observaciones hechas desde Roma: el ya emérito Gregor Maria Hanke (obispo de Eichstätt), Stefan Oster (obispo de Passau), Rudolf Voderholzer (obispo de Ratisbona) y el cardenal Rainer Maria Woelki (arzobispo de Colonia). Poco antes de esta última asamblea sinodal, Woelki y Voderholzer cancelaron su participación por motivos distintos. Woelki argumentó que para él el Camino Sinodal había concluido y que había participado en las cinco sesiones originalmente acordadas. Voderholzer, en cambio, participa en Roma en la asamblea plenaria del Dicasterio para la Doctrina de la Fe, incluyendo una audiencia papal. También estuvieron ausentes, por motivos de salud, el obispo de Erfurt, Ulrich Neymeyr, y el obispo de Osnabrück, Dominicus Meier. Para éste, sin embargo, la última asamblea sinodal es «un encuentro importante en el que se reflexiona sobre lo alcanzado y se dan pasos hacia el futuro».

El cardenal Woelki
El cardenal Woelki

Por la tarde del 29 de enero, Katharina Karl, de la Universidad Católica de Eichstätt, había presentado los resultados de una encuesta entre los participantes sinodales y miembros de los foros respecto a la evaluación del Camino Sinodal. En general, la valoración era positiva; la mayoría de los encuestados estaba satisfecha con el trabajo. Al mismo tiempo, los sinodales veían sólo una contribución menor de todo el proceso del Camino Sinodal a la eliminación de las causas sistémicas de la violencia sexual o a la recuperación de la confianza perdida en la Iglesia. No obstante, según Karl, el Camino Sinodal había contribuido significativamente al levantamiento del tabú sobre ciertos temas y al reconocimiento de grupos discriminados. Además, se había fortalecido la participación de los laicos en los procesos de decisión a través de órganos consultivos.

Fuente: katholisch.de

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