Miguel Ángel Laguna: “Trabajar en el Campo de los Pastores, en Beit Sahour, es dejarse envolver por el silencio del Evangelio”
El imaginero ha participado en la capilla que se alza en el lugar del anuncio del nacimiento de Jesucristo
La capilla de la Inmaculada Concepción, conocida como la capilla española, se ha inaugurado recientemente en el Campo de los Pastores, en Beit Sahour, a las afueras de Belén. El nuevo espacio de oración, impulsado desde España y vinculado a la Custodia de Tierra Santa, culmina un proyecto de más de cinco años, marcado por la pandemia y por la guerra, pero sostenido por la perseverancia y las donaciones de fieles españoles.
El conjunto artístico del presbiterio ha sido encargado al imaginero y restaurador madrileño Miguel Ángel Laguna (1976), quien ha concebido una obra “profundamente simbólica, fiel a la iconografía mariana y a la tradición franciscana”, explica, y estrechamente vinculada al significado evangélico del lugar donde se alza la capilla. Pintura, bronce y escultura dialogan al servicio de la liturgia y de la experiencia espiritual del peregrino.
Pregunta. ¿Cómo recibió el encargo de realizar el conjunto artístico del presbiterio de la capilla y qué supuso para usted, a nivel personal y profesional?
Respuesta. El encargo me llegó a través del fray Luis Quintana, entonces comisario de Tierra Santa en España. Los franciscanos llevaban años trabajando en el proyecto de nuevas capillas en el Campo de los Pastores, en Beit Sahour, para acoger a los miles de peregrinos que visitan este lugar tan significativo. Para mí fue un encargo vivido con mucha ilusión, pero también con temor y sentido de la responsabilidad.
R. Antes de afrontar cualquier proyecto me gusta profundizar mucho en la historia, la iconografía y el contexto. El Campo de los Pastores me brindaba la oportunidad de dejarme envolver por el anuncio del ángel a los pastores y de comprender el lugar, aunque la capilla estuviera dedicada a la Inmaculada. María, España, el pastoreo, los franciscanos y Tierra Santa debían entrelazarse con orden y sentido, sin perder la sencillez y la humildad propias de aquellos pastores escogidos por Dios. El silencio, la oración y la ilusión me dieron la fuerza para asumir este reto como artista y como creyente.
P. La capilla se articula en torno a la figura de María Inmaculada, como usted dice. ¿Qué claves teológicas y artísticas han guiado su interpretación de esta advocación en un lugar como Belén?
R. La capilla está dedicada a la Inmaculada Concepción de María, patrona de España y de toda la orden franciscana, y eso hacía evidente que la pintura central debía seguir la iconografía propia de esta advocación. María vence el pecado con su “sí” y repara la desobediencia de los primeros padres con su “hágase en mí”. En ella hay humildad, servicio y confianza absoluta en Dios.
R. A la hora de representarla, no he querido buscar un rostro concreto ni idealizado, sino una mujer sencilla, como tantas con las que podemos cruzarnos cada día: morena, de cabello largo, con una mirada limpia y fuerte. Una María bañada por la humildad de la gruta de Belén, por la pobreza de los pastores y por la confianza cotidiana en Dios. Beit Sahour respira escucha, sencillez y humildad, y estas claves debían impregnar la capilla.
P. La imagen central presenta a María dentro de una mandorla, según la iconografía franciscana. ¿Por qué optó por esta representación y qué mensaje quiere transmitir?
R. Los franciscanos custodian los lugares santos desde hace más de ocho siglos, y me parecía coherente que la capilla estuviera presidida por la Inmaculada según la tradición franciscana. María aparece con el Niño en brazos, venciendo al pecado, representado por la serpiente, con claras referencias al texto apocalíptico de san Juan: el sol, la luna y las doce estrellas.
R. La mandorla es un gesto hacia el arte bizantino y simboliza el espacio donde se encuentran lo divino y lo humano, un ámbito de manifestación divina. Los colores también tienen su lenguaje: el azul, como símbolo de eternidad y de gracia, y el blanco, como expresión de la pureza.
P. Uno de los elementos más singulares es el Via Matris formado por veinte iconos de santuarios marianos de Tierra Santa. ¿Cómo se gestó esta idea y qué diálogo establece con el espacio celebrativo?
