Nuncio en Kuwait: "La guerra no beneficia a nadie en una región tan golpeada"

El arzobispo irlandés, diplomático de la Santa Sede, en Kuwait desde 2021, hace un llamado a la calma y a la oración en esta coincidencia del tiempo de Cuaresma y Ramadán tras el estallido de la guerra en Irán

La guerra llega al Líbano, donde Israel ha bombardeado Beirut
La guerra llega al Líbano, donde Israel ha bombardeado Beirut | EFE
03 mar 2026 - 09:50

(Vatican News).- Cinco personas han muerto en el Golfo desde el sábado 28 de febrero, todas de nacionalidad extranjera: una en Kuwait, tres en los Emiratos y una en Baréin. Este lunes se escucharon nuevas explosiones en Dubái, Abu Dabi, Doha y Manama. En Kuwait, una espesa columna de humo se elevó desde la embajada estadounidense. Los ataques iraníes sacuden a estos Estados de la península arábiga, durante mucho tiempo considerados refugios de seguridad. En este contexto, dialogamos con el nuncio apostólico en Manama, Doha y Kuwait, Monseñor Eugene Nugent.

Pregunta. ¿Cuál es la situación actual en Kuwait, donde usted reside?

Respuesta. La situación es dramática y empeora día tras día. Prácticamente no hemos dormido esta noche debido a una serie de explosiones que comenzaron alrededor de las dos de la madrugada, seguidas de sirenas incesantes. Esta mañana supimos que la embajada estadounidense en Kuwait fue atacada por un dron. Afortunadamente no hubo muertos, pero sí daños e incendio en el interior del edificio. También supimos que dos aviones militares estadounidenses fueron derribados cerca de la base aérea “Ali al Salem”, que conozco bastante bien porque voy allí regularmente a celebrar la misa. Hay un contingente italiano justo al lado.

R. Intentamos mantener la calma, por supuesto, pero es un poco aterrador, hay que decirlo. En los alrededores de la nunciatura no constatamos daños. Somos la única embajada en el barrio de Shaab, una zona tranquila de la ciudad. El barrio diplomático, donde también se encuentra la embajada iraní, está bastante cerca, pero nuestra zona permanece en calma. Los objetivos principales parecen ser las bases militares y los aeropuertos, así como la Terminal 1 del aeropuerto de Kuwait, alcanzada desde el primer día por un dron.

P. ¿Cómo se vive esta guerra en Estados que suelen promover el diálogo interreligioso y la coexistencia pacífica?

R. Estamos todos un poco conmocionados por lo que está ocurriendo. Esperábamos que el diálogo y las negociaciones en curso dieran fruto. Nos sorprendió mucho que la guerra estallara el 28 de febrero. Afortunadamente, el mensaje del Santo Padre en el Ángelus del domingo, con su llamado a la oración por la paz en esta región y a la negociación, fue muy apreciado aquí y lo difundimos ampliamente. También el mensaje del vicario apostólico, monseñor Aldo Berardi, invitando a la oración y a la solidaridad, fue bien recibido.

P. ¿Qué voz se puede alzar cuando los ataques y represalias evolucionan minuto a minuto?

R. Seguimos en contacto con las autoridades y con los embajadores, al menos para animarlos a hacer todo lo posible por poner fin a esta guerra. Lamentablemente, cuando una guerra comienza, nadie sabe cuándo terminará. Todo se acelera, pero hay que intentar todos los medios. Una guerra larga no beneficia a nadie, especialmente en una región ya marcada por numerosos conflictos.

P. ¿Cómo retomar la diplomacia frente a una hostilidad tan decidida?

R. En este momento, las armas hacen ruido. Hay que intentar los medios tradicionales de la diplomacia y la negociación. Esperamos que, tras la declaración del presidente Donald Trump indicando posibles conversaciones con el nuevo régimen en Irán, pueda iniciarse un diálogo. Deseamos un diálogo razonable con todas las partes. Por ahora es difícil, ya que la situación en Irán es compleja, con diversas facciones internas y dinámicas geopolíticas difíciles de comprender. Hay que intentar todos los niveles de diálogo. La diplomacia es la única manera de poner fin a esta guerra.

P. En 2022, en Baréin, el Papa Francisco describió la guerra como "un escenario dramáticamente infantil". ¿Cómo resuenan hoy esas palabras?

R. Parecen proféticas. Son palabras fuertes que interpelan a todos. Desde hace siglos, la humanidad ha emprendido numerosos conflictos, pero al final hay que buscar la fraternidad y lo que nos une. Vivimos en esta región desde hace siglos; cada país está obligado a buscar la paz y la armonía. Rezamos mucho por ello. La semana pasada celebramos en la catedral de Kuwait una misa por el cuarto aniversario de la guerra en Ucrania. Cuatro días después, la guerra estalló aquí. Solo la oración y, en este tiempo de Cuaresma, el ayuno, son fundamentales. También es Ramadán. Cristianos y musulmanes vivimos un tiempo de ayuno y oración. Imploramos a Dios que nos conceda el don de la paz.

