Heiner Wilmer, presidente de la Conferencia Episcopal Alemana: «Deberíamos ser más valientes»

El nuevo obispo de Münster y presidente de la Conferencia Episcopal Alemana, Heiner Wilmer, habla sobre la crisis de la Iglesia, las reformas, el papel de los laicos y las tensiones con Roma, y advierte sobre el avance de la AfD y la fragilidad de la paz en Europa.

Foto: Marius Jacoby
Martin Scheuch
23 ago 2026 - 16:21

Heiner Wilmer ha asumido la dirección del catolicismo alemán en uno de sus momentos más delicados. Desde febrero de 2026 preside la Conferencia Episcopal Alemana (DBK), el organismo que reúne a los obispos católicos del país, y desde finales de junio es también obispo de Münster, una de las diócesis más importantes de Alemania. Su doble responsabilidad lo coloca en el centro de algunos de los debates más difíciles que afronta actualmente la Iglesia alemana: la pérdida de fieles, la reducción del número de sacerdotes y parroquias, las reformas internas, el papel de los laicos, las relaciones con Roma y la respuesta ante el avance de la extrema derecha.

En una extensa entrevista publicada el 21 de agosto por Kirche+Leben, revista y portal digital católico especializado en información sobre la Iglesia alemana, Wilmer ofrece un diagnóstico que combina preocupación y confianza. La Iglesia pierde miembros, recursos, personal y presencia social, pero el obispo no cree que ese declive institucional implique necesariamente la desaparición de la dimensión religiosa. Al contrario, considera posible que la religión vuelva a adquirir relevancia en una sociedad cada vez más secularizada, aunque probablemente lo haga de maneras distintas a las del pasado.

Wilmer establece así una distinción entre la crisis de las estructuras eclesiásticas y la desaparición de la búsqueda espiritual. A su juicio, el interés por el sentido de la existencia, por la dimensión trascendente de la vida y por la relación entre religión y sociedad no ha desaparecido. En una Alemania en la que cada vez menos personas se identifican con una Iglesia, la religión podría incluso recuperar espacio precisamente porque la ciencia, la tecnología y la política no proporcionan respuestas para todas las preguntas humanas.

Una Iglesia que debe aprender a caminar junta

Uno de los conceptos centrales del pensamiento de Wilmer es la «sinodalidad», una palabra que ha adquirido especial importancia durante el pontificado de Francisco. Se refiere a una manera de entender la Iglesia en la que obispos, sacerdotes y laicos participan conjuntamente en el discernimiento y en la vida eclesial.

La cuestión tiene una especial relevancia en Alemania. El Camino Sinodal, iniciado en 2019, abrió un amplio debate sobre el ejercicio del poder en la Iglesia, la participación de los laicos, el celibato sacerdotal, la situación de las mujeres y la moral sexual. Algunas de sus propuestas provocaron fuertes tensiones con el Vaticano y pusieron de manifiesto las diferencias existentes entre una parte del catolicismo alemán y la Curia romana.

Sesión del Camino Sindoal
Sesión del Camino Sindoal | Foto: Conferencia Episcopal Alemana / Maximilian von Lachner

Wilmer no considera cerrado aquel proceso. A su juicio, los asuntos planteados por los alemanes siguen presentes en el debate de la Iglesia universal a través del proceso sinodal impulsado desde Roma. Las cuestiones relacionadas con la sexualidad, las relaciones humanas, la participación de los fieles y las estructuras eclesiales continuarán formando parte de la discusión.

Para explicar lo que entiende por sinodalidad, el obispo recurre al episodio evangélico de los discípulos de Emaús. Dos personas caminan juntas después de la muerte de Jesús, comparten sus dudas y finalmente acogen a un desconocido que se incorpora a su camino. Para Wilmer, esa escena representa una Iglesia que no pretende tener todas las respuestas de antemano, que sabe escuchar y que está dispuesta a desplazarse desde el centro hacia las periferias.

La sinodalidad no sería, por tanto, una simple reforma administrativa. Implicaría cambiar la manera en que la Iglesia escucha, decide y se relaciona con quienes están dentro y fuera de ella.