R. La idea surgió del trabajo conjunto con los frailes y de la voluntad de mostrar los lugares vinculados a María en Tierra Santa. De ahí nació este Via Matris, con veinte iconos circulares que presentan, de manera ordenada, los templos que custodian las piedras impregnadas del paso de María. Es un recorrido que rodea la imagen central y ayuda a comprender el papel de María como Madre de Jesucristo y pieza clave en la historia de la redención.
R. La selección fue muy meditada e incluye también lugares menos conocidos, presentes en los evangelios o en la tradición. Además, bajo la imagen central, en la mesa del altar, hay un medallón de bronce con el abrazo de san Joaquín y santa Ana en la Puerta Dorada de Jerusalén, que recuerda que la Inmaculada Concepción comienza con la concepción de María en el seno de santa Ana, un aspecto a menudo confundido.
P. En los laterales aparecen, por un lado, el pueblo español venerando a María y, por otro, la familia franciscana. ¿Qué quería expresar con esta doble presencia y con las inscripciones Tota Pulchra es Maria y Tu Gloria Hierusalem?
R. La capilla dedicada a María debía unir Tierra Santa, España, los franciscanos y el mundo del pastoreo. Por ello, en los laterales aparecen estos dos grandes conjuntos: el pueblo español, con figuras como el apóstol Santiago, san Fernando III, el clero, la vida consagrada y una familia peregrina; y la familia franciscana, con san Pascual Bailón como puente con el Campo de los Pastores, otros santos franciscanos y los mártires de Damasco.
R. Las inscripciones refuerzan este mensaje: Tota Pulchra es Maria como alabanza a la pureza de la Virgen, y Tu Gloria Hierusalem como expresión del vínculo espiritual con Jerusalén y con la misión franciscana de custodiar los lugares santos.
P. La capilla incorpora numerosos símbolos: el medallón de san Joaquín y santa Ana, la flor de lirio del ambón, el Via Crucis con reliquias o la puerta estrellada. ¿Cómo entiende la relación entre arte, liturgia y experiencia espiritual del peregrino?
R. El arte sacro no es solo estética o decoración. Las obras dan sentido y enmarcan el espacio litúrgico, ayudan a centrar la mirada y conducen a la oración. Cada detalle está pensado para provocar preguntas y despertar el deseo de acudir a las fuentes de la fe y de la historia de la redención.
R. El arte al servicio de la fe debe ser catequesis: una ayuda sencilla que no deje indiferente, que consuele, que dé esperanza y que abra caminos hacia Dios.
P. Este proyecto ha estado marcado por la pandemia y la guerra. ¿Cómo han influido estas circunstancias en el desarrollo de la obra y en tu vivencia personal?
R. Ha habido dificultades en los plazos, angustia por los envíos y mucha incertidumbre. En los viajes a Tierra Santa encontré una realidad muy dura: lugares santos vacíos, comercios cerrados y cristianos de Belén profundamente afectados por la ausencia de peregrinos y por la guerra. Al mismo tiempo, esta soledad me regaló tiempo y silencio para rezar en espacios que habitualmente están llenos de gente.
R. No sentí miedo ni peligro, pero sí pude vivir de cerca el sufrimiento de las comunidades locales y reencontrar, en ese silencio, el espíritu humilde y sencillo de los pastores de Beit Sahour.
P. Después de la inauguración, ¿qué espera que encuentren los peregrinos y las comunidades locales cuando entren en la capilla?
R. Espero que encuentren un espacio de paz, sencillez y armonía; que las celebraciones no los dejen indiferentes y que se sientan pastores a quienes resuena, en lo profundo del corazón, el canto del Gloria. Que encuentren paz en la mirada de María y sientan el abrazo cálido de Dios.
P. Mirando atrás, ¿qué lugar ocupa esta obra dentro de su trayectoria artística y espiritual?
R. Todas las obras son importantes y todas llevan una parte de mí, pero esta es la más grande que he realizado hasta ahora para Tierra Santa, tanto por el conjunto como por el lugar. El Campo de los Pastores es un espacio donde el Gloria está siempre presente y donde se celebra constantemente la Navidad. Me siento muy afortunado de haber podido aportar allí mi obra y de haber profundizado espiritualmente en un lugar tan estrechamente ligado al Evangelio.