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El párroco de Tel Aviv esposado en plena calle, insultado por ser cristiano y vejado en una comisaría: "El virus Ben Gvir ha llegado a Yafa"

Ese es el precio que, según su relato, pagó el padre Constantín Náser, párroco greco-ortodoxo, por pedirle a un policía israelí que tratara con respeto a un joven árabe

Padre Constantín Náser
Padre Constantín Náser | Miguel Flores/Efe
RD/Efe
08 oct 2026 - 16:55

Ser esposado en plena calle, insultado por ser cristiano y obligado a desnudarse en una comisaría. Ese es el precio que, según su relato, pagó el padre Constantín Náser, párroco greco-ortodoxo, por pedirle a un policía israelí que tratara con respeto a un joven árabe.

«El virus Ben Gvir ha llegado a Yafa», lamenta en conversación con EFE desde su iglesia una semana más tarde, con moretones en todo el cuerpo y la certeza de que este barrio de Tel Aviv donde conviven musulmanes, judíos y cristianos tampoco se salva del extremismo israelí.

Náser se refiere al ministro de Seguridad Nacional, el ultraderechista Itamar Ben Gvir, que dirige la Policía y que en 2023 defendió como «una antigua costumbre judía» los escupitajos de judíos ultraortodoxos y nacionalistas a clérigos cristianos en Jerusalén.

El párroco los ha sufrido en carne propia camino del Patriarcado de Jerusalén, pero creía que en Yafa, su lugar desde hace 21 años, se salvaría de la violencia contra cristianos. Hasta que el 29 de septiembre le tocó a él.

Constatín Náser
Constatín Náser | Miguel Flores/Efe

Insultos y vejaciones

Aquel martes, Náser hacía lo de cada tarde: pasear una hora o dos por los comercios de la calle Yefet para ponerse al día con los vecinos. Mientras comía un helado, vio desplegarse a una cantidad inusitada de fuerzas -unos 30 agentes, entre ellos la unidad especial de patrulla y la unidad canina-.

El párroco se fijó en uno de ellos desde el primer momento por la violencia con la que trataba a los jóvenes. «Agarró a un chaval que pasaba por la camiseta, lo arrastró, lo sentó en el suelo y le puso el pie sobre la pierna. Cuando el chico pidió levantarse, el policía le contestó: ‘Te sientas. Aquí van a cambiar muchas cosas, esto no va a seguir siendo como estabais acostumbrados'».

Náser dice que no pudo callarse. Se acercó al agente y le pidió que hablara al chico con buenas formas. En ese momento, relata el cura, tres o cuatro agentes se le echaron encima, le retorcieron los brazos a la espalda y le esposaron. También le golpearon la cabeza contra la furgoneta al meterlo dentro.

Allí, el mismo agente en el que se había fijado al comienzo del despliegue le desabrochó el hábito por detrás y, según su relato, le vejó, le insultó y se dirigió a él en términos obscenos.

Sujetándose los genitales le espetó: Me comes la polla, cristiano

El sacerdote narró que el soldado le dijo: «Que te jodan; a ti, a tu madre y a tu padre» y que sujetándose los genitales le espetó: «Me comes la polla, cristiano».

"Me usaron a mí para atemorizar al pueblo"

Fuera, la noticia corrió por teléfono: «¡Corred, que es el cura!». Llegaron vecinos cristianos y musulmanes, y la Policía soltó a los perros contra ellos. Un mando ordenó llevárselo antes de que «se montara un problema gordo».

Fueron agentes que lo conocen los que pidieron que lo soltaran: «¿Cómo habéis detenido al cura?». Un investigador le comunicó que había órdenes «de arriba» de dejarlo ir y le dijo que era la primera vez que su nombre aparecía en el sistema. Salió pasada la una de la madrugada.

La Policía israelí no ha respondido a las consultas de EFE. Al diario israelí Haaretz le aseguró que el sacerdote insultó a los agentes y se negó a marcharse pese a las órdenes, y que cualquier queja sobre su conducta será investigada. Náser prepara con un equipo de abogados una denuncia ante el Majash, un departamento que investiga a los policías.

El párroco, palestino-israelí oriundo de la localidad israelí de Nazaret -con un tercio de comunidad cristiana árabe-, está convencido de que su detención no fue un exceso puntual de un agente, sino un mensaje para todo su pueblo.

Para el sacerdote, esposar en público a la figura más reconocible de la comunidad cristiana de Yafa y amenazar con que en la ciudad «van a cambiar muchas cosas» era una forma de infundir miedo en el resto de vecinos.

Antes escondían el odio

El caso del párroco ha llegado a la política israelí. Mientras habla con EFE este martes, el rabino reformista y diputado Gilad Kariv, del partido Demócrata, entra en el salón de la iglesia para grabarse un vídeo con él. Según el sacerdote, su teléfono no deja de sonar desde hace una semana.

El odio ya existía, pero antes la gente tenía vergüenza de mostrarlo
Benjamin Netanyahu e Itamar Ben Gvir
Benjamin Netanyahu e Itamar Ben Gvir | Efe

Para Náser, lo que le pasó no se entiende sin el Gobierno de Benjamín Netanyahu y sus socios ultraderechistas, y no es por tanto un fenómeno nuevo.

«Es racismo. No nos engañemos. Vemos al Gobierno, a Ben Gvir, a (Bezalel) Smotrich (ministro ultra de Finanzas). No ha surgido ahora», dice.

«El odio ya existía, pero antes la gente tenía vergüenza de mostrarlo. Hoy ya no. El virus ha llegado aquí», agrega. 

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