De Liébana a Roma, 'un camino por descubrir'
La historia de Adrián, que partió de Santo Toribio confiando en la hospitalidad de los desconocidos... Ahora, ha sido recibido por el Papa
(Vatican News).- Un camino por descubrir nace en 2019 como una experiencia profundamente personal. Adrián Ruiz Pelayo, originario de Marbella, quien antes trabajaba en una empresa de marketing, emprendió entonces una peregrinación a pie hasta el monasterio de Santo Toribio de Liébana, en el norte de España, en Cantabria, uno de los principales lugares santos del país por custodiar el mayor fragmento del Lignum Crucis. Lo que comenzó como un reto personal y espiritual fue tomando forma a lo largo del camino.
Durante aquella primera experiencia, Adrián decidió caminar sin dinero, confiando en la hospitalidad de las personas que encontraba. La acogida recibida, la ayuda espontánea y los encuentros humanos fueron revelándole, según explica, que la bondad está presente incluso donde no se la espera. De ese modo, el camino dejó de ser solo una prueba personal para convertirse en un mensaje que compartir: la Providencia actúa cuando hay confianza.
Años después, esa intuición inicial se consolidó en un proyecto con nombre propio. Un camino por descubrir busca mostrar, a través del testimonio, que es posible vivir con sencillez, abrirse al otro y avanzar sin miedo, incluso en contextos marcados por la incertidumbre.
El encuentro con el Papa León XIV
En el marco del cierre del Jubileo de la Esperanza, Adrián llegó a Roma tras una larga caminata iniciada en Palermo. El miércoles 7 de enero de 2026, tras la Audiencia General, pudo saludar al Papa León XIV y pedirle la bendición de una pequeña planta de ciprés que había llevado consigo desde España.
El gesto tenía un significado preciso. El ciprés, explica Adrián, representa un camino de fe, paz y reconciliación, y simboliza también la unión entre dos lugares sagrados: el Vaticano y el monasterio de Santo Toribio de Liébana. La intención es que esa planta, una vez bendecida, sea llevada de regreso a España y plantada allí como signo visible de un camino recorrido y compartido.
Durante el breve intercambio, Adrián se presentó ante el Papa como un “peregrino de esperanza”, en sintonía con el sentido del Jubileo. Para él, el encuentro fue el punto culminante de un itinerario vivido desde el abandono confiado y la gratuidad, más que un logro personal.
Adrián Ruiz Pelayo, peregrino de la esperanza
Un mensaje para quienes tienen miedo de dar el primer paso
Más allá del recorrido físico, Adrián subraya que su peregrinación ha sido un proceso de transformación interior. Caminar sin recursos materiales, aceptar la ayuda de desconocidos y enfrentarse a la incertidumbre cotidiana le permitió, dice, perder el miedo y redescubrir lo esencial.
Desde esa experiencia, su mensaje a quienes dudan antes de emprender un proyecto personal es directo y concreto: no se trata de grandes teorías, sino de dar un primer paso posible. Para algunos, puede ser una peregrinación breve; para otros, un tiempo de pausa, silencio o cambio. Lo importante es salir de la inmovilidad que paraliza.
Adrián insiste en que el camino ayuda a enfrentar los miedos de forma gradual. Al avanzar, aparecen encuentros, gestos sencillos y apoyos inesperados que devuelven la confianza. En un mundo acostumbrado al control y a la seguridad inmediata, su experiencia propone una alternativa pastoral clara: caminar, confiar y dejarse acompañar
Adrián insiste en que el camino ayuda a enfrentar los miedos de forma gradual. Al avanzar, aparecen encuentros, gestos sencillos y apoyos inesperados que devuelven la confianza. En un mundo acostumbrado al control y a la seguridad inmediata, su experiencia propone una alternativa pastoral clara: caminar, confiar y dejarse acompañar.
En lo inmediato, Adrián continuará su camino a pie por Italia, prolongando esta experiencia de peregrinación como parte del mismo itinerario espiritual que dio origen al proyecto. Un camino por descubrir seguirá desarrollándose a través del testimonio y del compartir lo vivido, con el deseo de animar a otros a confiar, a caminar y a abrirse al encuentro. Sin fijar metas cerradas ni resultados medibles, la iniciativa permanece fiel a su espíritu original: dejar que el camino, las personas y la Providencia sigan marcando los próximos pasos.