El pulso con Roma por la predicación de los laicos

Esa concepción explica también su posición ante una de las cuestiones que han provocado mayores tensiones recientes entre la Iglesia alemana y el Vaticano: la predicación de los laicos durante la misa.

En marzo, Wilmer pidió en Roma, en nombre de la Conferencia Episcopal Alemana, un permiso especial para que laicos con formación teológica pudieran pronunciar la homilía. El Vaticano rechazó la petición en junio.

La cuestión tiene consecuencias prácticas. En muchas comunidades alemanas, mujeres y hombres con formación teológica desempeñan desde hace años un papel fundamental en la pastoral. Sin embargo, las normas litúrgicas reservan la homilía dentro de la misa a los ministros ordenados.

Pastoralista alemana durante una prédica
Pastoralista alemana durante una prédica | Foto: Michael Bönte

La negativa romana ha generado frustración entre sectores de la Iglesia alemana. En algunas diócesis, además, la participación de laicos en la predicación se ha convertido en una práctica suficientemente habitual como para que resulte difícil imaginar un retorno sencillo a la situación anterior.

Wilmer mantiene una posición prudente. No cuestiona abiertamente la decisión de Roma, pero tampoco pretende desautorizar la tradición pastoral desarrollada durante años en Münster. Confía en que los agentes de pastoral encontrarán formas adecuadas de continuar desempeñando su trabajo.

El episodio resume una de las tensiones fundamentales del catolicismo alemán: una Iglesia que intenta ampliar la participación de los laicos y que, al mismo tiempo, debe desenvolverse dentro de los límites establecidos por Roma.

Una advertencia contundente contra la AfD

Mucho más tajante es Wilmer cuando aborda la política y, especialmente, el ascenso de Alternativa para Alemania (AfD).

La AfD es una formación populista de derechas que ha experimentado un fuerte crecimiento electoral en los últimos años. Su influencia es especialmente notable en varios estados federados de la antigua Alemania Oriental. En Sajonia-Anhalt, donde se celebrarán elecciones regionales el 6 de septiembre, las encuestas sitúan a la AfD como la fuerza más votada y le otorgan una ventaja considerable sobre los demás partidos. Allí, además, la Oficina para la Protección de la Constitución de ese estado, el organismo alemán encargado de vigilar las amenazas contra el orden democrático, la ha clasificado oficialmente como organización de extrema derecha.

Wilmer rechaza cualquier intento de conciliar el cristianismo con el nacionalismo basado en criterios étnicos. Para él, el llamado nacionalismo völkisch —una concepción de la nación fundamentada en una supuesta comunidad étnica o de sangre— es incompatible con la concepción cristiana de la dignidad humana.

Congreso de la AfD en Essen, 4 de julio de 2015.
Congreso de la AfD en Essen, 4 de julio de 2015. | Foto: Olaf Kosinsky - Trabajo propio, CC BY-SA 3.0 de

Su razonamiento parte de un principio que considera irrenunciable: todos los seres humanos tienen la misma dignidad y derecho a vivir. De ahí deriva también su defensa de unos medios de comunicación independientes y de una cultura política basada en la verdad.

La preocupación del obispo va más allá de los resultados electorales de la AfD. Le inquieta un clima político en el que el miedo, la desconfianza hacia las instituciones y el desprecio sistemático hacia quienes ejercen responsabilidades públicas puedan terminar debilitando la democracia.

Por eso critica también el llamado politiker-bashing, la descalificación permanente de los políticos. No pretende presentarlos como infalibles. Su argumento es más sencillo: una democracia necesita ciudadanos críticos, pero también personas dispuestas a asumir responsabilidades sin ser convertidas permanentemente en objeto de sospecha y desprecio.

Hablar con todos, pero no convertirse en instrumento de nadie

La posición de Wilmer contiene una tensión deliberada. Defiende el diálogo con todas las personas, pero considera que la Iglesia debe evitar convertirse, aunque sea involuntariamente, en una plataforma de legitimación política para posiciones xenófobas o antisemitas.

