Salvatore Cernuzio: “El rostro privado del papa Francisco no estaba alejado del público”
El periodista italiano publica Padre, un relato íntimo de su relación con el Papa un año después de su muerte
El próximo 21 de abril se cumplirá un año de la muerte del Papa Francisco, que falleció el Lunes de Pascua de 2025 a los 88 años. Para conmemorar esta efeméride, Salvatore Cernuzio, periodista de los medios vaticanos, publica Padre (Piemme), un relato íntimo de su relación privilegiada con el papa argentino, forjada durante años con encuentros en Casa Santa Marta, confidencias, risas, bromas y reflexiones profundas sobre la fe, la familia, el duelo y la Iglesia. “Este libro nació como un acto de agradecimiento a un hombre, un papa, que cambió la vida de todos y tocó el corazón de muchos”, explica el reportero italiano.
Pregunta. ¿Qué le impulsó a compartir con el público este testimonio tan personal del papa Francisco?
Respuesta. En realidad, no era mi intención hacer un libro. Nunca habría querido dar la impresión de querer hacer públicos aspectos y momentos que han sido, sobre todo, íntimos y privados. Pero las palabras de una colega fueron una inspiración. Me dijo: "Has vivido momentos únicos que pocos otros han tenido la oportunidad de vivir al lado del papa. Estas cosas debes escribirlas, porque mañana serás viejo y las olvidarás. Escríbelas para ti, escríbelas para transmitirlas a tus hijos". Entonces esbocé unas cuantas páginas de apuntes y vi que empezaba a tomar forma un relato. Continué y en dos semanas, de un tirón, ya estaba todo listo. Pensé que podía hacer bien compartir con mucha gente la grandeza del papa Francisco, cuyo rostro privado no estaba tan alejado del público.
P. El papa Francisco solía decir que las tres palabras clave para caminar en la vida son “permiso, perdón, gracias”. Usted relata que un instante antes de morir, agradeció al enfermero el vaso de agua que le pidió y le dijo que le disculpara por las molestias. ¿Cree que sus últimas palabras reflejan su coherencia vital?
R. Más que nada, están perfectamente en línea con su manera de ser: era una persona que valoraba a todos sus colaboradores, que no miraba a nadie con esnobismo y que tenía mucho interés en mantener pequeños gestos de cortesía, aprendidos de niño. Por ejemplo, siempre se levantaba cuando yo entraba en su apartamento. Tenía la rodilla dolorida, le costaba mucho en los últimos tiempos, pero siempre hacía un saludo de pie. O cuando volvíamos al garaje de Santa Marta después de visitas a parroquias y cárceles, él siempre esperaba a que todos los que lo acompañaban se fueran y después entraba él.
P. Usted, que lo conoció bien, cree que habría ido a Gaza y a Ucrania si hubiera tenido más tiempo?
R. Sé que había pedido ir a Turquía para celebrar los 1.700 años del Concilio de Nicea incluso en camilla, en cualquier condición; por tanto, seguro que ninguna enfermedad le habría impedido hacer esos viajes tan importantes. El problema eran los contextos: Gaza, con preocupaciones de seguridad al máximo nivel; Ucrania, porque deseaba ir a Kiev pero solo con la condición de ir también a Moscú. Y de Rusia no había recibido ninguna señal de apertura. Eso le había dejado muy dolido.
P. Muchas personas dicen que el papa Francisco les ha ayudado a acercarse más a la Iglesia. ¿Por qué cree que ha sido capaz de llegar al corazón de tanta gente?
R. Una de las grandes críticas contra él ha sido la de haber acercado a quienes estaban lejos de la Iglesia y haber alejado a quienes estaban cerca. Pienso que es una gran mentira, porque a muchos creyentes el papa les ha permitido dar un salto adelante, madurar en la fe, ampliar la mirada y entender que ser católico significa tener un sentido de universalidad; que hay una Iglesia también en la Amazonia; que también las vidas de los migrantes, los pobres y los ancianos solos son vidas que hay que defender; que valores cristianos son también cuidar de la tierra y mantener relaciones de fraternidad con otras religiones.
R. Después, además de eso, queda su carisma, su simpatía, sus gestos imprevistos, ciertas frases que se han hecho virales incluso entre los más jóvenes. Un papa que hoy algunos dibujan con pinceladas de idealismo y heroísmo, que habría sido capaz de hacer cualquier cosa. Es realmente hermosa la imagen que queda de Jorge Mario Bergoglio y espero que mi libro pueda servir para reforzarla y demostrar que aquel rostro público no estaba tan alejado del privado.
P. ¿Qué es lo más importante que ha aprendido estando a su lado?
R. Como creyente, a sentirme siempre amado y perdonado por Dios; como padre de cuatro hijos, a ponerlos a ellos como prioridad, a retrasar si hace falta un artículo pero sentarme en el suelo y jugar con ellos; como hombre, a "ir siempre hacia adelante". Es una frase que repetía a menudo; puede parecer banal, pero me ayuda mucho cuando me he sentido asfixiado por problemas pasados, angustias futuras o dificultades en el presente. "Adelante, siempre adelante, porque lo que ha pasado ya quedó atrás".