P. ¿Qué apoyo puede ofrecer a la Iglesia local y a los fieles afectados?

R. Estoy en contacto diario con monseñor Aldo Berardi y con los párrocos de los tres países bajo mi responsabilidad: Kuwait, Baréin y Catar. Intento animarlos y apoyarlos. Algunas iglesias siguen abiertas, otras están cerradas, por lo que se celebran misas privadas. En la nunciatura celebramos la misa cada mañana a las 7:30 y por la tarde, a las 17:00, rezamos el rosario por la paz. Tenemos grupos de oración en WhatsApp. Animo a todos a mantener la calma y a rezar a la Virgen por este don que todos necesitamos.

P. ¿Qué importancia tiene la devoción a Nuestra Señora de Arabia en este contexto?

R. Nuestra Señora de Arabia es fundamental; los fieles le tienen gran devoción. Los musulmanes también veneran profundamente a María, mencionada varias veces en el Corán (Maryam). En este momento dramático rezamos mucho a la Virgen, Reina de la Paz. Por su intercesión ante su Hijo confiamos en que la guerra termine.

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El arzobispo Martinelli
El arzobispo Martinelli

Martinelli: "Evitemos una escalada con consecuencias catastróficas"

Por otra parte, el vicario apostólico de Arabia del Sur expresa su “gratitud” por el mensaje del Papa León XIV en el Ángelus dominical sobre la situación en Medio Oriente, cuyos puntos clave, dice, “son los llamados al diálogo, a la diplomacia y, en particular, a la promoción del bien de los pueblos”. En una carta a los fieles, el obispo Martinelli invita a rezar el rosario por la paz y la reconciliación.

“Es un asunto que no debe perderse de vista por todas las partes involucradas”, señala el obispo desde Abu Dabi en información recogida por Vatican News, porque afecta “a la gente común, con sus problemas cotidianos: la escuela, el trabajo, la salud, la enfermedad”. Las personas “necesitan paz, relaciones serenas y —como dijo León XIV— una convivencia pacífica basada en la justicia. Palabras santas” que “me generan profunda gratitud”.

Martinelli también destacó la necesidad “de un diálogo auténtico y responsable: con las amenazas mutuas solo se siembra destrucción, no se construyen la paz ni la estabilidad”. Fundamental, además, es que “la diplomacia recupere su rol: no podemos perder de vista estos elementos básicos para un camino de pacificación y reconciliación”.

Abu Dabi busca limitar los daños

El clima en los territorios del vicariato, con jurisdicción sobre Emiratos Árabes Unidos, Omán y Yemen, sigue naturalmente marcado por la preocupación. “Una vez iniciados los ataques de EE. UU. e Israel, y considerando la presencia de numerosas bases estadounidenses en nuestro territorio, era previsible esperar una respuesta iraní”.

Pero, frente a esta aprensión, Martinelli destaca “la seguridad de estar en un lugar que puede limitar los posibles daños. La defensa ha respondido rápidamente y los peligros han sido contenidos”. El obispo incluso pudo desplazarse con relativa tranquilidad a Al Ain, en la frontera con Omán, para una visita pastoral. “Fuera de los grandes centros como Abu Dabi y Dubái, puedo decir que la vida puede continuar, obviamente con las precauciones necesarias. Los fieles también pueden acudir a los lugares de culto, solo hemos limitado los niveles de agrupación y respetamos las indicaciones de las autoridades civiles”, explicó.

A lo largo de la conversación, Martinelli insistió en la oración “por la paz y la reconciliación”, advirtiendo que debe evitarse “una escalada cuyas consecuencias no podríamos prever”. En una carta enviada a todos los fieles, el vicario apostólico pidió “recurrir al Señor y a la Virgen, mediante el rosario, para tocar el corazón y la mente de quienes tienen la responsabilidad de decidir por el bien de los pueblos”.

Igualmente, la necesidad de atención al diálogo, la consulta y el respeto del derecho internacional también fue subrayada por el Consejo Mundial de Iglesias (WCC), a través de su secretario general, Rev. Prof. Dr. Jerry Pillay.

Denunciando la “peligrosa espiral de violencia” que pone “en peligro vidas humanas, destruye infraestructuras esenciales y agrava el miedo y la incertidumbre entre los pueblos que ya han soportado prolongada inestabilidad y conflictos”, Pillay pidió “el cese inmediato de todas las acciones militares; la protección de las poblaciones civiles y de las infraestructuras críticas conforme al derecho internacional humanitario; la reanudación urgente del compromiso diplomático y del diálogo político mediante mecanismos internacionales y regionales consolidados; y esfuerzos internacionales coordinados para prevenir una nueva escalada y restablecer la estabilidad”.

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