El arzobispo de París condena los disturbios: “Bajo ningún pretexto, la violencia ciega puede ser una respuesta legítima”

Laurent Ulrich expresa su apoyo a los heridos, comerciantes, periodistas y vecinos afectados, distingue las reivindicaciones legítimas de los saqueos y pide a los católicos que sean “artesanos de paz y de comprensión mutua”

Disturbios en Francia
Disturbios en Francia

El arzobispo de París, Laurent Ulrich, ha condenado la violencia de los disturbios registrados en la capital francesa, especialmente durante el sábado 17 y el domingo 18 de octubre, y ha expresado su cercanía a quienes han vivido esos días “como un trauma”. En un comunicado, el prelado denuncia que los enfrentamientos y los saqueos han desfigurado la ciudad y han ocultado las preocupaciones legítimas de muchos ciudadanos, particularmente de los jóvenes.

“En ningún caso, bajo ningún pretexto, la violencia ciega, que hiere, roba, incendia, puede ser una respuesta legítima”, afirma Ulrich en el pasaje más contundente de su mensaje.

Su condena va acompañada de una petición a los católicos de París: no dejarse vencer por el desaliento y responder mediante el compromiso, el consuelo y la construcción de una convivencia “justa y fraterna”.

Una ciudad “como desfigurada”

“Nuestra ciudad de París ha sido como desfigurada por los disturbios que se han producido en ella”, lamenta el arzobispo. Las imágenes de enfrentamientos y saqueos de “una violencia extrema”, añade, permanecen presentes en la memoria de sus habitantes.

Ulrich contrapone esos episodios al ambiente vivido durante la reciente visita pontificia. “Nos cuesta creer que la misma ciudad que acogió con alegría y concordia al papa León XIV haya podido convertirse, menos de un mes después, en el escenario de los actos de violencia a las que hemos asistido”.

Ese contraste plasma la preocupación del arzobispo por el deterioro de los vínculos ciudadanos y por el miedo que los disturbios han dejado entre los vecinos.

La violencia no debe silenciar las demandas legítimas

El arzobispo distingue expresamente las reivindicaciones sociales de los actos violentos. Reconoce “la manifestación legítima de las inquietudes de tantos de nuestros conciudadanos” y sitúa en primera línea a los jóvenes, “preocupados por su futuro y deseosos de entrar de la mejor manera posible en las responsabilidades de la edad adulta”.A su juicio, los enfrentamientos han terminado por hacer “invisible e inaudible” esa preocupación.

Disturbios en París
Disturbios en París

Su mensaje evita así confundir las demandas de quienes se manifiestan con las acciones de quienes hieren, saquean o incendian. La condena de la violencia no elimina la necesidad de escuchar el malestar social. Por eso, señala que esa violencia impide precisamente que sea escuchado.

Heridos, negocios arruinados y vecinos con miedo

Ulrich enumera las consecuencias humanas de los disturbios: personas heridas, entre ellas numerosos policías y bomberos; periodistas atacados; comerciantes que han perdido el fruto de años de trabajo, y familias y personas mayores que temen salir de sus casas.

Al referirse a los comerciantes, utiliza una imagen especialmente dolorosa. Dice que han visto “los esfuerzos de toda una vida arrancados de sus manos”. Y añade: “Quiero manifestar mi apoyo y mi oración, que son el apoyo y la oración de los católicos de París, a todos aquellos que han vivido los dos últimos días como un trauma”.

Un llamamiento al consuelo y a la paz social

Ante esa situación, el arzobispo pide una reacción ciudadana y un compromiso concreto de las comunidades católicas. A éstas, les corresponde ser “instrumentos de consuelo, artesanos de paz y de comprensión mutua”.

La respuesta que propone reúne ayuda a los afectados, perseverancia y esperanza. “No desanimarnos, aportar el testimonio de nuestra esperanza y construir en medio de nuestros hermanos un mundo justo y fraterno”.

Disturbios en París
Disturbios en París

Ulrich concluye invitando a intensificar la oración por Francia, “para que prevalezca la razón y se mantenga la paz social”. Una paz que, según subraya, no consiste únicamente en la ausencia de enfrentamientos, sino en preservar y reconstruir “los lazos entre las personas, que todos necesitamos para vivir felices juntos”.

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