El debate es especialmente sensible en Alemania, donde la memoria del nazismo sigue pesando sobre la cultura política. La discusión sobre cómo relacionarse con la AfD se mueve entre dos riesgos contrapuestos: excluir a los ciudadanos que votan por ella o normalizar discursos que una parte importante de la sociedad considera incompatibles con los principios democráticos.

Foto: Oficina de Prensa Episcopal de Hildesheim

Wilmer apuesta por mantener el diálogo sin confundirlo con legitimación. La Iglesia debe hablar con todos, pero no convertirse en un instrumento electoral de quienes defienden posiciones que contradicen la dignidad humana.

Y cree que la sociedad alemana tendrá que mostrar mayor capacidad de resistencia ante el avance de la extrema derecha. Ya existen protestas y voces críticas, sostiene, pero sería necesario todavía más coraje.

Una paz que ya no puede darse por garantizada

El otro gran motivo de preocupación para Wilmer es la situación internacional.

Durante décadas, Alemania vivió en un entorno de paz que para buena parte de la población parecía prácticamente irreversible. La invasión rusa de Ucrania cambió radicalmente esa percepción. La guerra ha devuelto al centro del debate europeo cuestiones que durante mucho tiempo parecían pertenecientes al pasado: defensa, rearme, disuasión militar, alianzas y posibilidad de una escalada del conflicto.

Wilmer considera frágil la paz europea y rechaza que el miedo se convierta en el principal criterio de actuación. A su juicio, sería un error responder a la inseguridad sacrificando libertades en nombre de una seguridad cada vez mayor.

Su posición respecto de la OTAN se sitúa dentro de la doctrina católica tradicional sobre la legítima defensa. La Alianza Atlántica recibirá el próximo 1° de octubre en Münster el Premio de la Paz de Westfalia, una decisión que ha suscitado críticas, entre ellas las de sectores pacifistas como Pax Christi.

Sede la OTAN en Bruselas, Bélgica
Sede la OTAN en Bruselas, Bélgica

El obispo considera legítimas esas objeciones, pero sostiene que una comunidad amenazada tiene derecho a defenderse. La cuestión fundamental, a su juicio, es que los medios empleados sean proporcionales y que las sociedades democráticas mantengan su capacidad de permanecer unidas.

Una Iglesia que pierde fieles, pero no quiere resignarse

La paradoja que atraviesa el discurso de Wilmer resulta evidente. Dirige una Iglesia que pierde miembros, recursos y peso social, pero se resiste a interpretar ese retroceso como una sentencia de muerte para el cristianismo.

El desafío consiste en distinguir entre la desaparición de determinadas formas históricas de pertenencia y la desaparición de la búsqueda religiosa. Las Iglesias alemanas pierden fieles a un ritmo considerable, disminuye el número de sacerdotes y muchas parroquias deben reorganizarse. Pero Wilmer cree que las preguntas religiosas pueden reaparecer bajo nuevas formas en una sociedad que ya no acepta automáticamente las respuestas tradicionales.

Para ello, la Iglesia tendrá que desprenderse de algunas de sus inercias. La participación de los laicos, la sinodalidad y la capacidad de dialogar con una sociedad plural forman parte de ese proceso.

Foto: Conferencia Episcopal Alemana / Marko Orlovic

Wilmer llega a Münster con una doble misión. Debe dirigir una de las diócesis más importantes de Alemania y, al mismo tiempo, representar a los obispos católicos ante el Estado, la sociedad alemana y el Vaticano. Su discurso combina la fidelidad a Roma con una evidente voluntad de preservar algunas de las reformas y experiencias desarrolladas en la Iglesia alemana.

En el terreno político, sin embargo, su posición es inequívoca. Frente al nacionalismo excluyente, la xenofobia y el antisemitismo, la Iglesia no puede permanecer neutral.

Su mensaje puede resumirse en una palabra que aplica tanto a la situación política como al futuro del cristianismo alemán: valentía. Una Iglesia que pierde poder social pero quiere conservar relevancia no puede limitarse a administrar su propio declive. Tendrá que aprender a caminar con otros, aceptar la incertidumbre y, cuando considere que están en juego la dignidad humana y la democracia, atreverse a hablar.

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