Josep Maria Juanpere, misionero en Camerún: “Al Papa le enseñarán lo mejor del país, pero no toda la realidad”

El religioso explica cómo Camerún vive con esperanza y expectación la estancia de León XIV

El catalán lleva en Camerún desde 2015.
El catalán lleva en Camerún desde 2015. | Agencia Flama

Este miércoles, mientras el papa León XIV aterrizaba en Camerún para iniciar una visita cargada de simbolismo, el misionero reusense Josep Maria Juanpere seguía el acontecimiento desde la distancia impuesta por su ciudad natal. Unos controles médicos derivados de la neumonía que sufrió hace unos meses le han obligado a hacer una pausa justo durante los días posteriores a la Semana Santa, pero el sábado 18 de abril prevé regresar a Yaundé, donde desde hace una década ha reencontrado, plenamente, el sentido de su vocación.

En la plaza del General Prim de Reus —escenario de sus juegos de infancia—, Juanpere habla con la serenidad de quien ha aprendido a mirar el mundo desde dos orillas. Tiene 55 años y es religioso de los Hijos de la Sagrada Familia. Llegó a Camerún sin haber pisado nunca antes el continente africano, pero con una herramienta decisiva: el dominio del francés. Lo que debía ser un destino misionero acabó convirtiéndose en una profunda reconciliación con su propia vida. “Cuando llegué allí volví a reconocerme como religioso; aquí, después de una década como profesor, me sentía como un funcionario”, resume.

Una misión arraigada en el corazón de Camerún

Desde 2015 es superior de la comunidad que la congregación tiene en la capital camerunesa, una casa de formación donde conviven aspirantes, postulantes y hermanos que estudian Filosofía y Teología. “De nuestra casa han salido 7 religiosos en estos años, uno de ellos diácono”, explica con orgullo. La comunidad, formada por dos sacerdotes, un diácono camerunés y misioneros llegados también de otros países, compagina la formación con la pastoral y la labor educativa en un centro de secundaria.

Juanpere admite que en Yaundé —“estoy en el meollo”, dice— se vive una realidad atravesada por contrastes: pobreza estructural, familias acomodadas y una sociedad suspendida entre el peso de la tradición y el deseo de modernidad. “Es una realidad bastante pobre, pero que muchos asumen como normal. Al mismo tiempo, hay muchas ganas de marcharse: a Canadá, a Francia…”, detalla.

Según el misionero, la vida religiosa puede convertirse, para muchos, en una vía de ascenso y estabilidad en medio de la precariedad. “Llegar a ser sacerdote es un estatus, porque la Iglesia llega a todas partes: escuelas, orfanatos, parroquias…”, precisa. En un país donde la fe sigue vertebrando amplias capas de la vida social, la presencia eclesial sigue siendo hoy un punto de apoyo para muchas comunidades.

La llegada del Papa y la esperanza de un mensaje de paz

La visita del pontífice ha desatado una movilización excepcional en el país. A finales de marzo, recuerda, “ya todo el mundo hablaba de ello”. Carteles gigantes en las parroquias, calles asfaltadas con urgencia y una capital medio paralizada por cortes de tráfico son la cara visible de una acogida que define como “muy estructurada”.

Carteles anunciando la visita del papa León XIV en las carreteras de Camerún.
Carteles anunciando la visita del papa León XIV en las carreteras de Camerún. | Josep Maria Juanpere

Con una mezcla de fascinación e ironía, relata una anécdota reveladora: para la misa de clausura del próximo sábado, en la base aérea, “han pedido a los sacerdotes que compren obligatoriamente la casulla conmemorativa”. “Allí el protocolo gusta mucho”, añade.

Más allá de la liturgia y del aparato ceremonial, Juanpere percibe una esperanza genuina. “La gente vive la visita con ganas, con ilusión por escuchar un mensaje de paz”, admite. Sobre todo porque el viaje incluye ciudades de gran valor simbólico: Duala, capital económica del país, y Bamenda, epicentro de una región marcada por la tensión separatista. “Es muy valiente viajando hasta esa ciudad. Hasta hace poco, Bamenda estaba casi vacía”, señala.

La verdad que no siempre se ve

El misionero no idealiza la visita. Conoce bien los mecanismos del poder y la tentación de controlar el relato. “Al papa le enseñarán lo mejor —prosigue—. Habrá cosas que estos días se taparán o se esconderán para que no las vea. A quienes vayan un poco mal vestidos, los apartarán de la calle”.

Euforia y preparativos en Camerún con carteles en las parroquias por la visita del papa León XIV.
Euforia y preparativos en Camerún con carteles en las parroquias por la visita del papa León XIV. | Josep Maria Juanpere

Pero esa lucidez no borra lo esencial: el valor moral y pastoral de una presencia que, en un continente donde el catolicismo sigue creciendo, puede reforzar una Iglesia que todavía actúa como red de apoyo, escuela de vida y espacio de cohesión.

También ve en ello una lección para Europa. Mientras en Cataluña su congregación vive evidentes dificultades de relevo vocacional, en Camerún la vitalidad es palpable. “Aquí soy de los jóvenes; allí, de los mayores”, dice sonriendo. La frase, pronunciada junto a la plaza donde un día corría de niño, resume la paradoja de dos realidades y, al mismo tiempo, la coherencia de una trayectoria que ha encontrado sentido lejos de casa.

“Aquí soy de los jóvenes; allí, de los mayores”, reconoce el catalán.
“Aquí soy de los jóvenes; allí, de los mayores”, reconoce el catalán. | Archivo

Esta semana, por tanto, el misionero al que en Camerún conocen como “el camerunés blanco” mira hacia el continente que le espera. Lo hace desde Reus, con el cuerpo todavía en recuperación, pero con la convicción intacta. Porque, pese a la distancia, su misión —como la visita papal que estos días concentra la atención del país— sigue orbitando alrededor de una misma certeza: la necesidad de estar presentes allí donde más urgentemente hace falta esperanza.

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