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El Papa ante 'Mamá Muxima': "¡Es el amor el que debe triunfar, no la guerra!"

"Nos encontramos en un santuario donde, durante siglos, muchos hombres y mujeres han rezado, en momentos de alegría y también en circunstancias tristes y muy dolorosas de la historia de este país"

El Papa y Mamá Muxima

A las 15:25, el Santo Padre León XIV llegó en coche al aeropuerto de Luanda, desde donde, a bordo de un helicóptero MI-171SH, despegó hacia Muxima. A su llegada al helipuerto de Muxima, hacia las 16:15, el Papa fue recibido por algunas autoridades locales, para luego dirigirse a la explanada de Muxima, cerca del Santuario, para la Oración del Santo Rosario.

Acompañado por el obispo de Viana, Su Excelencia Monseñor Emílio Sumbelelo, el Papa León XIV atravesó la explanada y llegó al Santuario de Nossa Senhora da Muxima, donde fue recibido por el rector, quien le entregó la cruz y el agua bendita para la aspersión. A continuación, entró en el Santuario para un breve momento de oración y adoración del Santísimo Sacramento. Al término, rindió homenaje a la Virgen con una ofrenda de flores y sale para dirigirse al estrado de la Explanada.

Bienvenida del obispo de Viana en el Santuario de Mama Muxima

Santísimo Padre,

Aquí estamos, en esta tarde del primer día de la Visita Apostólica de Su Santidad a Angola, los jóvenes —la flor más hermosa de la Iglesia y de la sociedad angoleña—, los miembros de la Legión de María de toda Angola. También están presentes fieles de otros movimientos apostólicos de nuestras Iglesias diocesanas, así como hombres y mujeres de buena voluntad.

Me corresponde el gratosísimo deber de saludar a Su Santidad en nombre de todos los presentes y de aquellos a quienes representan. Creo interpretar sus más sinceros sentimientos al afirmar que es indescriptible la alegría que todos sentimos al estar hoy con el Santo Padre, sabiendo bien que Su Santidad nos lleva a todos en su corazón de Padre y Pastor.

Santo Padre, el Santuario de Muxima, uno de los más antiguos de Angola, fue dedicado a la Inmaculada Concepción de María, pero el pueblo, de manera natural y espontánea, ha preferido llamarla «Mamã Muxima» o «Nuestra Señora de Muxima». «Muxima» significa «corazón» en lengua kimbundu, lo que la convierte en la «Madre del corazón» o «Madre de la esperanza» de los angoleños.

Existen otros santuarios en Angola, pero el de Muxima es el que reúne al mayor número de católicos. Se trata de una devoción que se remonta a 1833. Cristianos procedentes de todas partes recorrían kilómetros y kilómetros, durante cinco días, para presentar sus oraciones a Mamã Muxima. Los devotos angoleños mantenían una relación de gran intimidad con la imagen de Nuestra Señora de la Muxima, estableciendo con ella una relación de familiaridad, casi de complicidad: conversaciones íntimas con la Santa, oraciones, peticiones de protección, bendiciones y ayuda para los problemas cotidianos, como si hablaran con una persona viva, confiándole quejas, indignaciones, miedos, peticiones de ayuda y bendiciones, e incluso sus dificultades con los enemigos —cosas de la vida de todos los días.

Otros, cuenta Dom Manuel Gabriel Nunes, imposibilitados físicamente para acudir al santuario, enviaban sus oraciones por correo, con la esperanza de ser escuchados de todos modos por la «Madre del corazón». El «Santuario de Mamã Muxima» es un lugar de peregrinación anual que acoge a miles de fieles católicos angoleños y de otras naciones. El culto a «Mamã Muxima» atrajo tanta atención por parte de las autoridades angoleñas que, en 2022, el Estado y la Iglesia católica se unieron: la primera piedra de la futura basílica fue colocada por el presidente de la República y bendecida por el difunto cardenal Alexandre do Nascimento. La basílica estará dedicada a Nuestra Señora de la Concepción de Muxima, en cumplimiento de una promesa del Gobierno angoleño a la Iglesia católica, realizada durante la visita del Papa San Juan Pablo II a Angola en 1992. Es este lugar, Santo Padre, el que hoy tiene la alegría de visitar y desde el que nos bendice.

