Miles de manifestantes y contramanifestantes en la Marcha por la Vida en Múnich
Opositores y defensores del aborto se enfrentaron este sábado en Múnich durante la Marcha por la Vida. El principal orador denunció la propagación de una «cultura de la muerte» y la relacionó con los planes del gobierno alemán de suprimir un beneficio fiscal para matrimonios.
La marcha, celebrada el sábado 18 de abril por la tarde, reunió según la policía a unas 4.500 personas en su momento de mayor afluencia. La contramanifestación Pro Choice llegó a congregar hasta 4.000 participantes. Aunque ambos actos transcurrieron en su mayoría de forma pacífica, las fuerzas de seguridad —más de 300 agentes, incluida una unidad de caballería— tuvieron que intervenir ante varios incidentes aislados: bloqueos con sentadas en el suelo, agresiones físicas, insultos y alteraciones del orden público. En un momento, la marcha tuvo que ser desviada por un bloqueo.
Los participantes en la Marcha por la Vida, muchos llegados desde Baviera y el sur de Alemania, corearon consignas como «Proteger la vida en voz alta y clara: ¡cada ser humano es maravilloso!». Por su parte, los contramanifestantes, en su mayoría jóvenes, respondieron con lemas como «My body, my choice, raise your voice» («Mi cuerpo, mi decisión, levantad la voz»). En algunos tramos, ambos grupos mantuvieron breves intercambios verbales a través de las vallas de seguridad.
El orador principal fue Mathias von Gersdorff, presidente de la Sociedad Alemana para la Defensa de la Tradición, la Familia y la Propiedad, vinculada al movimiento tradicionalista y ultraconservador Tradición, Familia y Propiedad, fundado en 1960 en Brasil por Plinio Corrêa de Oliveira (1908-1995). Von Gersdorff denunció el avance de una «cultura de la muerte» en Alemania, visible tanto en quienes «gritan y hacen campaña contra la vida no nacida» como en medidas políticas como la intención del gobierno federal de eliminar un beneficio fiscal para matrimonios. Ante la grave crisis demográfica, afirmó, la política debería fomentar los nacimientos en lugar de banalizar «el asesinato de niños» mediante la promoción generalizada del aborto. «Eso es suicida», sentenció.
La biomédica nigeriana Obianuju Ekeocha criticó, por su parte, los intentos europeos de «exportar» el aborto a África, incluso a través de fondos de ayuda al desarrollo financiados con impuestos alemanes.
En la concentración final en la Königsplatz, el obispo ruso-ortodoxo Hiob Bandmann (Stuttgart) dio la bienvenida a los asistentes. El obispo auxiliar católico de Ratisbona, Josef Graf, impartió la bendición final y confesó que participaba por primera vez en la Marcha por la Vida de Múnich. Elogió la valentía de los manifestantes, que, al dar testimonio a favor de la vida, deben soportar también ataques verbales duros, como la consigna: «Si María hubiera abortado, os habríais ahorrado el tener que vernos».
Cuatro obispos católicos de orientación conservadora enviaron mensajes de apoyo: el cardenal Rainer Maria Woelki (Colonia), el obispo Stefan Oster (Passau) y el nuncio apostólico saliente Nikola Eterovic. También se proyectó un vídeo del obispo estadounidense Robert Barron, personaje muy cercano a Donald Trump, quien animó a los participantes a no rendirse en su oposición a una mayor liberalización del aborto en Alemania.
El cardenal Reinhard Marx, arzobispo de Múnich, no apoyó ni envió un mensaje de saludo a la Marcha por la Vida, declarando explícitamente que no se pronunciaría sobre la marcha ni sobre el apoyo internacional que ésta recibe. Marx, si bien se opone al aborto por doctrina, ha advertido en otros contextos que la causa pro-vida no debe ser «instrumentalizada» por intereses políticos, nacionalistas o extremistas, en alusión a la presencia de grupos de ultraderecha en estas convocatorias.
Lamentablemente, para muchos católicos parecen haber quedado en segundo plano las palabras del papa Francisco en septiembre de 2013, en su extensa entrevista con el padre Antonio Spadaro publicada en La Civiltà Cattolica:
«No podemos seguir insistiendo sólo en cuestiones referentes al aborto, al matrimonio homosexual o al uso de anticonceptivos. Es imposible. Yo no he hablado mucho de estas cuestiones y he recibido reproches por ello. Pero si se habla de estas cosas hay que hacerlo en un contexto. Por lo demás, ya conocemos la opinión de la Iglesia y yo soy hijo de la Iglesia, pero no es necesario estar hablando de estas cosas sin cesar».
«Las enseñanzas de la Iglesia, sean dogmáticas o morales, no son todas equivalentes. Una pastoral misionera no se obsesiona por transmitir de modo desestructurado un conjunto de doctrinas para imponerlas insistentemente. El anuncio misionero se concentra en lo esencial, en lo necesario, que, por otra parte, es lo que más apasiona y atrae, es lo que hace arder el corazón, como a los discípulos de Emaús».
En ese sentido, aunque las Marchas por la Vida defienden un valor moral legítimo, pueden resultar contraproducentes si dan la impresión de reducir el mensaje evangélico a unos pocos aspectos —por importantes que sean—, en lugar de manifestar el corazón de la enseñanza de Jesús: el anuncio del amor salvífico de Dios.