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Que acabe ya la guerra

Jesús Ruiz Molina, misionero burgalés y obispo en República Centroafricana: "El Evangelio debe producir vida"

Clínicas móviles para un país olvidado; entrevista con Mons. Jesús Ruiz Molina, obispo de la diócesis de Mbaïki: "Intentamos ayudar como podemos en un lugar donde la infraestructura sanitaria es prácticamente inexistente"

Mons. Jesús Ruiz Molina, obispo de la diócesis de Mbaïki
Mons. Jesús Ruiz Molina, obispo de la diócesis de Mbaïki
10 mar 2026 - 16:25

(Lorena Pacho/Vatican News).- En el corazón de África, la República Centroafricana es uno de los lugares más duros para vivir. Con casi seis millones de habitantes, más del 65 % vive en pobreza extrema, la esperanza de vida — una de las más bajas del mundo — apenas supera los 52 años y la mortalidad infantil y materna se encuentran entre las más altas a nivel global.

El sistema sanitario es casi inexistente y la proporción de médicos por habitante, con sólo 0,6 sanitarios por cada diez mil personas, es una de las más bajas del planeta. Muchas personas ven a un médico por primera vez en su vida gracias a las clínicas móviles impulsadas por la Iglesia.

En medio de la guerra, los desplazamientos y el hambre, misioneros como Jesús Ruiz Molina, comboniano y obispo de la diócesis de Mbaïki, no solo evangelizan: llevan medicinas, curan heridas y devuelven dignidad a un pueblo que lucha cada día por sobrevivir. En esta entrevista con L’Osservatore Romano monseñor Ruiz reflexiona sobre la importancia de abrir pequeños espacios de esperanza en medio del abandono y el sufrimiento.

Monseñor Jesús Ruiz molina
Monseñor Jesús Ruiz molina

¿Cómo describiría la situación general de la población en términos de sanidad y acceso a servicios médicos?

La situación sanitaria en nuestro país es catastrófica. El Estado emplea siete euros por persona y año. Con esa inversión, la sanidad es prácticamente inexistente. De hecho, casi el 95 % de la población con la que yo vivo nunca ha visto a un médico. En mi diócesis, con 400.000 habitantes, solo hay cuatro médicos, y muchas veces ni siquiera están en su puesto. La gente vive arrastrando enfermedades sin diagnóstico ni medicamentos.

Esta situación empuja a muchos a recurrir a la superstición o la brujería buscando aliviar el dolor. Es una realidad muy triste.

Un sistema sanitario prácticamente inexistente

¿Cómo afecta la falta de infraestructura y profesionales de la salud al bienestar de la comunidad local?

En un sistema donde prácticamente no existe la sanidad, los cuerpos están muy deteriorados. En este país la esperanza de vida es de unos 52 años, la mortalidad infantil supera el 10 % y la mortalidad materna al dar a luz es de las más altas del mundo.

Esto tiene consecuencias muy duras: las personas viven debilitadas y cualquier enfermedad tropical — especialmente el paludismo — puede resultar mortal.

Es una situación muy deprimente que afecta también a las familias, porque mucha gente muere muy joven. Además, quien logra acceder a la sanidad suele ser solo quien tiene algo de dinero y puede viajar a la capital para encontrar un médico.

¿Qué proyectos de salud está promoviendo actualmente la diócesis?

En la diócesis tenemos tres puestos de salud atendidos por religiosas y el hospital de Bagandú, en plena selva, financiado por una diócesis de Polonia y dirigido por las Hermanas Misioneras Combonianas. Además, contamos con tres centros de lucha contra la malnutrición, donde acompañamos a cientos de niños junto a sus madres.

Desde hace cuatro años organizamos también cuatro o cinco clínicas móviles al año con médicos centroafricanos de la capital que trabajan de forma gratuita. En la última participaron 22 doctores y se atendió a 1.200 personas. Estas clínicas visitan también la cárcel, donde hay unos 120 presos sin asistencia sanitaria, y comunidades muy vulnerables como el pueblo pigmeo.

A veces detectamos casos graves que enviamos a la capital para operar.

Intentamos ayudar como podemos en un lugar donde la infraestructura sanitaria es prácticamente inexistente, con el sueño de contar algún día con un hospital con médicos locales que puedan atender dignamente a la población.

Misioneros en la República Centroafricana
Misioneros en la República Centroafricana

Clínicas móviles de la Iglesia para devolver la esperanza

¿Puede compartir algún ejemplo concreto de cómo estos proyectos han transformado la vida de la comunidad?

En los centros de malnutrición vemos muchos niños con desnutrición severa que, tras seis o diez meses de tratamiento, logran recuperarse. Además, formamos a las madres para mejorar la alimentación y prevenir nuevos casos.

En las clínicas móviles, donde todo es gratuito, mucha gente ve a un médico por primera vez después de años arrastrando enfermedades. Allí hemos detectado y tratado casos muy graves: niños ciegos que han sido operados y ahora pueden ver o personas con úlceras tropicales o gangrenas que han recibido cirugía o prótesis.

Son ejemplos concretos de cómo una atención sanitaria básica puede devolver salud, dignidad y esperanza a personas que antes estaban completamente abandonadas. Es muy duro ver a la gente sufrir.

La Iglesia combina la atención espiritual con la asistencia material. ¿Cómo integra la dimensión pastoral con la atención sanitaria en estos proyectos?

Nuestro lema es el Evangelio de Juan 10,10: “He venido para que tengan vida y vida en abundancia”. Siempre he pensado que, si el Evangelio no genera vida, entonces no es el Evangelio de Jesús, porque por donde Él pasaba hacía crecer la vida. Por eso unimos la vida espiritual —la gracia, el perdón, la salvación— con el cuidado de la vida física.