Santo Padre,todos estos hijos e hijas de Nuestra Señora de Muxima desean dar testimonio aquí de su fidelidad y su amor al Papa y a la Iglesia, y esperan escuchar, con el corazón abierto, la palabra de Su Santidad que los confirme en la fe, la esperanza y la caridad. Permítame, Santo Padre, que a través de mi humilde voz los devotos de Nuestra Señora de la Muxima expresen su profunda gratitud por haber venido a este Santuario mariano, que esperamos que algún día pueda ser elevado a la dignidad de Santuario Nacional. Reafirmamos nuestra inquebrantable unión a Su Santidad, Pastor Universal de la Iglesia; imploramos su bendición y deseamos que sea prenda de abundantes gracias divinas, que hoy se derraman sobre nosotros en este día que quedará para siempre en los anales de la Diócesis de Viana y de los peregrinos aquí presentes.

¡Muchas gracias, Santo Padre!

El Papa en Muxima

Tras las palabras de bienvenida del obispo de Viana, el rezo del Santo Rosario y del Salve Regina, el Papa pronunció su discurso, seguido de una oración y de la bendición final. En él, León XIV recordó que "este santuario, dedicado a la Inmaculada Concepción, ha sido espontáneamente “rebautizado” por los fieles como Santuario de la “Madre del corazón”, un título precioso. Porque aquí, "desde hace mucho tiempo, Mama Muxima interviene silenciosamente para mantener vivo y palpitante el corazón de la Iglesia".

Por eso, añadió el Papa, "nos encontramos en un santuario donde, durante siglos, muchos hombres y mujeres han rezado, en momentos de alegría y también en circunstancias tristes y muy dolorosas de la historia de este país". Y, una vez más, "ante la Madre del corazón, queremos prometer hacer lo mismo, esforzándonos sin medida para que a nadie le falte el amor y, con él, lo necesario para vivir dignamente y ser felices: para que quien pasa hambre tenga qué comer, para que todos los enfermos reciban los cuidados necesarios, para que a los niños se les garantice una educación adecuada, para que los ancianos vivan serenamente los años de su madurez".

Y el Papa concluyó su discurso asegurando que "también a ustedes la Madre del Cielo les confía un gran proyecto: el de construir un mundo mejor, acogedor, donde ya no haya guerras, ni injusticias, ni miseria, ni deshonestidad, y donde los principios del Evangelio inspiren y moldeen cada vez más los corazones, las estructuras y los programas, para el bien de todos".

Discurso íntegro del Papa

Queridos hermanos y hermanas: 

Queridos jóvenes, miembros de la Legión de María y devotos de Mama Muxima, la Madre del corazón, con alegría comparto con ustedes este momento de oración mariana. Hemos rezado juntos el Santo Rosario, una devoción antigua y sencilla, nacida en la Iglesia como oración para todos. San Juan Pablo II la definió como la oración de un cristianismo que ha conservado «la novedad de los orígenes, y se siente empujado por el Espíritu de Dios a “remar mar adentro” […], para anunciar, más aún, “proclamar” a Cristo al mundo como Señor y Salvador» (Carta ap. Rosarium Virginis Mariae, 1). 

Al mirarlos a todos ustedes, Iglesia viva y joven de Angola, y al compartir este momento intenso y lleno de fervor, me parece que las palabras de mi santo predecesor se adaptan de manera muy especial a esta gran comunidad, en la que sin duda se siente la frescura de la fe y la fuerza del Espíritu.

Nos encontramos en un santuario donde, durante siglos, muchos hombres y mujeres han rezado, en momentos de alegría y también en circunstancias tristes y muy dolorosas de la historia de este país. Aquí, desde hace mucho tiempo, Mama Muxima interviene silenciosamente para mantener vivo y palpitante el corazón de la Iglesia, un corazón hecho de muchos corazones: los de ustedes y los de tantas personas que aman, rezan, celebran, lloran y, a veces, incluso ante la imposibilidad de acudir físicamente, confían en cartas y mensajes postales sus peticiones y sus promesas, como ha recordado Su Excelencia. Mama Muxima acoge a todos, escucha a todos y reza por todos. 

