Parolin en Copenhague: "La credibilidad de la Iglesia no proviene del poder, sino del testimonio"

El legado pontificio presidió ayer la misa en la catedral danesa en en honor al XII centenario de la llegada de san Ansgar al país y recordó la actualidad de su figura en un mundo herido

El cardenal Parolin celebrando misa en Dinamarca
El cardenal Parolin celebrando misa en Dinamarca
26 ene 2026 - 17:05

(Lorena Leonardi/Vatican News).- «La Iglesia sigue siendo creíble no gracias al poder, a los números o a las estrategias, sino cuando la fe se convierte en testimonio vivido, expresado y traducido en actos concretos de liberación, justicia y misericordia que devuelven la dignidad y abren caminos de verdadera libertad». Así lo afirmó el cardenal Pietro Parolin, que ayer, domingo 25 de enero, presidió la misa en la catedral de Copenhague en calidad de legado pontificio en las celebraciones del XII centenario del inicio de la misión de San Ansgar en Dinamarca.

Era el siglo IX cuando el monje benedictino llegó al norte de Europa para una misión basada no en «estrategias o éxito, sino en la fidelidad a Jesús», recordó el secretario de Estado, y lo primero que hizo fue rescatar la libertad de algunos esclavos. Sin embargo, su gesto, en un mundo «herido por nuevas formas de esclavitud —económicas, culturales, espirituales— y marcado por la exclusión y la indiferencia», sigue siendo hoy de «actualidad renovada».

Llevar consigo la Buena Nueva

Tras transmitir los saludos de León XIV y asegurar su cercanía espiritual, el cardenal destacó la fuerza de un vínculo forjado en el pasado y la presencia aún viva de la solicitud pastoral y el impulso evangélico que animaron la misión de Ansgar hace doce siglos. Misión que nació de una «extraordinaria experiencia de liberación» en su propia vida, dijo Parolin inspirándose en la lectura de Isaías (52,7-10): de hecho, este no se detiene tanto en el mensaje como en el mensajero, cuyos pies «son hermosos no por las ideas o las explicaciones que trae, sino porque traen la buena nueva, capaz de salvar a las personas transformando el corazón de quienes la escuchan y haciéndolos libres». Del mismo modo, Ansgar había experimentado la alegría de ser perdonado por Dios y deseaba «compartir esa alegría con los demás», porque esa era «la buena nueva que traía consigo».

El valor de seguir a Jesús

Hablando en el templo dedicado al monje benedictino que fue el primer misionero cristiano entre los pueblos de las actuales Dinamarca y Suecia, el cardenal repasó las principales etapas de su biografía, desde su ingreso, aún niño, en el monasterio francés de Corbie, hasta su traslado, a los veinte años, al recién fundado monasterio de Corvey, en la actual Alemania. Luego, la valiente decisión de emprender la misión evangelizadora en Dinamarca cuando el emperador Luis el Piadoso pidió sacerdotes para acompañar al recién bautizado rey danés Harald Klak.

A la hora de dejar lugares y personas familiares para seguir a Jesús, Ansgar nunca vaciló, mostrando un «coraje y una confianza» tales que impresionaron a sus contemporáneos: el discípulo y biógrafo de Ansgar, san Remberto, anotó en la «Vita Anskarii» el asombro de quienes le veían tomar decisiones dolorosas por amor a Cristo. En su obra, el benedictino daba testimonio del cristianismo viviendo como cristiano, en línea con el Evangelio que, como señaló el secretario de Estado, no ofrece «soluciones abstractas», sino una «visión de la persona humana cuya dignidad precede a cualquier cálculo».

Con los corazones transformados

En su misión, san Ansgar «se enfrentó a una enorme oposición y pareció un fracasado, pero el éxito no era lo que buscaba»: se realizaba, subrayó el secretario de Estado refiriéndose a la Primera Carta de San Pablo a los Corintios, la paradoja paulina de la «locura de la cruz», por la que en un mundo que enseña a valorar el poder, la influencia y el éxito, Cristo crucificado parece un fracaso. «Pero esta locura —aclaró— es la sabiduría de Dios, porque muestra un amor capaz de entregarse por completo». Del mismo modo, la historia de la vida de Ansgar nos recuerda que la Iglesia crece «no principalmente en número, sino en hombres y mujeres que viven vidas de fidelidad, perseverancia y amor: la misión comienza con corazones transformados».

Parolin invitó, en las celebraciones jubilares dedicadas al santo, a «renovar la audacia evangélica» y a «custodiar la esperanza allí donde la historia parece cansada» para dar testimonio de que la fecundidad «nace del amor que une y de la confianza en la acción continua de Dios, incluso en las situaciones más frágiles».

Caminar con Cristo

Hoy en día, Dinamarca ya no es el lugar pagano que Ansgar encontró a su llegada, la historia del país «está marcada indeleblemente por su herencia cristiana» y la comunidad católica, junto con los luteranos y todas las personas de buena voluntad, contribuye «a través del servicio, la solidaridad y el respeto de la dignidad humana», destacó el cardenal. Citando el lema episcopal del Papa —In Illo uno unum—, el cardenal concluyó destacando que Ansgar sabía que la misión de los seguidores de Jesucristo comienza con «un corazón transformado» y que la salud de la Iglesia no se mide por los números o los éxitos, sino por la capacidad de «caminar con Cristo y permanecer cerca de él en todas las circunstancias».

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