Mons. Manuel Nin Güell y el renacimiento de Grottaferrata, una joya oriental a las puertas de Roma
No se trata solo de un relevo en la cúpula, sino de una verdadera "sacudida" profética la que ha dado el Papa León XIV en el corazón de los Castelli Romani
No se trata solo de un relevo en la cúpula, sino de una verdadera "sacudida" profética la que ha dado el Papa León XIV en el corazón de los Castelli Romani. Con el nombramiento de su excelencia monseñor Manuel Nin Güell como Obispo Exarca Apostólico y Ordinario del Monasterio de Santa María de Grottaferrata, la Santa Sede busca cerrar oficialmente una etapa de incertidumbre para la abadía niliana y proyectarla hacia una nueva primavera espiritual, cultural y diplomática.
Esta decisión, madurada en el marco del milenario de la basílica, transforma el monasterio fundado por San Nilo en el año 1004: de ser un precioso "museo de la fe", pasa a ser un centro propulsor de la espiritualidad y del diálogo ecuménico en el tercer milenio.
La visión de León XIV: una “joya” que debe resplandecer
Retomando la audaz metáfora de León XIII, quien definió la Abadía de San Nilo como una "joya oriental incrustada en la tiara pontificia", el actual pontífice —también de nombre León— ha querido subrayar que Grottaferrata no puede seguir siendo un legado silencioso. El nombramiento de Mons. Nin, efectivo a partir del 31 de enero de 2026, se convierte casi en un "injerto apostólico" con el que el Papa desea que este baluarte del rito bizantino a las puertas de Roma vuelva a ser un centro vivo y pulsante de vida monástica, así como un puente inescindible entre las tradiciones cristianas de Oriente y Occidente.
Un perfil excepcional: el monje que susurraba a los Papas en los pasillos vaticanos
Monseñor Manuel Nin Güell no es simplemente un nombre entre los pasillos de Oltretevere o en las aulas académicas romanas; es una presencia que encarna una síntesis poco común entre el impecable rigor del sabio y la luminosa humildad del pastor. Docente desde 1996 en diversas universidades pontificias, su figura se erige como un puente sólido entre la historia y el presente, entre el rigor académico y la más auténtica cercanía humana.
* Raíces benedictinas: Formado como monje Benedictino, entre los muros del Monasterio de Montserrat, en Cataluña, forjó allí su carácter: fortaleza interior y sonrisa afable, capacidad de escucha y una inclinación natural a la acogida. En él, la sabiduría del monje no queda confinada en los libros, sino que se convierte en una mirada atenta hacia el otro, haciendo de la teología una forma de hospitalidad que ha conquistado a hermanos, sacerdotes, amigos y estudiantes universitarios de todo el mundo.
* Pionero y erudito: Ya en los años 80, siendo un joven monje, mostraba una sorprendente apertura al futuro: fue de los primeros estudiosos en utilizar uno de los primeros ordenadores portátiles del mundo para transcribir y traducir antiguos manuscritos siríacos en las bibliotecas más importantes, como la British Library de Londres. Un trabajo paciente, casi ascético, dificultado por una característica fascinante de la lengua siríaca: un solo punto puede cambiar radicalmente el sentido de una palabra. Ante pergaminos desgastados por los siglos, Mons. Nin llegaba a preguntarse si aquel puntito había sido trazado por un amanuense mil años atrás o por un insecto que pasaba por allí. En esas horas de silencio, entre manuscritos y los píxeles verdes de su Olivetti M10, ya se revelaba su capacidad de unir rigor filológico e intuición espiritual.
* Arquitecto y guía de vocaciones: Durante sus 17 años como Rector del Pontificio Colegio Griego de Roma, formó a una generación de más de 77 seminaristas, muchos de los cuales hoy lideran diócesis del mundo oriental católico o desempeñan cargos relevantes en la diplomacia y la curia romana.
* Fino intelectual: Formado como patrólogo en el Augustinianum y especialista en Patrología siríaca y griega, fue durante más de una década una firma destacada en L'Osservatore Romano. Sus artículos fueron apreciados personalmente por Benedicto XVI y por Francisco, tanto por su capacidad de difundir aspectos teológicos y litúrgicos del Oriente cristiano como por su agudo análisis de la vida eclesial. Actualmente, continúa su actividad académica en tres prestigiosas universidades romanas: Sant ‘Anselmo, Santa Croce y Urbaniana.
* Obispo y diplomático de trinchera: En los últimos diez años como Exarca Apostólico en Grecia, Mons. Nin Güell ha ejercido un ministerio de "diplomático de trinchera", transformando la frontera con la ortodoxia griega en un fértil punto de encuentro. Su celo pastoral ha abrazado a un mosaico de pueblos griegos, ucranianos, caldeos, ofreciéndoles no solo una guía, sino una verdadera paternidad espiritual y una autoridad diplomática concebida como un abrazo universal. Bajo su ministerio, la Catedral de la Santísima Trinidad en Atenas se convirtió en un faro de fe y un refugio para la humanidad herida.
Un encuentro que se convierte en amistad
Nuestra amistad nació con sencillez, bajo el signo de la fe. Tras leer una publicación mía de 1996 sobre la relación entre las relaciones intra-trinitarias y las intra-temporales, Mons. Nin quiso conocerme; me entrevistó y de ello surgió una reseña en L'Osservatore Romano. Desde aquel momento, nuestro diálogo se ha convertido en un camino compartido, sostenido por la estima mutua y la pasión por la búsqueda de la verdad.
El hombre de la síntesis: Monseñor Manuel Nin Güell es, en definitiva, el hombre de la síntesis: un monje benedictino, conocedor y amante de Oriente que, tras una década en Grecia, regresa ahora a las puertas de Roma para custodiar y relanzar la "joya oriental" de la Iglesia. Una luz que como el icono de la Virgen Odighitria venerada en el monasterio continúa indicándonos el camino hacia Cristo Señor, en la búsqueda de la plena comunión entre las Iglesias cristianas.