El Papa en Muxima

Hemos meditado los Misterios gloriosos de la vida de Jesús, contemplando en su glorificación nuestro destino y en su amor nuestra misión. Cristo, en la Pascua, venció a la muerte, mostrándonos el camino para volver al Padre. Y para que también nosotros podamos recorrer esta senda luminosa y exigente, haciendo partícipe al mundo entero de su belleza, nos ha dado su Espíritu, que nos anima y nos sostiene en el camino y en la misión. Al igual que María, también nosotros estamos hechos para el cielo, y hacia el cielo caminamos con alegría, mirándola a Ella, Madre bondadosa y modelo de santidad, para llevar la luz del Resucitado a los hermanos y hermanas que encontramos, como lo hemos hecho simbólicamente al comienzo de cada “decena”, a través de representantes de cada vocación y edad. 

Como recordó Mons. Sumbelelo, este santuario, dedicado a la Inmaculada Concepción, ha sido espontáneamente “rebautizado” por los fieles como Santuario de la “Madre del corazón”. Es un título precioso, que nos hace pensar en el Corazón de María: un corazón limpio y sabio, capaz de conservar y meditar los acontecimientos extraordinarios de la vida del Hijo de Dios (cf. Lc 2,19.51). Al rezar juntos, también nosotros hemos hecho lo mismo, dejándonos acompañar por María en el recuerdo de Jesús. Hemos recorrido con Ella varios momentos de la vida de su Hijo, para alimentar en nosotros un amor universal como el suyo (cf. Carta ap. Rosarium Virginis Mariae, 11). 

Entonces, rezar el Rosario nos compromete a amar a cada persona con corazón maternal, de manera concreta y generosa, y a dedicarnos al bien de los demás, especialmente de los más pobres. Una madre ama a sus hijos, aunque sean diferentes entre sí, a todos del mismo modo y con todo el corazón. También nosotros, ante la Madre del corazón, queremos prometer hacer lo mismo, esforzándonos sin medida para que a nadie le falte el amor y, con él, lo necesario para vivir dignamente y ser felices: para que quien pasa hambre tenga qué comer, para que todos los enfermos reciban los cuidados necesarios, para que a los niños se les garantice una educación adecuada, para que los ancianos vivan serenamente los años de su madurez. Una madre piensa en todas estas cosas; María piensa en todas estas cosas y nos invita también a nosotros a compartir su solicitud. 

Queridos jóvenes, queridos miembros de la Legión de María, queridos hermanos y hermanas, la Virgen nos pide que nos dejemos transformar por los sentimientos de su corazón, para ser como Ella constructores de justicia y portadores de paz. Aquí hay un gran proyecto en marcha: la construcción de un nuevo santuario que tenga capacidad para acoger a todos los que vienen en peregrinación. Especialmente ustedes, jóvenes, considérenlo un signo. También a ustedes la Madre del Cielo les confía un gran proyecto: el de construir un mundo mejor, acogedor, donde ya no haya guerras, ni injusticias, ni miseria, ni deshonestidad, y donde los principios del Evangelio inspiren y moldeen cada vez más los corazones, las estructuras y los programas, para el bien de todos. 

¡Es el amor el que debe triunfar, no la guerra! Esto nos enseña el corazón de María, el corazón de la Madre de todos. Salgamos, pues, de este santuario como “ángeles-mensajeros” de vida, para llevar a todos la caricia de María y la bendición de Dios. 

Mama Muxima, tueza kokué, Mama Muxima, tutambululé: “Madre del corazón, venimos a ti para ofrecerte todo”, así dice el Himno a Mama Muxima, y continúa: “Venimos a pedir tu bendición”. Queridos amigos, ofrezcamos todo a María entregándonos a los hermanos y, por su intercesión, recibamos con alegría la bendición del Señor, para llevarla a todos aquellos con quienes nos encontremos. Amén. 

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