El obispo Boiragi, sobre los dalit de Khulna: "En Cristo recuperan su propia dignidad"
Acompañar a las comunidades dalit en su camino de promoción humana y de fe es una de las misiones distintivas de la comunidad católica en la diócesis de Khulna, en el suroeste de Bangladés
(Agencia Fides) – Acompañar a las comunidades dalit en su camino de promoción humana y de fe, ofreciendo educación, apoyo social y el anuncio del Evangelio como experiencia de liberación. Esta es una de las misiones distintivas de la comunidad católica en la diócesis de Khulna, en el suroeste de Bangladés, donde la mayoría de los fieles católicos procede precisamente de las comunidades dalit, los «impuros» o «intocables», tradicionalmente marginados por la sociedad bengalí.
«En nuestra pastoral con los dalit nos ocupamos principalmente de proyectos de desarrollo humano y les ayudamos a educar a sus hijos. Intentamos apoyarlos en la búsqueda de un trabajo, en el sostenimiento de sus familias y en las demás necesidades de la vida cotidiana. Cáritas también está profundamente comprometida a su lado», explica a la Agencia Fides monseñor James Romen Boiragi, obispo de Khulna.
Sin embargo, el compromiso de la Iglesia no se limita a la promoción social. «Estos aspectos son importantes, pero, sobre todo, nos dedicamos a la catequesis y al apoyo escolar», señala el obispo. «En mi diócesis viven unos 37.000 católicos y la mayoría de ellos procede de las comunidades dalit».
La presencia de los dalit en Bangladés constituye una realidad histórica poco conocida. Se estima que en el país viven entre tres y cinco millones de personas pertenecientes a estas comunidades, descendientes de grupos históricamente relegados a los márgenes del sistema de castas del sur de Asia. Aunque hoy Bangladés es un país de amplia mayoría musulmana -alrededor del 89 % de la población-, su estructura social ha heredado y mantenido profundas jerarquías y dinámicas de intocabilidad procedentes del pasado hindú.
Muchos dalit continúan desempeñando trabajos considerados «impuros», como barrer las calles, limpiar alcantarillas, recoger residuos o realizar otras labores manuales mal remuneradas. Aunque la Constitución de Bangladés prohíbe toda forma de discriminación, los dalit siguen padeciendo exclusión social, un acceso limitado a la educación, dificultades para incorporarse al mercado laboral y condiciones de vivienda precarias.
La Iglesia acompaña desde hace décadas a las comunidades dalit
En la región de Khulna, un importante polo urbano e industrial del suroeste del país, se concentra una elevada población dalit -estimada en unas 500.000 personas- debido a diversos factores históricos, económicos y geográficos. Muchas familias viven en barrios periféricos, asentamientos informales o barrios marginales. La diócesis de Khulna, erigida en 1952 y perteneciente hoy a la provincia eclesiástica de Daca, comprende ocho distritos del suroeste de Bangladés. A través de sus parroquias, escuelas católicas, los programas de Cáritas y numerosas iniciativas pastorales, la Iglesia acompaña desde hace décadas a las comunidades dalit, promoviendo su educación, formación profesional e integración social.
Según monseñor Boiragi, el sistema de castas en Bangladés ya no se manifiesta con la misma rigidez que en otras zonas del sur de Asia, aunque sus consecuencias siguen siendo perceptibles. «Algunas personas procedentes de la comunidad hindú siguen sufriendo sus efectos, al igual que los dalit. En la sociedad en general, tanto entre musulmanes como entre hindúes, este problema continúa existiendo».
Para muchos dalit, la conversión al cristianismo representa también un camino de dignificación humana y social. «Cuando miembros de la comunidad dalit se convierten al cristianismo -explica el obispo- son más respetados, mientras que normalmente son personas discriminadas. La conversión se convierte también en una forma de mejorar su situación». La comunidad eclesial trabaja para que ese cambio se traduzca en una plena integración. «Intentamos ayudarles a integrarse en la sociedad, también gracias a las buenas relaciones que mantenemos con las demás comunidades religiosas. Al mismo tiempo, pedimos a nuestros fieles que los acojan como hermanos y hermanas», añade.
Para los dalit, subraya monseñor Boiragi, el encuentro con el Evangelio representa, ante todo, la recuperación de su propia dignidad. «Acoger el mensaje de Cristo significa redescubrir la dignidad de hijos de Dios. Es una experiencia de liberación del yugo de la opresión y de la marginación. Es también una forma concreta de mejorar la propia vida, porque con frecuencia permite acceder a procesos educativos, de crecimiento personal y de desarrollo que abren nuevas oportunidades». En la diócesis de Khulna, la misión de la Iglesia continúa uniendo evangelización y promoción humana, con la convicción de que el anuncio del Evangelio devuelve la esperanza a las personas más vulnerables y contribuye a la construcción de una sociedad más justa e inclusiva.