El problema es que casi no tenemos medios ni profesionales. Mucha gente nunca ha visto un hospital ni puede pagar un médico.

A veces, en misa, la gente lleva litros de agua para que los bendiga, porque no tienen medicamentos. Aprovechamos esos momentos para hacer catequesis y recordar que la fe no sustituye a la medicina, pero sí acompaña el sufrimiento.

Por eso intentamos vivir una pastoral unificada: rezar y acompañar, pero también organizar las clínicas móviles, para que este pueblo tenga más vida y más dignidad.

Desde su experiencia, ¿qué enseñan los pacientes sobre sufrimiento, valentía y fe en un contexto de tanta necesidad?

En situaciones tan dramáticas, lo que más sorprende no es la solidaridad, sino la capacidad de la gente para vivir y soportar el sufrimiento. Muchos pacientes no pueden costear tratamientos como la diálisis — 60.000 francos a la semana, cuando el sueldo base es 30.000 al mes — y deben abandonarlos, al igual que ocurre con otras enfermedades graves como el cáncer, ya que no hay medicinas ni equipos.

En estos momentos tengo varios casos gravísimos que no sé cómo solucionar con personas paralizadas completamente. Muchas familias tienen que dejar morir a sus seres queridos porque no tienen dinero para una operación.

A pesar de esto, las personas soportan el dolor con dignidad, enfrentan la muerte sin quejarse y mantienen una voluntad de vivir que es asombrosa. Lo que queda claro es su resistencia, su fortaleza y su humanidad frente a la carencia absoluta de recursos.

Sacramento del Bautismo en las misiones
Sacramento del Bautismo en las misiones

Misericordia y acompañamiento

¿Cómo inspira la celebración de la Jornada Mundial del Enfermo a su comunidad y a los trabajadores de la salud?

Celebramos el Día del Enfermo con misa y palabras de consuelo. Además, a través de movimientos cristianos como San Vicente de Paul, la Legión de María o San José, promovemos la misericordia y la visita a los enfermos, así como un poco de prevención y apoyo familiar, guardando recursos para atender a quienes sufren.

En esta realidad, un enfermo puede significar un gasto enorme para la familia. Por eso fomentamos la solidaridad, ayudando a que puedan comer, tener medicamentos y recibir compañía y oración, combinando atención espiritual y práctica.

¿Qué papel desempeñan los médicos locales y voluntarios en estos proyectos?

El personal sanitario está casi todo en la capital, y pocos aceptan venir a zonas de riesgo sin medios ni medicamentos, lo que resulta muy frustrante para ellos. En la diócesis trabajamos con un grupo de unos 20 médicos locales — católicos, protestantes y musulmanes — que ofrecen su trabajo gratuitamente y se esfuerzan por atender, mostrando compasión por la población. Yo les hago ver que fuera de la capital la situación sanitaria es mucho peor si cabe, y cuando vienen a la diócesis se sorprenden de lo que es posible hacer. Les recuerdo: “si esto existe, es tu país”.

El gran desafío es la fuga de cerebros: muchos médicos emigran o se unen a ONG extranjeras, donde incluso trabajar como chofer puede ser más rentable que ejercer la medicina en el país. Buscan mejores condiciones, lo que deja al país con muy pocos profesionales. Por eso valoramos aún más a quienes deciden quedarse y servir a pesar de las carencias extremas.

Atención pastoral en la República Centroafricana
Atención pastoral en la República Centroafricana

Ejemplos de esperanza frente a un sistema sanitario devastado

Sabemos que hay profesionales que han hecho historia en la medicina local. Desde su perspectiva pastoral, ¿qué nos enseña la historia del primer nefrólogo de la República Centroafricana, el doctor Cédric Ouanekpone, sobre vocación, servicio y esperanza en medio de tantas dificultades sanitarias?

El doctor Cédric Ouanekpone, primer nefrólogo del país, ha dedicado su vida a servir incluso en medio de la guerra, visitando barrios y atendiendo pacientes con valentía. Es una eminencia, se formó en Francia y rechazó una importante oferta laboral allí para regresar a su país. Vive su trabajo como vocación cristiana, recordando que ha recibido mucho y debe darlo para que la gente viva.

Su ejemplo para mí es una esperanza de que podremos hacer un día algo distinto con la gente de aquí. Nos muestra que es posible construir una sanidad distinta, accesible para los pobres, liderada por africanos.

Personas como el doctor Cédric son una inspiración para nosotros, como misioneros combonianos nuestro lema es ‘salvar África con África’. Yo sueño con que sean los africanos los que inviertan en una sanidad distinta, que se preparen bien, por eso estamos preparando la universidad. Nuestro sueño es contar con un hospital propio donde también se forme a profesionales, ofreciendo esperanza frente a un sistema sanitario devastado y a los recortes internacionales que agravan la crisis.

¿Qué mensaje transmitiría a los fieles y a quienes quisieran apoyar los proyectos de salud en África?

Como cristiano y obispo, digo que el Evangelio debe producir vida aquí. Después de la muerte, eso no nos corresponde a nosotros, eso es a Dios, pero el evangelio es para crear vida aquí. Jesús curaba enfermedades y dolencias, y nuestra vocación misionera incluye atender la salud de la gente que sufre.

Todo apoyo a ayuda a que un país joven como este — con más del 60 % de la población menor de 16 años — pueda invertir su juventud y energía en crear vida y esperanza en su comunidad.

Sorteamos el libro-homenaje de Mino Cerezo, el pintor de la liberación.
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